Los intentos por llevar el conflicto sirio a una nueva fase

Dibujado por Alekséi Iorsh

Dibujado por Alekséi Iorsh

El uso de armas químicas, y las discrepancias sobre quién las ha utilizado, así como la intervención de Israel abren un nuevo escenario en Siria. Una intervención extranjera supondría una nueva complicación política.

El tema de las armas químicas sirias parece haberse hecho clave en el nuevo escenario del conflicto. Hace algún tiempo, Barack Obama declaró que su utilización sería considerada como causa de guerra. Así que cuando a finales de abril se comenzó a hablar en Estados Unidos y en Israel de que Damasco podría utilizar armas químicas contra los insurrectos, en Moscú se pusieron en guardia. ¿Acaso no podría ser esto una campaña para construir una excusa que permitiera la intervención masiva en Siria? 

Pero todo se complica aún más: la fiscal Carla del Ponte, que pertenece a la Comisión de Investigación de la ONU para Siria, comunicó que hay sospechas de que fueran precisamente los opositores los que echaran mano del gas sarín. A primera vista estas declaraciones son favorables a Damasco pero en realidad es una mala noticia para el gobierno sirio. La conclusión es que no controlan el arsenal que almacenan, en contra de lo que han afirmado en repetidas ocasiones. Por lo que la adopción de medidas para la estabilización por parte de las potencias exteriores se convierte en algo urgente teniendo en cuenta el peligro... 

El problema de las relaciones internacionales actuales es la ausencia de medios de verificación de la información en los que confíen todas las partes implicadas. El Instituto de observadores independientes, respaldado por un mandato de la ONU que reconocen todo el mundo, está sufriendo desgaste, la confianza que tenía se ha visto minada debido a las metamorfosis y cataclismos que ha sufrido la ONU en los años posteriores a la Guerra Fría. Lo ignoraron completamente al no pedir sanciones interpretando el mandato de forma arbitraria. 

Es evidente que para cualquier verificación fidedigna de los informes sobre armas químicas es necesaria una comisión independiente bajo mandato de la ONU en la que confiaran todos y a la que, a su vez, se le permitieran realizar todas las investigaciones necesarias. 

Moscú y Washington han acordado convocar una conferencia internacional para ayudar a la resolución de la crisis siria que dura ya dos años. El anuncio lo realizaron la noche del pasado martes 7 de mayo el ministro de Asuntos Exteriores ruso Serguéi Lavrov y el Secretario de Estado de los EE UU John Kerry. 

En cuanto a este asunto, resulta que la investigación en la que participa del Ponte se basa en testimonios indirectos, ya que no puede trabajar sobre el terreno. 

La experiencia pasada demuestra que, por norma, la entrada en juego de observadores más que aclarar la verdad, aumenta el nivel de manipulación genérica e informativa de la guerra. 

Si el gobierno, por ejemplo, se negara a cooperar con los órganos de observación internacionales por miedo a los prejuicios de estos o a que estuvieran influenciados por su concepto de soberanía, este acto se convertiría automáticamente en una prueba de que hay algo que ocultar. 

La historia reciente ha sido testigo del farol deliberado, aunque suicida, que intentó jugar Saddam Husein. Sabiendo perfectamente que no tenía nada se mantuvo ambiguo, aumentó las apuestas y jugó con los inspectores, los norteamericanos e Irán. El resultado es de sobra conocido, por lo que hay esperanzas de que el resto de líderes regionales hayan aprendido la lección.

Moscú no cree que Assad haya utilizado armas químicas, no está tan loco como para suicidarse de forma tan clara. Por lo tanto, la aparición de este tipo de información se interpreta como un intento de "darle la vuelta al tablero de ajedrez", desviar la discusión del campo político diplomático y llevarla de nuevo al plano de la fuerza militar. 

En los frentes de la guerra civil se ha llegado a un punto muerto, el enfrentamiento puede continuar durante mucho tiempo por lo que es necesaria una acción decidida e inesperada para llevar el conflicto a una nueva etapa e intentar resolverlo. Las armas químicas sería uno de estos métodos, la intromisión de Israel otro. 

El segundo, por cierto, es peligroso: la intervención directa de Israel en el complejo conflicto sirio complica toda la situación hasta el límite. 

Por un lado, para Assad la guerra en dos frentes es peligrosa y nefasta, pero al mismo tiempo muchos de sus irreconciliables enemigos odian al estado hebreo tanto y tan profundamente como los enemigos alauitas, hasta el punto de que es muy difícil que estén de acuerdo en entrar en "coalición" con Israel. 

También están en silencio los patrocinadores de la oposición siria, la situación para ellos es delicada, aunque la coincidencia de intereses de Israel y las monarquías del golfo Pérsico es evidente: ambas están claramente enfocadas a impedir el ascenso regional de Irán. 

Lo más paradójico es que a pesar de todo nadie parece estar verdaderamente dispuesto a intervenir en el conflicto sirio, ni en Europa, ni en Turquía ni en los EE UU. 

Las dudas sobre la relativa conveniencia de apoyar a la oposición en cuya cúpula cada vez se aceptan más fuerzas islámicas radicales, son cada vez más evidentes. Los acontecimientos de Boston han sido una nueva advertencia de que el conflicto psicológico con Occidente, en cuya base se encuentra la pertenencia religiosa, sigue igual y surge de las formas más inesperadas. 

La aparición de un pretexto para el endurecimiento de la posición de Occidente su posición e incluso plantear un ultimátum (utilización de armas de destrucción masiva) en el asunto, supondría para Occidente no tanto la posibilidad de deshacer el nudo gordiano sino una nueva complicación política. 

Fiódor Lukiánov es presidente del Consejo de Política Exterior y de Defensa.  

Versión abreviada. Publicado originalmente en ruso en Rossíyskaya Gazeta.