¿Enviará Turquía sus tropas a Siria?

El ataque terrorista ocurrido el 11 de mayo en Turquía ha supuesto para este país un golpe de crueldad sin precedentes. Es como si un estado que, según las normas imperantes en Oriente Medio, gozaba de relativa tranquilidad se hubiera transformado súbitamente en un análogo de Siria, Irak o Afganistán.

Reyhanli se encuentra cerca de la frontera con Siria, y la tragedia que ha tenido lugar  está directamente relacionada con este país. De esto no cabe duda.

Las autoridades turcas y, sobre todo, el primer ministro Recep Tayyip Erdoğan (conocido por su dominio del discurso), culparon inmediatamente de lo ocurrido al presidente de Siria, Bashar al-Assad.

La tarde del 12 de mayo, el jefe de gobierno turco, también responsabilizó a Damasco del crimen perpetrado en Reyhanli en el transcurso de una rueda de prensa celebrada en Estambul, donde anunció que el gobierno sirio está intentando, de este modo, arrastrar a Turquía al ‘pantano sirio’.

La agilidad y unanimidad demostrada en esta ocasión por las autoridades turcas no puede sino sorprender. Si Ankara fuera capaz de evitar los ataques terroristas con la misma agilidad con la que encuentra a sus ejecutores...

Sin embargo, la participación de Damasco en la organización de la tragedia acontecida en Reyhanli, en mi opinión, es muy poco probable.

A al-Assad no le interesa involucrarse en unos atentados de gran resonancia, con multitud de víctimas y una fuerte destrucción en suelo turco. El futuro del régimen no es muy prometedor y en absoluto le conviene provocar una intervención turca en Siria, firmando con ello su propia sentencia de muerte.

Los rebeldes sirios, sin embargo, sí que están altamente interesados no solo en obtener ayuda de Turquía, sino también en la intervención directa de uno de los ejércitos miembros de la OTAN que opera bajo una bandera amiga musulmana.

El gobierno sirio, por su parte, solo participaría en el atentado de Reyhanli en caso de haber perdido el norte, y aún no hay señales de que esto haya sucedido. Por supuesto, no se descarta la posibilidad de que algún miembro de los servicios de inteligencia de Damasco esté protagonizando ‘su propio juego’; que pretenda ganar un dinero extra desacreditando al presidente sirio y dejando el país envuelto en una guerra civil para huir a la misma Turquía, a las orillas del Golfo Pérsico o directamente a occidente. Pero esta es una cuestión que requiere un estudio exhaustivo.

Cabe destacar que el 6 de mayo, en la provincia de Adana, junto a la frontera con Siria, Ankara inició un periodo de maniobras militares de 10 días de duración. Tal como ha anunciado el Estado Mayor turco, su objetivo es el desarrollo de medidas de movilización y la comprobación del nivel de preparación y coordinación para la guerra de los organismos gubernamentales.

En las pruebas han participado tanto instituciones públicas y del ejército como empresas de transporte privadas. Sin duda, estos ejercicios apuntan directamente a la preparación de una operación de invasión de Siria.

El acuerdo alcanzado recientemente entre las autoridades turcas y los separatistas kurdos del PKK, que han iniciado la retirada de sus destacamentos del suelo turco, ha preparado el terreno para que se produzca un giro de los acontecimientos de esta índole.

Así, si antes la actividad del Partido de los trabajadores de Kurdistán suponía un serio problema para Ankara (y precisamente en aquellas regiones que, en caso de entrar en guerra con Siria, se convertirían en la retaguardia de las tropas turcas), ahora este problema está desapareciendo de forma paulatina.

El ministro de Asuntos Exteriores turco, Davutoglu, ha señalado que su país responderá a cualquier acción hostil. El ministro ha informado de esto al periódico Hürriyet, uno de los periódicos más importantes y respetados de Turquía, publicó un artículo titulado ‘La gran Turquía’, en el que se analizaba el futuro de la expansión económica de Ankara en el Mediterráneo. Asimismo, el también conocido periódico Milliet publicó recientemente el mapa de una ‘nueva Turquía’. Esta ‘nueva Turquía’ incluía la parte suroriental de Bulgaria, el noreste de Grecia, las islas griegas del mar Egeo, Chipre, la república autónoma georgiana de Ayaria, la república autónoma azerbaiyana de Najicheván, parte del Azerbaiyán iraní, el norte de Irak y, lo que resulta aún más interesante, casi más de la mitad de Siria.

Hay que recordar que, en este caso, las editoriales solo publicaron la postura del Partido de la Justicia y el Desarrollo, un partido islamista moderado que gobierna en la república. El gobierno turco, conformado por afiliados del citado partido, cada vez participa más activamente en la promoción de un movimiento conocido como ‘neo-otomanismo’, el cual aboga por la restitución del desaparecido imperio Otomano, que se desintegró tras la derrota sufrida en la Primera Guerra Mundial entre 1914–1918.

Últimamente, Ankara se ha desviado de su rumbo pacífico y está tanteando casi abiertamente la viabilidad de determinadas anexiones, incluidas las que miran en dirección a Siria.

Todos los acontecimientos mencionados apuntan a que los sangrientos atentados han proporcionado a Turquía la excusa necesaria para el envío de sus tropas a Siria. No obstante, lo más probable es que se mantenga a la espera de las decisiones que se tomen en la conferencia internacional sobre la crisis en Siria, si es que se celebra. El secretario de Estado de  EE UU, el presidente ruso y el primer ministro británico han acordado celebrar dicha conferencia en mayo en Moscú.

Stanislav Khatúntsev es doctorando en ciencias históricas y autor de varios trabajos sobre historia, filosofía y geopolítica.

Texto abreviado. Artículo publicado originalmente en ruso en Izvestia