Corea se convierte en una pieza clave en la nueva política exterior de Moscú

Dibujado por Alekséi Iorsh

Dibujado por Alekséi Iorsh

Moscú pretende intensificar sus relaciones en la región de Asia Pacífico. Para ello debe diversificarlas, y China es el principal socio. El conflicto sin resolver en Corea es una de las principales preocupaciones del Kremlin, que ha dado pasos concretos para su pacificación: ha llamado a la reanudación de las negociaciones y ha propuesto la construcción de un gasoducto y un ferrocarril entre las dos Coreas.

El presidente de Rusia, Vladímir Putin, estuvo de visita en la capital de Corea, Seúl, los días 12 y 13 de noviembre por dos razones principales: la seguridad y la seguridad. No, no es una errata. Es la cruda realidad a la que se enfrenta Rusia en la región de Asia-Pacífico.

La primera razón tiene que ver con el conflicto entre las dos Coreas. No podemos olvidar que Corea del Norte limita por tierra con Rusia y que se encuentra muy cerca de una de las regiones más susceptibles (a nivel estratégico) del extremo oriental ruso: el litoral de la ciudad portuaria de Vladivostok.

Los estados coreanos se encuentran oficialmente en guerra. Concretamente, en este momento rige una tregua firmada el 27 de julio de 1953. La escalada de enfrentamientos y conflictos locales amenaza con perjudicar a la población de Rusia, con el cese de la comunicación por mar y aire, y con una oleada de refugiados. Esto como mínimo.

Los problemas derivados de esta situación podrían alcanzar una escala mucho mayor. El conflicto entre las dos Coreas —en el que EE UU se posiciona en el lado de Corea del Sur— empujó a Pyongyang a fabricar armamento nuclear y misiles capaces de transportarlo.

Corea del Norte realiza sus pruebas nucleares y lanzamientos de misiles a una distancia de entre 150 y 300 kilómetros de la frontera rusa, lo que insta a las fuerzas aéreas y de protección civil del país eslavo a mantener el estado de alerta. Y es que las consecuencias de su uso serían catastróficas para toda la región nororiental de Asia.

Por este motivo, los preparativos nucleares de Corea del Norte suponen una importante preocupación para Moscú, aunque no podría detenerlos unilateralmente. Putin volvió a confirmar en Seúl su postura ante esta cuestión y reclamó que se recupere la negociación a seis bandas sobre el problema nuclear de Corea del Norte (donde participan Corea del Norte, la República de Corea, Japón, EE UU, Rusia y China).

“Creo que, en este momento, la principal tarea pendiente consiste en desbloquear estas negociaciones, recuperarlas y eliminar todos los obstáculos que impiden poner en marcha el proceso. Si se plantean constantemente condiciones previas para iniciar las negociaciones, estas podrían no iniciarse jamás”, comentó Putin en una entrevista concedida la víspera de su visita a Seúl a la emisora surcoreana KBS.

Esto puede sonar como el mantra de turno, si no fuera por la situación que rodea a Siria —donde Rusia y EE UU han conseguido poner en marcha el proceso de destrucción del armamento químico— o por la repentina aceleración de las negociaciones sobre el ‘dossier nuclear’ iraní —en las que Rusia ha desempeñado uno de los papeles clave—.

Estos pasos, inesperados pero eficaces, están encaminados a reducir tensiones en Oriente Próximo y a mantener el régimen de no proliferación de armas de destrucción masiva, sobre el que se fundamenta el orden mundial actual. Es el momento indicado para extrapolar este enfoque a la península coreana.

Por otro lado, Putin debatió en Seúl sobre otras propuestas exclusivas de la parte rusa para facilitar el diálogo entre las dos Coreas.

“La colaboración trilateral no debería convertirse en un rehén de la política, sino más bien en un importante factor de unidad y reconciliación”, anunció en una rueda de prensa sobre las conclusiones extraídas de las negociaciones ruso-coreanas. Se refería a la colaboración en el ámbito del transporte y en el sector energético.

En cuanto a lo primero, la idea es recuperar el ferrocarril transcoreano y conectarlo con el Transiberiano. El presidente señaló que “no se trata solo de una iniciativa teórica” y que Rusia ya ha emprendido las medidas necesarias para su realización: Ferrocarriles de Rusia (RZhD) ha reparado un amplio tramo de la línea ferroviaria con destino a Corea del Norte, llegando casi a restaurarla por completo.

Al compartir con la nueva presidenta surcoreana, Park Geun-hye, la iniciativa ‘euroasiática’ para la creación de una red de transporte unificada —que comunique las dos Coreas, China, Rusia y Asia Central—, Putin subrayó que se trata de una iniciativa 100 % rusa.

En cuanto a lo segundo: se propone el trazado de un gasoducto que parta de Rusia y atraviese la península coreana. La idea de instalar una válvula en el tramo en manos de los norcoreanos que lleva a Corea del Sur es bastante arriesgada. Sin embargo, si funciona, supondrá un paso de confianza entre el norte y el sur, lo cual desplazaría la amenaza del conflicto. Seúl no ha descartado la idea, que se ha incluido en un comunicado conjunto, aunque sin duda habrá que sopesar todas las implicaciones.

Cabe destacar que, llegados a este punto, las cuestiones relacionadas con la seguridad en el marco del conflicto coreano se solapan levemente con las de la seguridad de Rusia en general.

Las propuestas de Putin para la constitución de un programa de cooperación económica, así como los acuerdos económicos firmados en Seúl, se presentan en el marco de la doctrina del regreso de Rusia a la región Asia-Pacífico—anunciada el año pasado en Vladivostok—, que conlleva la creación en Siberia de un corredor entre Europa y Asia, y el desarrollo de infraestructuras energéticas en el extremo oriente ruso para suministrar petróleo y gas a grandes consumidores como China, Japón y Corea del Sur.

Putin pretende reavivar una región actualmente deprimida como la de Siberia (de la cual la potencia de Rusia depende más que de los misiles nucleares) mediante la colaboración internacional.

De momento, se está sopesando la posibilidad de que China se consolide como socio principal, aunque Moscú está claramente orientado a la diversificación.

“Uno de los socios habituales es China, lo cual es positivo. Pero no es posible avanzar si nos centramos en una única vertiente, sino que conviene reforzar la diplomacia ruso-asiática en otras direcciones”, señala el vicedirector del Instituto de Estudios sobre el Extremo Oriente de la Academia de las Ciencias rusa, Serguéi Luzianin. “Corea del Sur y Vietnam constituyen una opción óptima para la mencionada diversificación de la política ruso-asiática”.