¿Volverá el antiamericanismo a Rusia tras el reciente escándalo de espionaje?

Dibujado por Niyaz Karim

Dibujado por Niyaz Karim

Al parecer el escándalo de espionaje en el que estuvo implicado el tercer secretario de la embajada estadounidense no tendrá un impacto negativo sobre la intensidad del diálogo político entre ambos países. A nadie le interesa semejante desarrollo de los acontecimientos.

Me enteré de la detención en Moscú del espía norteamericano y tercer secretario de la embajada de EE UU, Ryan Fogle, cuando me encontraba en Marruecos, en medio de una conferencia sobre el futuro político del islam de la sección de Oriente Medio del club Valdai

En ese momento los asistentes al encuentro, entre los que se encontraban también algunos de los enemigos irreconciliables de Washington (politólogos de Irán, representantes del movimiento de Hamás en la franja de Gaza y también de Hezbollah), discutían el futuro de la cooperación ruso-occidental en el nuevo Oriente Medio.

No obstante, al enterarse del escándalo de espionaje, ninguno de ellos sugirió la posibilidad de que se produjera un empeoramiento de las relaciones entre Moscú y los EE UU.

Por el contrario, algunos participantes señalaron el acercamiento cauteloso de las posiciones de Moscú y Washington sobre los asuntos de Oriente Medio y lo calificaron como una tendencia positiva.

Es posible que esta discreción en las valoraciones sobre el incidente acaecido en Moscú se deba, en gran parte, a la comprensión de que no se reflejará en el diálogo ruso-americano ni a corto ni a largo plazo.

Probablemente, incluso los servicios de inteligencia rusos que participaron en la operación de detención del espía norteamericano fueran conscientes de la tendencia positiva que viven actualmente las relaciones entre los dos países. Por este motivo no temían que sus acciones complicaran la situación.

Se puede discutir largo y tendido sobre si el ministro de Asuntos Exteriores de Rusia, Serguéi Lavrov, estaba al corriente del inminente arresto de Fogle antes de su reunión en Suecia con el secretario de Estado de los EE UU, John Kerry.

Pero solo el hecho de que los diplomáticos de ambos países no hayan querido perder el tiempo analizando esta historia detectivesca y, en cierto modo, ‘postiza’ sobre un espía americano sorprendido en un intento de reclutamiento con un juego de pelucas, una maleta llena de dinero, un teléfono móvil viejo y una brújula, demuestra la reticencia de los ministros de Asuntos Exteriores a interferir en las competencias de los servicios de inteligencia.

Es evidente que se han negado intencionadamente a discutir un tema tan delicado porque está en juego uno de los eventos de política exterior más importantes del año: la Segunda Conferencia Internacional sobre Siria, en la que Rusia y Occidente efectuarán una nueva tentativa de reunir a todas las partes interesadas que puedan ejercer una influencia real en los protagonistas del conflicto de la región.

La declaración del arrestado como ‘persona non grata’ por parte de Moscú ha sido una reacción natural del Ministerio de Asuntos Exteriores. Además, a pesar de la sonada detención ante las cámaras del ciudadano estadounidense, la reacción del Kremlin ha sido muy discreta. Las autoridades rusas expresaron su pesar por la actividad ilegal del diplomático, la cual ha provocado un descenso en el nivel de confianza entre los dos países.

¿No desencadenará esta historia moscovita una nueva guerra entre los servicios especiales de ambos países? En mi opinión, esto no ocurrirá en un futuro próximo; actualmente los norteamericanos tienen varios frentes de diálogo abiertos con Rusia que no les conviene cerrar, y una reacción inadecuada al escándalo de espionaje podría tener un impacto negativo sobre la intensidad del diálogo político. A nadie le interesa semejante desarrollo de los acontecimientos.

Y sin embargo, ¿por qué la detención del tercer secretario de la embajada estadounidense se ha mostrado tan abiertamente al público? ¿Se debe solo al hecho de que, en este caso, el diplomático se había ‘pasado de la raya’, tal como explicaba un empleado de los servicios de inteligencia rusos, que prefiere quedar en el anonimato, a un periódico norteamericano?

No, esta no es la única explicación posible. La teoría más plausible, desde mi punto de vista, es que la operación del FSB (Servicio Federal de Seguridad ruso) está directamente relacionada con las investigaciones norteamericanas derivadas del ataque terrorista ocurrido en Boston.

Este ataque dio lugar a un altercado entre las fuerzas de seguridad rusas y estadounidenses. La parte rusa aseguraba haber advertido hace tiempo a los servicios de inteligencia de los EE UU sobre los hermanos Tsarnaev, pero estos no prestaron atención a la información proporcionada. Por su parte, los norteamericanos culparon indirectamente a sus colegas rusos, a los que acusaron de haberles ocultado información. 

Hagamos una comparativa de los hechos: el tercer secretario de la embajada de los EE UU en Moscú trató de reclutar por un millón de dólares a un empleado de los servicios rusos de inteligencia, el cual estaba trabajando en los asuntos del Cáucaso y disponía de información sobre los hermanos Tsarnaev.

Esta información, como probablemente creían los servicios de inteligencia norteamericanos, podría confirmar la versión americana de los acontecimientos y ‘disculparlos’ ante la Casa Blanca. La perseverancia de la CIA provocó la irritación de las fuerzas de seguridad rusas, que ordenaron la detención del norteamericano la víspera del encuentro entre Lavrov y Kerry.

Es evidente que este incidente no pasará desapercibido. Concretamente, afectará a la reputación del embajador de los EE UU en Moscú, Michael McFaul, quien no podía no estar al tanto de las actividades del tercer secretario de la misión diplomática. Ahora, las reuniones del diplomático con representantes rusos estarán cargadas de preguntas incómodas sobre esta historia de espionaje.

Aún así, la mayoría de expertos y políticos rusos no creen que se produzca una nueva ola de antiamericanismo en la sociedad. En Moscú, hay una tendencia a ver el arresto del espía norteamericano como un incidente puramente local, relacionado únicamente con la tradicional rivalidad de los servicios de inteligencia de Rusia y EE UU, y se rechaza la hipótesis de que la operación tuviera un carácter político, como lo quieren presentar determinados medios de comunicación norteamericanos.

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