La fortaleza de Putin y la debilidad de otros líderes mundiales

Dibujado por Niyaz Karim

Dibujado por Niyaz Karim

El hecho de que la redacción de la revista estadounidense 'Forbes' haya decidido nombrar a Vladímir Putin el hombre más influyente del mundo en 2013 ha sido resultado de una combinación de factores.

Es difícil decir hasta qué punto tienen razón los expertos que afirmaban que la causa del éxito de Putin era su estatus como político con mayor autonomía del mundo, dada su capacidad de decidir por sí mismo qué quiere decir y hacer en cada momento. Sin embargo, esta independencia, que no se ve respaldada por resultados tangibles en la escena internacional, no puede ser la única razón por la que ha sido merecedor del primer puesto en el ranking de las personas más poderosas del mundo.

La primacía del mandatario ruso en la lista obedece, en primer lugar, a la debilidad evidente de quien la encabezó el año pasado: el presidente de Estados Unidos, Barack Obama. En 2013, el líder de la Casa Blanca vio como las negociaciones con el Congreso durante la crisis presupuestaria desembocaban en un punto muerto y Estados Unidos se asomó peligrosamente a la suspensión de pagos. Su papel como impulsor de las negociaciones entre Palestina e Israel tampoco ha resultado demasiado eficaz y no ha logrado ningún avance en la búsqueda de una solución a la crisis siria.

Entretanto, Moscú sí consiguió convencer al presidente sirio Bashar al-Asad de que renunciara a las armas químicas y permitiese su completa destrucción bajo la supervisión de la ONU.

Probablemente también ha desempeñado un papel clave el hecho de que los otros candidatos a ser distinguidos como políticos más influyentes del mundo se hayan visto debilitados en la recta final del año o estén ocupados en cuestiones internas. La canciller alemana Angela Merkel, que habría podido disputarle el primer puesto a Putin, ha invertido la mayor parte de esta temporada política en las elecciones parlamentarias. Su partido resultó vencedor pero se reveló incapaz de formar gobierno.

Otro posible contendiente en la pugna por el primer puesto de la lista Forbes, Xi Jinping, jefe de Estado de la República Popular de China desde marzo de 2013, ha invertido la mayor parte de la temporada política en la reestructuración de la maquinaria estatal y se ha quedado relegado en la sombra, sin promover iniciativas en materia de política exterior de alto nivel.

Así, la primacía de Putin ha aflorado de un modo natural en medio del debilitamiento de sus "competidores", si es que se puede aplicar un término tan polémico para designar a los dirigentes de la política mundial. De hecho, desde el punto de vista del Kremlin, la jerarquía artificial aplicada por Forbes entre los líderes mundiales en cuanto a cuál es su influencia contradice los principios fundamentales de la política exterior rusa: la formación de un mundo multipolar.

El éxito de Putin en la lista Forbes puede interpretarse no sólo como la victoria de un líder sobre otros, sino más bien como la valoración positiva que los encargados de confeccionar la lista, de nacionalidad norteamericana, han dado a la política exterior rusa, basada en el respeto al derecho soberano de otros Estados a tener su propio punto de vista en relación con los procesos que se desarrollan en el mundo.

Otro factor que ha catapultado a Putin a la cima de la lista ha sido el extécnico de la CIA Edward Snowden. Su material incriminatorio contra la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos ha originado una crisis de confianza hacia este país, desconfianza que ha cundido también entre sus aliados de la OTAN. Los documentos filtrados por Snowden han obligado a muchos países y organizaciones internacionales a acusar a Estados Unidos de vigilancia excesiva e intromisión en la vida privada de los ciudadanos.

El escándalo que ha estallado en torno a las revelaciones de Snowden sin duda ha debilitado la influencia de Obama en el mundo, pues forzó al Presidente de Estados Unidos a reconocer públicamente que la actividad de los servicios secretos no se corresponde totalmente con los principios estadounidenses.

En este contexto, la política interior y externa del Presidente ruso se ha percibido como más coherente y constructiva. Por este motivo, para los compiladores estadounidenses de la lista Forbes, este 2013 Vladímir Putin ha resultado ser el candidato perfecto para ostentar el primer puesto en el ranking de los líderes más influyentes en el mundo.