Crece la importancia del 'poder blando' en el mundo

Dibujado por Niyaz Karim

Dibujado por Niyaz Karim

El nuevo orden mundial que sustituirá al actual, formado hace casi 70 años, se opone en gran medida al 'poder blando' de los estados y las alianzas.

Pocos discutirán el hecho de que los estados soberanos van perdiendo poco a poco su capacidad de monopolizar la gestión de los procesos principales en sus propios territorios. La economía mundial es un fenómeno cada vez más global, interconectado y ramificado en el que es muy difícil, y en ocasiones imposible, establecer fronteras entre las distintas economías nacionales.

Hace tiempo que el sistema de difusión de la información ha dejado de prestar atención a las fronteras entre estados y se ha convertido en un sistema auténticamente global. Cada día bate récords el número de personas que cruzan las fronteras, millones de personas viven y trabajan fuera de su país sin ser considerados los típicos inmigrantes, como sucedía hace un par de décadas.

Esta tendencia también afecta a la política internacional y la diplomacia. Lo que durante un siglo ha consistido en una ocupación profundamente confidencial y que atañía a un pequeño grupo de personas, se está convirtiendo en una actividad cada vez más pública.

Del mismo modo que se reduce el papel del estado tradicional y se erosiona el concepto de soberanía, la diplomacia clásica entre países empieza a ser cosa del pasado.

Por un lado, en las condiciones actuales cada vez es más difícil mantener en secreto los documentos diplomáticos y el contenido de las conversaciones confidenciales. Por otro lado, la sociedad civil mundial viaja más a menudo fuera de su país y entra más en contacto con la política internacional.

Los intereses de los estados soberanos no sólo se están volviendo más interrelacionados, sino también más indeterminados y difíciles de formular. Un conflicto armado en la defensa de los propios intereses puede convertirse en cualquier momento en una guerra contra uno mismo, ya que no se sabe dónde terminan estos intereses.

Esta dinámica del mundo contemporáneo exige a las élites una reacción rápida y una revisión periódica de sus prioridades, algo que entra en contradicción con las bases de la diplomacia.

En estas condiciones crece el papel de factores en política exterior poco tradicionales, como el "poder blando", es decir, el aumento de la influencia, autoridad y oportunidades internacionales del país mediante unos mecanismos no políticos, y menos aún militares, de promoción de sus valores, prioridades, ideas y puntos de vista.

Evidentemente, nadie ha dado por extintos los métodos militares, la necesidad del 'poder duro' sigue vigente. Pero ya hoy en día se puede decir que el nuevo orden mundial que está tomando el relevo de un orden formado en la realidad existente tras la guerra de hace casi 70 años, se opone en gran medida al 'poder blando' de los estados y las alianzas.

En estas condiciones es especialmente importante para Rusia desarrollar su propia concepción nacional del 'poder blando', así como las tecnologías, métodos, estrategias de desarrollo, prioridades y objetivos necesarios para su empleo; determinar las cuestiones financieras y organizativas, el soporte político e intelectual, contar con la ayuda de la sociedad civil y los amigos de Rusia en otros países.

Esto es algo de vital importancia, considerando, en primer lugar, que Rusia ha ignorado este problema durante toda su existencia. En segundo lugar, en la actualidad Rusia sigue arrastrando una multitud de estereotipos y clichés de la época soviética.

Y en tercer lugar, los rivales geopolíticos e ideológicos, adversarios y enemigos de Moscú en distintos países, se han dedicado durante todo este tiempo y con cierto éxito a crear una imagen negativa de Rusia: algunos simplemente por aversión, otros partiendo de sus intereses políticos, y otros por competencia comercial.

En cualquier caso, hoy en día Rusia no participa en la confrontación global de los 'poderes blandos' a nivel internacional. Esto no se puede permitir, ya que no solamente se menoscaban sus posibilidades de influencia en el mundo, sino que tampoco puede formar de sí misma una imagen adecuada y atractiva.

Como consecuencia, las pérdidas económicas y políticas de Rusia no harán más que aumentar. Al mismo tiempo, el potencial de su 'poder blando' es enorme y si se organiza bien se puede comparar perfectamente al potencial que Estados Unidos lleva promoviendo durante más de una década.

Durante los próximos años Moscú tendrá varias oportunidades únicas para influir en el orden global: la presidencia de este año del G20 y del G8 en 2014, así como la presidencia en 2015 de los BRICS. Si a ello añadimos las Olimpiadas, las Universiadas, el Mundial de fútbol, etc., se hace evidente que el papel de Rusia como protagonista mundial crecerá en los próximos años.

Habrá un creciente interés hacia Rusia por parte de la opinión general internacional. Sería imprudente no aprovechar esta oportunidad de reforzar su posición 'blanda' en el mundo. Pero para ello es necesario un programa estatal del que por ahora Rusia carece.

Texto abreviado. Publicado originalmente en Rossíyskaya Gazeta

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