EE UU está cansado, Europa no puede. ¿Queda Asia?

Dibujado por Alekséi Iorsh

Dibujado por Alekséi Iorsh

En los últimos años en el planeta se ha producido un vacío de poder global. Ha llegado el momento de buscar al nuevo 'gendarme mundial'. El antiguo, Estados Unidos, parece que se ha cansado de gobernar el planeta. Es evidente que actualmente Europa no está por recuperar el papel que perdió tres cuartos de siglo atrás. La búsqueda del nuevo líder nos conduce inevitablemente a Asia, pero también allí hay problemas.

Ya en 1998 la entonces Secretaria de Estado Madeleine Albright, definió EE UU como una “nación irreemplazable”. Desde entonces ha pasado décadao y media. Ahora a Estados Unidos le sienta mejor otra definición: “La nación exhausta”, una superpotencia que tiende a la decadencia, más interesada en los problemas internos que en Afganistán o Oriente Medio.

No hay nada de extraño en ese cansancio, si tenemos en cuenta que después de que terminara la Guerra Fría, los soldados norteamericanos han destinado a la guerra el doble de tiempo que en las  décadas anteriores.

 Washington ha empleado en  defensa unos recursos sin precedentes: en el año 2011 EE UU gastó en defensa más que las siguientes 19 potencias juntas. Los costes militares, como no es difícil de adivinar, han jugado un papel nada desdeñable en la formación de la deuda americana, valorada en 16 billones de dólares.

No fue precisamente casualidad que en su segundo discurso de inauguración Barack Obama no recordara ni una sola vez las famosas palabras del discurso inaugural de John F. Kennedy, pronunciado en 1961, sobre que “EE UU pagaría cualquier precio y soportaría cualquier privación en aras de proteger la libertad del globo terráqueo”.

En la última intervención de Obama el mensaje fue otro: la década de las guerras se ha acercado a su fin. El presidente, laureado con el Premio Nobel de la Paz, no ha inventado ninguna definición altisonante de la idea moderna de la nación, que se puede formular con una única y sencilla frase: la prosperidad y el bienestar de EE UU son muchísimo más importantes que los del resto del planeta.

El predecesor de Barack Obama, George Bush, tenía una visión mesiánica de los objetivos de la política exterior de los Estados Unidos.  Al actual líder norteamericano parece que le gusta más la así llamada doctrina Eisenhower,  quien, a pesar  de haber sido un héroe de guerra, en los ocho años que gobernó el país (1953-1961) trató de evitar a toda costa el derramamiento de sangre. O como mínimo, el derramamiento de sangre norteamericana. Semejante cambio de prioridades no implica el fin de mundo, aunque es difícil prever lo que ocurrirá si EE UU se recluye  definitivamente dentro de sus fronteras. 

¿Qué hay de nuevo?

En el mundo actual, hacer pronósticos resulta una tarea tan ingrata como compleja. Pero por algún motivo parece que durante el segundo mandato presidencial de Barack Obama no se producirán cambios significativos en política exterior. La situación económica y financiera de EE UU no le permitirá perpetuarse como gendarme mundial porque este asunto, además de  ser engorroso, sale caro.

Surge una cuestión ineludible: ¿quién sustituirá a EE UU? China actualmente se ha apartado un tanto de la política exterior debido a notorios problemas económicos; Rusia ya hace tiempo que ha perdió esta capacidad que poseía la Unión Soviética, que sin duda alguna habría aprovechado una oportunidad que le venía rodada. Para la India y Brasil está claro que es demasiado temprano para aspirar al liderato mundial.

Las organizaciones internacionales también tienen graves problemas: la ONU, la OTAN y la Unión Europea se están replanteando su sistema de valores y están buscando, por así decirlo, su misión en el mundo moderno.

En EE UU predomina la opinión de que es Europa quien puede y debe sustituirle en el cargo de 'gendarme mundial'. Pero el hecho de que sea eso lo que quieren los norteamericanos no implica que su deseo coincida con el de los propios europeos.

Lo más desagradable para los partidarios del nuevo papel de Europa es la ausencia de una unidad real en la Europa unificada, algo que la crisis y las exacerbadas discusiones en torno a la política de austeridad económica han puesto de manifiesto de un modo evidente.

Y resulta que EE UU no quiere seguir siendo el líder mundial, al mismo tiempo que Europa no puede serlo. Nos guste o no, China es el candidato más factible. En cuanto Pekín se haya orientado con sus problemas en la economía, que no se pueden comparar con el hecho de que actualmente el Viejo y el Nuevo Mundo hayan tropezado, tendrá las manos libres.  Aunque al Imperio Celeste no le va a quitar el sueño aventajar en todo a EE UU. 

Texto abreviado, publicado originalmente en ruso en Expert. 

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