¿Por qué Putin recibe índices de aprobación tan altos?

Dibujado por Serguéi Yolkin

Dibujado por Serguéi Yolkin

Los altos índices de popularidad del presidente de Rusia, Vladímir Putin, se mantienen altos, sobre todo en comparación a los líderes occidentales. Esto se debe a los arquetipos construidos en Rusia más que al desarrollo del país.

Existen distintos tipos de conciencia política que cambian según la cultura. Rusia también ha construido a lo largo de la historia su propio tipo, que posee tres dimensiones: los “nobles”, el “pueblo” y el “zar”. Evidentemente, no se trata de zares ni nobles medievales, sino de arquetipos arraigados en el imaginario colectivo. Las relaciones entre el pueblo y los nobles siempre han sido conflictivas. El pueblo siempre ha odiado a los “nobles traidores” y los nobles siempre han despreciado al pueblo.

La lucha entre estas dos partes de la historia rusa siempre se ha llevado a cabo en nombre del zar. Ha habido zares “del pueblo” y “de la nobleza”. Las más de las veces el zar ha logrado mantener el equilibrio. Si el zar se ponía de parte del pueblo, los nobles lo calificaban de tirano. Por otra parte, cuando el soberano favorecía a la nobleza, perdía la legitimidad entre el pueblo, que lo trataba de usurpador.

Veamos ahora estos arquetipos a través del prisma de los índices de popularidad de Vladímir Putin. No cabe duda de que la percepción del pueblo de su política se basa en gran medida en la mitología rusa del poder más que en cálculos pragmáticos de aumento o reducción del presupuesto económico.

El índice de aprobación de la actividad de Putin, a juzgar por los últimos resultados publicados de la encuesta del Levada Center, sigue siendo bastante alto: un 64 % de los encuestados aprueba la actividad de Putin, un 35 % no la aprueba, de modo que hay un diferencial del 29 % a favor del presidente ruso. Aunque después del máximo obtenido en 2008 (un 70%), este índice lleva cinco años a la baja. El primer descenso se registró ya en 2005. Fue una bajada temporal debida a la reforma de monetización de los beneficios iniciada por Putin.

El descenso prolongado que comenzó en 2008 encuentra su causa en el enroque que tuvo lugar en el puesto de presidente con Dmitri Medvédev. Este paso, que al cabo del tiempo resultó ser muy eficaz, ha sido percibido a nivel popular como un error.  Después de esto, el presidente no ha conseguido recuperar su anterior nivel de apoyo entre la población.

Si comparamos la dinámica del índice de aprobación de la actividad de Putin con la del crecimiento del PIB y de los ingresos reales de la población descubriremos que no existe ninguna conexión entre ellas. El aumento más notable de la aprobación de la actividad de Putin en porcentaje se registró en 2006: alcanzó el 133,1 %. La mayor caída de todas tuvo lugar en 2011: un 66,5%. Al mismo tiempo, los ritmos más altos de crecimiento económico tuvieron lugar en 2007, y los más bajos en 2009. El factor material, sin duda, influye en la percepción que el pueblo tiene del jefe del Estado, pero no de modo determinante.

Es revelador comparar el índice de aprobación de la actividad de Putin con el de la valoración de la situación en el país. En comparación con el alto nivel de confianza del pueblo en el presidente, los mismos encuestados estiman que la situación general del país es crítica.

En la actualidad, según el Levada center, el índice de valoración de la situación en el país se encuentra por debajo del 0: Rusia saca una nota de -3. La mayoría de los rusos opina que el país avanza por un camino equivocado, aunque sigue confiando en el presidente. ¡Menuda paradoja! Esto sólo se puede explicar tomando como ejemplo el modelo tradicional ruso de distinción de la imagen del jefe del Estado de la de la élite gobernante.

La culpa de todos los problemas recae históricamente sobre los “nobles”, nunca sobre el “zar”.

'Es más, hay quien cree que algún día el “zar” exterminará a toda la nobleza. Según estos arquetipos, los índices de popularidad del presidente también se basan principalmente en activos intangibles.

Es de vital importancia para el jefe del Estado cumplir con este ritual político nacional. Si esto sucede, la relación de confianza hacia quien ostenta el poder está garantizada. Pero en cuanto el jefe de Estado sale de este ritual, pierde su legitimidad, se pone la máscara del “usurpador”.

Hasta el momento, Putin ha logrado mantener todo el ritual político como soberano. Sin embargo,  a juzgar por los cambios en el índice de confianza en el presidente, empieza a crearse una demanda para que se den manifestaciones más activas de poder por parte del presidente. 

Vardan Bagdasarián, director adjunto del Centro de Ciencias del Pensamiento Político e Ideologías.