'El Gran Juego' en Asia Central terminó hace mucho tiempo

Dibujado por Alekséi Iorsh

Dibujado por Alekséi Iorsh

El 20 de junio de 2013, el parlamento de Kirguistán votó a favor de denunciar el contrato de arrendamiento del centro de tránsito de fuerzas de la OTAN (y, de hecho, de Estados Unidos) en el aeropuerto de Manas, en las proximidades de la capital. Esto significa que, en julio del próximo año, toda la infraestructura del centro habrá sido retirada.

Desde el advenimiento de la base aérea de EE.UU. en territorio de Kirguistán en 2001, a su alrededor han circulado constantemente rumores sobre el posible cierre. Los líderes de las repúblicas de Asia Central se planteaban periódicamente la necesidad de retirar esta instalación militar, después de lo cual, por regla general, recibían de Washington diferentes preferencias. Por supuesto, no hay que olvidar el llamamiento a Moscú, muy celoso de presencia extranjera (sobre todo, militar) en los territorios de la antigua Unión Soviética. 

Por ejemplo, el segundo presidente de Kirguistán, Kurmanbek Bakíev, anunció oficialmente el cierre de la base aérea estadounidense  durante una visita a Moscú en 2009. Es más, incluso firmó la correspondiente ley. Sin embargo, sólo unas semanas más tarde, comunicó que la decisión no era definitiva. Como resultado, se llegó a un acuerdo sobre el establecimiento de una base aérea en lugar del centro de tránsito, para apoyar las operaciones de la OTAN en Afganistán. 

El tema resurgió después de la tormenta revolucionaria que sacudió a Kirguistán en 2010. Un año más tarde, el tercer presidente de la República, Almazbek Atambáiev, dijo que le gustaría ver transporte de aviación civil en Manas, y no una instalación militar. En su opinión, la presencia de tropas extranjeras en la base del aeropuerto de la capital no era el mejor símbolo para un estado joven. 

¿Podemos hablar del final de la historia de presencia militar estadounidense en el territorio kirguís? ¿O se trata de una nueva elipsis? 

Hoy en día, al considerar los procesos en la antigua Unión Soviética es extremadamente típico tener en cuenta los intereses de Rusia y Occidente en términos de política internacional del siglo XIX. En las 'provincias' y fuera de ellas se da una clara imagen de El gran juego, de Rudyard Kipling. La realidad geopolítica de Asia Central es hoy un ejemplo de ese 'gran juego', basado en la feroz competencia de varios centros de poder y su multi-interdependencia. 

Por su parte, Moscú considera que el espacio postsoviético es una zona exclusiva para sus intereses y pone en práctica este principio: preferencias a cambio de un trato preferente. La parte rusa cuenta con contrapartidas en el sector político-militar y energético, y su contraparte le alivia la deuda, el crédito y los problemas migratorios (un tema muy importante en todas las repúblicas de Asia Central). 

En septiembre de 2012, el presidente Vladímir Putin realizó una visita a Kirguistán, y como resultado,  Moscú se comprometió a ampliar su presencia militar en el país (base Kant) hasta 2032, e implementar proyectos conjuntos en el sector de la energía hidroeléctrica. Al mismo tiempo, Rusia acordó condonar la deuda kirguís por un monto de 189 millones de dólares. 

En general, parte de una matriz similar la construcción de las relaciones entre Rusia y Tayikistán. Por otro lado, a diferencia de Ucrania y el Cáucaso Sur, Moscú está mucho más dispuesta a cooperar con los EE UU en Asia Central. Esta predisposición es consecuencia, sobre todo, de la operación afgana. 

Y Moscú tiene mucho miedo de un complicación de la situación en Afganistán tras la retirada de los estadounidenses y sus aliados; de ahí la voluntad de tolerar la presencia militar de EE UU en las repúblicas de Asia Central.

Es cierto que esta última tesis necesita de aclaraciones. Moscú no está interesada en ampliar esta presencia, por lo que Washington está perdiendo interés en Rusia como actor regional. Después de todo, si hay oportunidades para construir relaciones directamente con los países de la región, ¿para qué acudir a Moscú? 

Aunque también los países de Asia Central, en sus dos décadas de independencia, han utilizado esta presencia para diversificar sus contactos en el extranjero. E incluso el socio estratégico más importante de Rusia en Eurasia, Kazajstán, en los últimos años ha sido honrado en varias ocasiones con elogios de Washington por una cooperación efectiva. Y hoy la posibilidad de abrir un nuevo centro de tránsito de la OTAN en Kazajstán se discute activamente entre los expertos. 

En este sentido, no debemos apresurarnos a sacar conclusiones sobre el fin de la presencia militar estadounidense en Kirguistán. Es posible que Bishkek quiera 'elevar el listón' en sus relaciones con la OTAN y con Estados Unidos. En este caso, Moscú se ha preparado para evitar tal escenario. Y es poco probable que luche hasta el último momento por el bien de la república. Sobre todo, teniendo en cuenta los acuerdos ya existentes con el gobierno de Kirguistán. 

Serguéi Markedónov es investigador visitante en el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales de Washington,  EE UU.