Una segunda ola de revoluciones amenaza al mundo árabe

Dibujado por Alekséi Iorsh

Dibujado por Alekséi Iorsh

El análisis de la situación en los países árabes suele estar polarizado: autoritarismo frente a democracia; secularismo frente a islamismo. Pero la esencia del problema está en cosas mucho más tediosas y complicadas. Tanto Túnez como Egipto se encuentran con problemas socioeconómicos de gran magnitud. Y únicamente su solución permitirá crear un sistema político algo más estable.

El último golpe de Estado en Egipto puso a la comunidad internacional en una situación incómoda. Occidente, incluyendo a Rusia, no se esperaba las revoluciones del año 2011, pero las apoyó confiando en las consignas democráticas que se gritaban en la plaza Tahrir. Más tarde hubo que confiar también en la tendencia de los partidos islamistas. Y ahora de nuevo vemos un cambio y volvemos a encontrarnos en un callejón sin salida: si Mohamed Morsi ha sido un presidente electo democráticamente, habría que defenderlo, pero parece ser que no existe el deseo ni las fuerzas para defenderlo.

Pero no es nada grave, ya encontraremos frases correctas y citas interesantes para demostrar que un golpe de Estado es simplemente otra forma de expresión democrática del verdadero sentir del pueblo. Necesitamos esta fórmula como el aire que respiramos, porque es perfectamente probable que este golpe de Estado no sea el último: Egipto tiene unos problemas socioeconómicos demasiado complejos, la población tiene unas expectativas demasiado altas, y la sociedad está demasiado polarizada.

El peligro del colonialismo moderno consiste en que se trata de un colonialismo intelectual. El principal recurso que la metrópolis extrae de la colonia son cerebros humanos. El déficit intelectual producido como resultado no permite a estos países encontrar soluciones creativas a los problemas socioeconómicos.

Pero esta fórmula es necesaria por otra razón: también es muy probable que Egipto haya sido el comienzo de una segunda ola de revoluciones, y que ahora sea el turno de Túnez, donde cada vez se oyen más a menudo las exigencias de disolución del gobierno liderado por el partido islamista Al-Nahda.

Los acontecimientos de los últimos meses dan a entender claramente que en Túnez cabe esperar una repetición de lo ocurrido en Egipto. No es casualidad que la dimisión de Rachid Ammar, el mismo general que el 14 de enero de 2011 expulsó a Ben Ali y se ganó el amor del pueblo, haya tenido lugar en un momento en el que en Catar cambiaba el poder y en Egipto comenzaba a ganar fuerza el movimiento antiislamista.

Aunque parece ser que ni esta dimisión, tras la cual ha crecido la actividad terrorista , ni todos los eventos derivados de ella, van a desembocar en una marcha militar como la que vimos en Egipto. En Túnez existen varios escenarios posibles. 

Obra polifónica expresionista

El general Ammar tenía diferencias con el primer ministro. El aumento de la actividad terrorista era perfectamente previsible. Y la polarización de la sociedad era evidente, del mismo modo que lo era el descontento de una aplastante mayoría de la población con el nuevo gobierno. Y entonces se produjo el golpe de Estado en Egipto, lo cual encendió los ánimos. Pero el temor ante una posible guerra civil obliga a todos los implicados a ser más responsables y moderados ante sus electores: y entonces vemos a Rashid al-Ghannushi proponiendo un referéndum para conseguir la paz nacional. 

Concierto para muecín con orquesta militar

Los “halcones” islamistas podrían optar perfectamente por la vía de la dictadura. Para conseguir esto deberán hacerse con el control de una parte significativa de los negocios (como la importación de alimentos), de la administración (en dos años se ha contratado a varios miles de funcionarios a nivel local) y de las estructuras de poder, sobre todo la policía y los servicios secretos. Además, deberán apañárselas con el ejército (desde luego, no tan importante como el de Egipto, pero con un general muy popular al que les será imprescindible eliminar). Después de esto, si no se logra mantener el poder de forma pacífica, con el pretexto de la lucha contra un creciente terrorismo podrían imponer la ley marcial y dejar la cuestión del final del periodo de transición y las elecciones para tiempos mejores. 

Tango para general y liberal

Este escenario es el opuesto al anterior. El modelo egipcio y el descontento de la sociedad son capaces de llevar a las fuerzas seculares que intentan medrar en el ejército a pasar a la acción. En una situación así, Rachid Ammar podrá convertirse en el perfecto líder de las fuerzas opuestas a Al-Nahda.

El defecto del concierto y del tango se encuentra en el hecho de que el arreglo de ambas piezas exige una comprensión de las preferencias de las estructuras de poder, y al parecer nadie es capaz de alcanzar este nivel de comprensión.

Sin embargo, si la segunda opción es plausible, el mejor momento para llevar a cabo el golpe islamista podría haber sido el ramadán, que acaba de finalizar. Si parece mejor la tercera vía, puede que para realizarla las fuerzas seculares no posean los instrumentos necesarios o la voluntad política y en los asuntos que en Egipto decide el ejército, en Túnez habrá que contentarse con la presión callejera e inacabables negociaciones con el poder.

Existe también una cuarta opción que encierra las tres anteriores.  

Freestylesangriento

Las élites políticas están indefensas ante la presión en las calles. La oposición tendrá que intentar derrocar al régimen, Al-Nahda se verá obligada a unirse con los yihadistas. Estoprovocaráunaguerracivil.

De todos modos, sea cual sea la pieza que oigamos finalmente, ahora a nosotros, los espectadores, nos hace falta tomar clara conciencia de que nuestro oído se ha ido acostumbrando a las melodías del despertar árabe. Nosotros siempre jugamos con dos antítesis: autoritarismo frente a democracia; secularismo frente a islamismo.

Todos ellos nos impiden escuchar el tema principal. La esencia del problema está en cosas mucho más tediosas y complicadas. Tanto Túnez como Egipto se encuentran con problemas socioeconómicos de gran magnitud. Y únicamente su solución permitirá crear un sistema político algo más estable.

Para poder comprender estos problemas se puede aplicar la lógica neomarxista. Lo que tenemos entre manos es una lucha de clases junto a una lucha anticolonial.

El principal recurso del que carecen estos países, porque son llevados a la colonia, son jóvenes formados. Este déficit provoca que sea mucho más difícil encontrar soluciones a los problemas socioeconómicos.

Y esto llevará a que en la escena política estén tocando músicos que deberían haberse retirado hace tiempo: la lucha política en el Túnez moderno (y en parte también en Egipto) es una lucha entre viejos: la antigua élite, llamada fuerzas seculares, y la antigua contraélite, llamada islamistas. Tanto unos como otros se encuentran verdaderamente alejados de la población, de sus problemas reales y de la realidad en sí.

Una victoria del caos y la violencia no hará más que aumentar este déficit de cerebros, llevará a que la solución de los problemas sea del todo imposible, y nosotros nos veremos obligados a escuchar estas melodías interminables presuntamente revolucionarias. 

Vasili Aleksándrovich Kuznetsov es profesor de la Universidad Estatal Lomonósov de Moscú y colaborador científico del Instituto de Estudios Orientales de la Academia Rusa de Ciencias.

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