Libertad no es sinónimo de liberalismo

Dibujado por Julia Platónova

Dibujado por Julia Platónova

Desde comienzos de la década de 1990 Rusia, por lo general, cuenta con su propia comunidad liberal ilustrada: está construida en el mundo político, financiero, un sistema bancario en calidad de socio y no es el centro de fuerza que se contrapone a toda la humanidad civilizada.

En Rusia aparecieron las llamadas libertades liberales: cualquier persona (con medios) se traslada libremente por el país y más allá de las fronteras, existen cientos de medios de comunicación bastante independientes: por lo menos, los rusos tienen la posibilidad de recibir una tonelada de información comprometedora sobre cualquier hombre de Estado con tan sólo cinco minutos de búsqueda en la Red, los habitantes de la Federación de Rusia, los invitados en nuestro país tienen la posibilidad de abrir cualquier negocio, siempre que se ajusten en la ley, disponer libremente de dinero ganado aquí y de incluso llevárselo fuera del país para fines puramente personales.

Es accesible cualquier literatura y música, hay cine independiente e incluso un teatro más independiente. Aparecieron clínicas privadas, universidades privadas y escuelas y cientos de otras empresas e instituciones que brindan otros servicios privados: la competencia en la esfera de los servicios públicos es evidente.

Si se analiza más de cerca, es poco probable que alguien se atreva a afirmar que Rusia, como país liberal, se distingue fundamentalmente de otro, sólo tiene que elegir la vía liberal de desarrollo de los países, entre los que se puede nombrar Hungría, Rumanía, Polonia, Turquía, Ucrania o Chequia.

Los liberales ilustrados rusos, además, prefieren centrarse en países como Suiza, aunque no está muy claro qué precisamente en el sentido nacional, histórico o geográfico nos acerca tanto para que podamos heredar los éxitos de este país realmente confortable. ¿Por qué nos percibimos en calidad de un modelo más accesible a nosotros de realización de reformas liberales de países como Grecia, Italia o España, con su inminente colapso económico y un sinfín de problemas sociales irresueltos?

Bueno, sí, tenemos un alto nivel de corrupción. Pero todavía hay un montón de países liberales típicos con abismales niveles de corrupción.

Bueno, sí, tenemos presos políticos, entre ellos mis camaradas que profesan, por cierto, opiniones antiliberales. Pero ¿acaso creéis que en otros países liberales a los participantes de acciones antiliberales los instalan enseguida en el Parlamento y no, por ejemplo, en la cárcel?

Bueno, sí, tenemos problemas aislados en los medios de comunicación, incluso se ven obligados a despedir a algunos periodistas, pero en el mundo liberal también hay temas tabú e incluso hay periodistas presos en la cárcel por violar estos tabúes en auténticos presidios.

Esa tierra mágica llamada Estados Unidos nunca dejará de ser un centro de liberalismo dependiendo de quién tenga el poder, los cariñosos demócratas o los severos republicanos: los fanáticos de la Biblia y de las armas automáticas.

Nuestro presidente está rodeado de un equipo liberal y casi cada uno todo el mundo que se le acerque hipotéticamente puede ser participante de un mitin en la plaza Bolótnaya, teniendo en cuenta que él mismo también  está a favor de los valores liberales.

A Rusia sólo le queda dividir el parlamento en republicanos y demócratas e irse alternando en el poder, tras hacer un pacto de no agresión. ¡Por lo demás, también llegarán a ello! Pero yo no quiero que lleguen a ello. Yo no quiero vivir en vuestro liberalismo.

A todos nosotros, liberales y antiliberales, nos faltan tribunales honestos y rampas para inválidos, un sistema de elecciones que funcione y una policía normal, seguridad social y medicina normal, pero ¿quién ha dicho que todo esto sean indicios del liberalismo?

Los liberales se han convencido sinceramente de algunas cosas muy ridículas.

Que el país que vive a expensas del petróleo y el gas (conquistado, a propósito, a consecuencia de no de la política profundamente liberal del Estado ruso) vive gracias al trabajo incansable de los liberales y deberían estar agradecidos por ello.

Todo lo bueno en el mundo (libertad, dulces, vinos, elecciones, buenas novelas, helado, flores, minifaldas) es liberal y todo lo malo (guerra, cárcel, emigración, cine patriótico, botas de lona) es antiliberal.

No se trata de esa guerra, falta de rampas, infracción basada en la nacionalidad y cine ultrapatriótico, que todas echan raíces en los países liberales, mientras que en China hacen sólo la industria automotriz que envidias, en Cuba se celebran desfiles gais y ruedan un cine obsceno. Sobre algunos de los logros de la Unión Soviética generalmente guardamos silencio.

Libertad no es sinónimo de liberalismo. A menudo la libertad es antónimo de liberalismo; son las paradojas filosóficas. El fundamento económico, además, no es sinónimo de liberalismo. La independencia estatal no es definitivamente sinónimo de liberalismo: echad una mirada alrededor y lo entenderéis. 

Zajar Prilepin es escritor. En español se ha publicado su novela 'Patologías', editorial Sajalín.

Artículo abreviado. Versión completa en ruso en SV Pressa.