Los expertos de la ONU contribuirán a la guerra informativa en torno a Siria

Dibujado por Alekséi Iorsh

Dibujado por Alekséi Iorsh

Expertos de las Naciones Unidas llegan al país árabe con la misión de confirmar o refutar el hecho del uso de armas químicas y dilucidar quién pudo utilizar sustancias de combate tóxicas. A la vista de los acontecimientos, las consecuencias de su investigación tendrán importantes consecuencias políticas.

El grupo de expertos de Naciones Unidas llegó a Siria y empezó a trabajar en el sitio de los supuestos ataques químicos. Está prevista que la misión dure dos semanas pero se podría alargar si es necesario. En primer lugar los expertos de la ONU, encabezados por el científico sueco Oke Selstrem, tienen que visitar las afueras de Aleppo, Khan-al-Asal, donde, según datos oficiales, el 19 de marzo pasado como resultado de un ataque químico murieron 26 personas y 86 sufrieron intoxicaciones de distintos grados.

Anteriormente los expertos de la Federación de Rusia ya analizaron muestras, tomadas en Khan-al-Asal, y llegaron a la conclusión que fueron los rebeldes los que emplearon armas químicas.

Postura rusa sobre el ataque con armas químicas

El portavoz del Ministerio de Exteriores ruso, Alexander Lukashévich, declaró que las informaciones sobre el uso de armas químicas por parte del régimen sirio del presidente Bachar al Asad parecen un sabotaje planificado. "No es casual que filtraciones sobre el uso de armas químicas por las autoridades (sirias) ya tuvieran lugar antes, también en los últimos días y atribuidas a ciertas fuentes de la oposición, aunque luego no se confirmaran. (...) A favor de esta versión está que el ataque criminal a las inmediaciones de Damasco fue perpetrado justo en el momento cuando la misión de expertos de la ONU inició con éxito su trabajo" 

Prestaron atención al hecho que se utilizó el misil no dirigido de fabricación casera “Bashair-3” como medio para expandirlas. Este tipo de mísiles los fabrica uno de los grupos relacionados con el Ejército de Liberación Sirio. Además de gas sarín, el misil estaba cargado con explosivo de gas ciclotrimetil enetrinitamina que no se utiliza en las armas químicas estándares. Cabe destacar, que la propia substancia tóxica no contenía estabilizantes químicos, indispensables para su conservación a largo plazo, es decir que es poco probable que procediera del arsenal del ejército.

El incidente en Khan-al-Asal parece más una torpe provocación. Tanto más que para las autoridades oficiales de Siria semejante acción parece una estupidez imperdonable.

El efecto militar de un ataque así es muy dudoso pero tuvo una repercusión negativa en los medios de comunicación internacionales. Si Assad decidiera que no tiene nada que perder y efectivamente empezara a exterminar a la oposición con la ayuda de gas, esto se parecería más a la operación “Al-Anfal” en Irak, cuando por orden de Saddam Hussein se aniquilaron miles de kurdos.

Podría pensarse que la tarea de la misión de la ONU es simple: confirmar o refutar el hecho del uso de armas químicas y dilucidar quién pudo utilizar sustancias de combate tóxicas. Sin embargo, las conclusiones de los expertos podrían tener consecuencias políticas de gran alcance. Precisamente la referencia al uso de armas químicas por parte de las tropas gubernamentales dio un pretexto a Estados Unidos y a sus aliados occidentales a anunciar que el régimen había cruzado una “línea roja” y a empezar a prestar ayuda militar a la insurgencia abiertamente.

Está claro que aunque los expertos apoyen la versión rusa de los hechos, es poco probable que los legisladores norteamericanos revisen la decisión de prestar ayuda militar. Las grandes potencias no actúan así. Sin embargo, esto puede influir en la opinión pública norteamericana que está en contra de una intervención a gran escala en la crisis siria. Las conclusiones de los expertos de la ONU se convertirán en un argumento más para aquellas fuerzas en EE UU y Europa que no quieren que se les arrastre a un conflicto desprovisto de sentido que de momento ha proporcionado algunos réditos únicamente a los radicales islamistas.

Mientras tanto, el transcurso de los acontecimientos en Siria depende de la postura de las fuerzas exteriores. Una crisis creada artificialmente no puede continuar sin la ayuda del extranjero. Sin la ayuda financiera, militar y armamentista de Occidente y de los países del Golfo Pérsico la oposición se asfixiará en un par de meses. Por otra parte, podría suceder lo mismo con el gobierno de Assad que recibe ayuda de Irán y de Rusia.

Ahora cada vez más se cuestiona si hay que continuar prestando ayuda desde el exterior. EE UU se da cuenta de que en Siria no habrá una victoria rápida como en Libia, de que la guerra sale cara y de que se augura la victoria precisamente de las fuerzas que no son leales a Occidente. Parece que Obama ya estaría contento de lavarse las manos, pero no sabe cómo hacerlo, sin poner en peligro el prestigio internacional de América.

Arabia Saudí también se está poniendo nerviosa. Según algunas informaciones, Riad, a través del príncipe Bandar, intentó acordar con el Kremlin las condiciones del cese de la guerra y según otros, quería sobornar a Moscú con promesas de créditos y contratos para la compra de nuevas partidas de armamento. Se necesitan recursos también para mantener la estabilidad en Egipto, cuyo colapso amenaza en desestabilizar seriamente a la región.

Por lo demás, nadie obliga a Obama a renegar públicamente de la oposición siria. Es suficiente suspender el suministro de dinero. Entonces crecerá automáticamente la carga para el resto de patrocinadores. Y en el contexto de vacilación y negociaciones entre bastidores la salida del juego aunque sea de un solo patrocinador puede provocar el efecto dominó.

Nikolái Surkov, docente de la cátedra de estudios orientales del Instituto Estatal de Moscú de Relaciones Internacionales.

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