Volver a ser una gran potencia

Dibujado por Alexéi Iorsh

Dibujado por Alexéi Iorsh

En Rusia, la ideología de Estado está prohibida por la Constitución. Esta prohibición constitucional acabó con la utilización de una ideología como sinónimo del concepto de ‘idea nacional’. El llamamiento de Putin a reformular la idea nacional no es nuevo para la Rusia postsoviética. Yeltsin ya planteó tal misión en 1996. Lo nuevo es comprender que esta ideología deberá ser aceptada por los rusos. El discurso de Putin en la reunión del club Valdái apuntó hacia la intención de las autoridades de llevar a cabo un cambio ideológico.

Anteriormente, la ideología de la Federación de Rusia se había expresado mediante una fórmula directa: "Rusia, un gran país europeo", en consonancia con la orientación histórica general de los occidentalistas rusos. Tanto Gorbachov, como Yeltsin, Medvédev, y Putin al principio, fueron occidentalistas. Incluso en el entorno de las élites postsoviéticas, las ideas de convergencia eran populares y se discutían a puerta cerrada. El porvenir del país se vislumbraba en la integración de la alta tecnología de Occidente. La nueva unidad geopolítica se concibió con la unión de Rusia al ‘Norte pudiente’. Sin embargo, el deterioro de las relaciones con los Estados Unidos a finales de la presidencia de Yeltsin (el bombardeo de Yugoslavia) forzó una corrección en los planes estratégicos. En lugar de un Occidente integrado,  el poder político ruso empezó a hablar de una Europa integrada. Y en ella, Rusia no se imaginaba como una simple parte integrante de la misma, sino como potencial líder del mundo europeo unido. 

 Gorbachov: desde fuera y desde dentro

Conforme a esta ideología, la principal meta de la administración del gobierno, en la práctica, era demostrar el progreso de Rusia en su reforma para adaptarse a los estándares occidentales. De ahí el uso activo de la retórica liberal. Su objetivo era convencer a Occidente de que Rusia se asemejaba en valores. Con el mismo propósito, se aceptaron los proyectos adecuados. Los ejemplos más notables en este sentido son la reforma de las instituciones educativas de Rusia de acuerdo con el modelo de Bolonia y la introducción de instituciones relacionadas con el derecho de los menores. No obstante, durante las elecciones presidenciales de Rusia en 2012, se hizo evidente que el proyecto ideológico "Rusia, un gran país europeo" no se había desarrollado plenamente. 

Su fracaso vino determinado por varios factores : 

1) Europa y el más amplio Occidente no aceptaron a Rusia en su comunidad, y de hecho, se niegan a reconocer su civilización como igual.

2) Las reformas al estilo occidental en Rusia no han prosperado, suponiendo esto la destrucción del antiguo sistema de convivencia, pero sin crear uno nuevo.

3) La mayor parte de la ciudadanía no acepta la ideología del occidentalismo. El rechazo por parte de Occidente se debe a las ambiciones imperiales y aspiraciones a gran potencia que Rusia aún conserva (neoimperialismo de Putin). 

Ante la élite que había adoptado la idea del "gran país europeo", apareció una bifurcación. Se trataba de elegir entre la gran potencia rusa y la Rusia europea. La necesidad de dicha elección supuso una escisión entre la élite. Putin ha optado por convertirse en la gran potencia, cosa que se apreció claramente en el discurso del presidente en Valdái. 

Esta elección no está fuera de lo común. Si existe un proyecto para los grandes Estados Unidos de América, para Gran Bretaña (como se fijó ya en el nombre oficial del Estado), para la gran China ("el Reino Medio"), luego tiene que existir, obviamente, un proyecto para la gran Rusia. 

La adopción del concepto de “gran poder” requiere la correspondiente demostración del alcance de dicha grandeza, y muchos proyectos del período de Putin se centran en reflejar esta grandeza digna de una potencia internacional.

Según la lógica de los grandes poderes, hay que ser grande en todos los ámbitos estatales: poseer gran capacidad tecnológica (un proyecto de tren de alta velocidad, un proyecto de sistema global de navegación por satélite, la lucha por ser anfitrión de la Expo 2020); contar con un gran ejército (que en 2013 realiza las mayores maniobras militares desde los tiempos de la URSS); llevar a cabo grandes obras de construcción (el puente que une Vladivostok con la isla Russki); desarrollar grandes proyectos científicos (la creación del parque de innovación Skólkovo, descrito como la analogía rusa al Silicon Valley norteamericano); edificar gran arquitectura (en la era Putin, se han construido ocho de los principales edificios de la Federación de Rusia, y entre ellos el más alto de Europa: el rascacielos Mercury City Tower, de 338, 8 metros de altura, al que en un futuro superarían las proyectadas Torre de la Federación, de 385 metros y el Centro Lajta, de 463, 7 metros; conservar la grandeza de las religiones tradicionales del país (en el período postsoviético se erigieron las mayores sedes de las religiones tradicionales de Rusia: la Catedral del Cristo Salvador, de 103 metros, que representa la confesión ortodoxa; seis de las mezquitas más altas de Europa, incluyendo la mezquita principal de Nizhnekamsk, la mezquita del Corazón de Chechenia en Grozni y la de Kul Sharif, en Kazán, en representación del islam; y el mayor templo budista de Europa, la Morada de oro del Buda Shakyamuni); preservar una gran cultura (se inaugura la Biblioteca Presidencial, en honor a Yeltsin, que ha celebrado ya una serie de aniversarios históricos por todo lo alto); lograr una gran competitividad a nivel deportivo (la celebración de la Universiada de Verano en Kazán, donde se consiguió un récord absoluto de medallas conquistadas por una nación; la celebración de los Juegos Olímpicos de Invierno en 2014 y de la Copa Mundial de la FIFA en 2018); y mantener gran estatus geopolítico (la reintegración postsoviética en el marco de la Unión Aduanera de la Comunidad Económica de Eurasia). 

Putin ya reveló la razón de ser de todos estos carísimos proyectos en su interpretación del concepto de idea nacional en 2004: "Ser competitivos en todo". Al igual que las marcas comerciales, presentando proyectos que representen el gran poder de Rusia. Sin embargo, muchos de estos proyectos se realizan al margen de las necesidades del propio país.

No solamente no sirven como motores de desarrollo, sino que explotan la economía rusa y aumentan las disparidades de desarrollo. Contribuyen a un modelo de zonas de enclave de la prosperidad que conviven en un sistema general de estancamiento. Y sobre esta base no se puede construir un país soberano. En consecuencia, hay que esperar a la próxima etapa de búsqueda de la idea nacional de Rusia. Descubrirla en base a la identidad nacional, tal y como mencionó Putin en Valdái, es clave para un nuevo sistema de progreso en Rusia. 

Vardán Ernestóvich Bagdasarián es Doctor en Historia, profesor y director adjunto del Centro de Ciencias del Pensamiento Político e Ideologías.

Todos los derechos reservados por Rossiyskaia Gazeta.