Conflictos étnicos y diversidad nacional: Rusia en la encrucijada

Dibujado por Serguéi Yolkin

Dibujado por Serguéi Yolkin

El país alberga numerosas nacionalidades que conviven desde hace siglos en un mismo territorio. Los conflictos étnicos surgen de la manera más inesperada y son una cuestión que el Estado no puede ignorar.

La política relacionada con las diferentes comunidades nacionales de Rusia es uno de los problemas más difíciles del país. Los conflictos étnicos aparecen de forma impredecible en cualquier lugar, y en ocasiones acarrean revueltas, como se ha podido comprobar en los recientes incidentes en la ciudad de Pugachov, en la región de Sarátov. 

Hasta la fecha la experiencia más cercana ha seguido la línea heredada de la Unión Soviética. Entonces la política establecía que la cuestión de la nacionalidad era secundaria y era la lucha de clases lo que quedaba en primer plano. La fórmula era la siguiente: las repúblicas nacionales de la URSS lo eran sólo en forma, ya que en realidad eran socialistas. Obraba el principio de "la amistad de los pueblos" y la solidaridad de clase. Se consideraba que la cuestión nacional solo se podía resolver plenamente mediante el socialismo. 

A principios de julio una pelea callejera en Pugachov desembocó en un un conflicto étnico. Entonces distintas fuerzas políticas comenzaron ofrecer sus soluciones. En particular, el Frente Popular Panruso propone la creación de un centro especial de seguimiento de los procesos étnicos y la migración, que debería supervisar tanto los conflictos como estudiar las condiciones previas para poder tomar medidas preventivas. Se propuso también establecer la Agencia de Asuntos de Nacionalidades.

En la práctica se aplicaba un principio que establecía que el pueblo ruso era algo así como el hermano mayor de los demás pueblos y debía hacer todo lo posible para que estos se desarrollasen y entrasen en un proceso de modernización. Los rusos tenían que ser responsables y sacrificarse de manera desinteresada. 

Un claro ejemplo tuvo lugar en los años 50, cuando diez años después del final de la Segunda Guerra Mundial se produjo el dilema sobre qué tierras había que desarrollar con el objetivo de abrir nuevos horizontes: la parte central europea, con mayoría de población rusa, u otros, en particular, Kazajistán. Finalmente, la balanza se inclinó a favor de la segunda y la política de dar prioridad a las fronteras nacionales se mantuvo hasta el final de la Unión Soviética. Fue así como se alimentó el desarrollo del nacionalismo. 

Por su parte, la cuestión de las nacionalidades sigue siendo un tema de actualidad. Vladímir Putin expuso su visión sobre este asunto en un artículo publicado antes de las elecciones titulado Rusia, la cuestión nacional. Putin concibe Rusia como un único 'Estado-civilización' en el que la identidad se basa en la preservación de la 'dominación cultural rusa', independientemente de la nacionalidad. El mandatario ruso hace hincapié en el papel del Estado y en su capacidad para unir esta civilización única. 

Sin embargo, surgen muchas preguntas a la hora de poner en práctica esta fórmula en la vida real. Los políticos creen que es necesario igualar la situación socioeconómica de todos los ciudadanos del país. Los expertos suelen decir que "no hay problema nacional, sino un problema de injusticia social".  

Existe la creencia de que si la población gana mucho dinero y vive bien, no habrá conflictos. Sin embargo, con este enfoque se tiende a olvidar los problemas derivados de  la desigualdad entre culturas, que en los últimos años sirven como un catalizador para los conflictos. 

En este sentido, se hace necesario implantar un programa de educación intercultural en Rusia que dé a conocer la cultura propia a las otras comunidades. La idea del Ministerio de Desarrollo Regional de crear centros culturales nacionales sería útil. Hay que mostrar y entender que ciertos tipos de comportamientos son habituales para algunos y extraños para otros. 

Al mismo tiempo, es necesario prestar más atención a la cultura rusa y a sus mejores logros, ya que esto produce un efecto aglutinante en el país.

En cuanto a las propuestas de los políticos y de las organizaciones públicas, hay que reunirlas y analizarlas. Para reunir todas las propuestas se necesita coordinación y lo más adecuado sería que esta estructura se creara bajo el abrigo de la presidencia. 

Es aconsejable recoger las propuesta de las distintas fuerzas políticas y discutir públicamente todas las opciones para después analizarlas y decidir la forma de trabajar de manera más eficiente. Se necesita, asimismo, la colaboración de la Duma Estatal, la Cámara Pública de la Federación de Rusia, los organismos gubernamentales y los órganos ejecutivos en sus distintos niveles. Esperemos que el próximo otoño se pueda contar con un documento práctico y comenzar su aplicación.  

Leonid Poliakov es jefe del Departamento de Ciencias Políticas Generales de la NIU, Escuela Superior de Economía.