Dificultades en la preparación de la conferencia sobre Siria

Mientras que las intenciones de Moscú y Washington por convocar una nueva conferencia internacional, conocida como Ginebra 2, para solucionar el conflicto sirio parecen cada vez más claras, la situación en Siria y su entorno se hace cada vez más complicada.

 

Dibujado por Yolkin

El conflicto se ha hecho prácticamente internacional: ya se han visto involucrados, uno tras otro, Líbano, Catar, Israel, Irán y otros países. Cada vez resulta más difícil unir en una misma conferencia a todos, o por lo menos a la mayoría de los principales interlocutores sirios, así como los principales actores extranjeros. 

La tarea de Moscú no es tan difícil. El presidente sirio Bashar al-Asad, a quien Moscú ayuda y debido a lo cual Moscú se ve involucrada, tiene un carácter caprichoso, pero no será difícil convencerle para que participe en la conferencia. Está dispuesto a participar sin imponer condiciones previas. 

Hay que recordar que Rusia no solo trabaja con Asad. También intenta extender su influencia entre la oposición.  Últimamente Moscú también está prestando atención al movimiento de los Hermanos Musulmanes, la fuerza opositora más organizada y con más capacidad, que además es la más moderada. En esto los Hermanos Musulmanes sirios se parecen más a sus correligionarios que ya han llegado al gobierno en Egipto. 

Rusia juega aquí además una carta religiosa propia, sale en defensa de los cristianos de Oriente Próximo, utilizando a modo de diplomáticos a los jerarcas de la Iglesia Ortodoxa rusa, que gracias a su conservadurismo y su mala relación con Occidente coinciden en sus puntos de vista con los de los fundamentalistas islámicos. 

Rusia tiene una responsabilidad relativa con respecto a China e Irán. El gigante asiático nunca ha participado directamente en el conflicto, limitándose a comunicados conjuntos sobre la necesidad de restablecer la estabilidad en Oriente Próximo. 

Por su parte, el objetivo de Rusia en cuanto al gobierno iraní es conseguir que este país participe en la conferencia y evitar acciones abiertamente provocativas por parte de sus políticos. Este objetivo también es perfectamente alcanzable. 

Los problemas de los EE UU son más complejos. Dentro de Siria tienen que vérselas con un conglomerado variopinto de fuerzas políticas por lo que además de intentar consolidar una oposición antigubernamental, tienen al mismo tiempo que realizar una selección entre ellos para no comprometerse con extremistas religiosos. 

Tampoco es nada fácil mantener la relación con los socios extranjeros los, por decirlo de alguna manera, 'amigos de Siria'. Por un lado tanto la Unión Europea como los estados del Golfo Pérsico mantienen posiciones cercanas a los norteamericanos. Sin embargo,  hay diferencias en los enfoques de los europeos y las monarquías árabes, en concreto en lo relacionado a la parte islamista de la oposición siria. 

Los EE UU no apoyan la solución militar del conflicto sirio y no parece que se implicarán directamente en ella. Barack Obama, que el año que viene retirará las tropas de Afganistán (lo que por cierto en el mundo musulmán, y no solo allí, se interpreta como una derrota de Estados Unidos), no tiene ninguna razón para involucrarse en un nuevo conflicto que amenaza con eternizarse. 

Washington no tiene una visión clara sobre el futuro de Siria, pero culpa de su indecisión a la terquedad de Rusia, echándole la responsabilidad de las complicaciones en la solución del conflicto sirio. 

El mismo visto bueno de Washington para la realización de la conferencia es prueba de que la Casa Blanca entiende que es imposible resolver el conflicto sirio sin la participación de Rusia. 

Mientras tanto, aunque esperado, la cuestión del suministro de armas a la oposición siria sigue siendo un serio escollo para la preparación de Ginebra 2. Rusia emitió una fuerte condena por la decisión de la Unión Europea de levantar el embargo a la venta de armas.  El ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, recalcó que el levantamiento del embargo socavaba la idea misma de la conferencia de paz. 

Sin embargo, el levantamiento del embargo por parte de la UE no significa que se vaya a comenzar inmediatamente la venta de armamento. La decisión es más bien un intento por presionar a Rusia para obligarla a interrumpir su ayuda militar a Asad. 

El ministro británico de Asuntos Exteriores, William Hague, recalcó que en pos de la conferencia de paz de Ginebra, nadie debería vender armas a nadie. 

Rusia a su vez puede utilizar esta última decisión de la UE para justificar la venta de los sistemas S-300, que refuerzan el potencial del ejército sirio, lo que inquieta especialmente a Israel. 

Al mismo tiempo los aliados de la oposición siria: Catar y Arabia Saudí, continúan vendiendo armas a la oposición. Lo hacen prácticamente de forma abierta a través de territorio jordano. Probablemente sea muy complicado establecer con claridad quien recibe toda esa munición, pero hay razones para suponer que una parte considerable acaba en manos de extremistas. 

De una u otra manera, la continua carrera armamentística hace que la situación sea cada vez más tensa y el destino de Ginebra-2, más impredecible. 

Alexéi Malashenko es arabista, miembro de consejo científico del centro Carnagie de Moscú. 

Texto abreviado. El original fue publicado originalmente en ruso en Védomosti.