La ‘rusificación’ de Europa se intensifica

Dibujado por Javier Aguilar

Dibujado por Javier Aguilar

El ruso se oye cada vez más en las calles de las ciudades europeas, también es más frecuente encontrar carteles en este idioma y la influencia del mundo empresarial ruso es cada vez es más patente. Un grupo de expertos habla sobre la acelerada rusificación que está teniendo lugar en el Viejo Mundo.

El proceso parece haber ganado impulso hasta tal punto, que empieza a suscitar la irritación de algunas autoridades locales. La prensa destaca concretamente el ejemplo de las ciudades checas Valovy Vary y Mariánské Lázně. Los rusos se sienten especialmente atraídos por estas dos ciudades: no son solo uno de sus principales destinos turísticos, sino que además aquí se han instalado ya muchos rusos (considerando como tal a quienes tienen el ruso como lengua materna), que disponen de un permiso de residencia en la República Checa.

La muestra más evidente de este fenómeno es la abundancia de carteles escritos en ruso en las calles. “Hay carteles en cirílico por todas partes: postes publicitarios, escaparates y decenas de paneles portátiles, que se atan con cadenas a las farolas y a las señales de tráfico, y ni uno está en checo”, anuncia en su web la cadena de radio alemana DW.

Esto ha provocado que un magistrado de Mariánské Lázně, horrorizado ante la presencia extrema de anuncios en lengua rusa, haya decretado la regulación de la rotulación municipal para que predominen los carteles escritos en alfabeto latino.

Este acontecimiento, aparentemente local, ha tenido una gran repercusión en la vida pública de la República Checa. Dos décadas después de su separación de los rusos, los checos (y junto con ellos ciudadanos de otros países europeos occidentales) ha descubierto de manera inesperada que el fenómeno de la cultura rusa ha vuelto a sus vidas.

Por cierto que no solo se trata de los países que antaño formaron parte de la zona de influencia soviética. A este respecto, también podemos mencionar la capital de Francia.

Numerosos testimonios aseguran que París está tan ‘rusificada’ como Berlín (u otros centros económicos de Alemania); una gerente rusa es ya un atributo inherente a la mayoría de las tiendas de Milán y de otros centros neurálgicos de la alta costura; la administración de la región italiana de las Marcas, por ejemplo, ha decidido ofrecer atención médica en ruso, puesto que el dinero proveniente del turismo ruso constituye la principal fuente de ingresos de la región. Según comentan, los rusos son el tesoro del negocio turístico y hotelero de Italia.

En España también se observa un predominio del turismo ruso, sobre el que se sostiene la mayor parte del sector. Según los datos oficiales, en 2012 el país recibió la visita de algo más de un millón de rusos. El flujo de turistas se ha duplicado en relación con la cifra de hace dos años. En palabras de las agencias turísticas españolas, lo que caracteriza a los turistas rusos es que suelen gastar el doble que los de otros países. Cerca de dos tercios de estos visitantes suelen alquilar un apartamento, y aproximadamente un tercio de ellos se aloja en chalés y en casas.

Es comprensible, pues, la tendencia de los empresarios locales a hablar el mismo idioma que sus clientes. Y precisamente por esto, los expertos dudan de la precisión del término ‘expansión’. Sería erróneo afirmar que Europa está sufriendo una ‘invasión rusa’. Por otro lado, lo que sí es indiscutible es que se está produciendo una importante inyección de ‘dinero ruso’ (si es que se puede asignar una nacionalidad al dinero).

El jefe del departamento de investigaciones analíticas del grupo inversor Univer Capital, Dmitri Alexándrov, aclara: “Se trata sobre todo de un fenómeno comercial. Ahora estamos hablando de Europa, pero no hay que olvidar fenómenos previos como los de Turquía o Egipto, donde casi cualquier comerciante del mercado sabría pronunciar las frases imprescindibles en ruso. Todo este auge del estudio del ruso y la promoción del uso de este idioma se basan exclusivamente en la capacidad de demanda efectiva del turista ruso o de los inmigrantes de esta nacionalidad que escogen estos países como lugar de residencia permanente. En cuanto disminuya la demanda (si es que disminuye), la publicidad en ruso desaparecerá instantáneamente. Yo no veo más que un factor puramente económico, que empuja a las empresas a reaccionar ante su principal comprador, guiadas por la máxima de que ‘el cliente siempre tiene la razón. Este fenómeno es bastante común. Y en cualquier país, de una u otra forma, puede haber una reacción al uso de una lengua extranjera”.

Las estadísticas dan la razón a este punto de vista. Según los resultados de 2012, los expertos han constatado un aumento repentino de la afluencia de turistas provenientes de Rusia.

De hecho, no solo se trata de turistas, sino de cualquier persona con la capacidad económica suficiente para convertirse en un factor importante en la determinación de la agenda económica. La empresa de investigaciones Euromonitor International ha informado de que, el año pasado, las tiendas y las boutiques de lujo europeas vendieron productos a los turistas rusos por un valor equivalente a 4.000 millones de dólares.

Cambio de tendencia

 Además, en muchos países, los rusos están a la cabeza en la compra de bienes inmuebles, y no hablamos solo de viviendas. En definitiva, estas son las razones que explican la firme creencia en la llegada al continente de una nueva ‘era rusa’.

Lo interesante es que, a su vez, se ha producido una evolución en la mentalidad de los europeos. Si antes en Europa se miraba a los rusos con cierto desaire mal disimulado, ahora el trato es manifiestamente más respetuoso, al mismo tiempo que se empiezan a valorar las compras más extravagantes, como determinadas inversiones estratégicas.

Es evidente que el sector empresarial europeo, cuyo levantamiento no solo depende de la situación económica, sino también de los cambios sociales, no puede ignorar la realidad.

Mientras los rusófobos se ven abrumados por estos hechos y los rusófilos disfrutan con ello, los expertos tratan de comprender lo que está ocurriendo.

Este asunto tiene, además, otro aspecto interesante. Hemos comenzado hablando de los carteles escritos en lengua rusa, los cuales, sin duda, están destinados a los consumidores del país eslavo.

Sin embargo, también los rusos están adoptando cada vez más el papel de vendedor en la Europa actual. Abren comercios, hoteles, salones de belleza, etc. Es decir, cualquier tipo de negocio rentable y, lo que es más importante, legal. Suele ocurrir que en una sola calle, por ejemplo de Berlín, se pueden encontrar varios comercios rusos seguidos. Y aunque sus rótulos están en alemán, este fenómeno fácilmente podría sumarse a la teoría de la ‘nueva era rusa’.

Evidentemente, el desarrollo de negocios rusos en Europa no está exento de dificultades. Aparte de otras razones completamente objetivas como la competencia, se podría culpar también a las secuelas de la Guerra Fría que han quedado en el subconsciente social europeo.

Las razones que radican detrás de las restricciones a la entrada del comercio ruso en Europa no son, en ningún caso, económicas, sino más bien políticas. Por alguna razón, hay quien cree que una empresa de origen ruso no puede estar al frente de un negocio honrado.

Es una posición perfectamente comprensible, si se tiene en cuenta el pasado reciente de las relaciones ruso-europeas. Sin embargo, los tiempos modernos dictan nuevos enfoques. La ‘rusificación’ de Europa no es una amenaza para los valores primordiales del continente, sino más bien un mecanismo natural que habilita las condiciones más favorables para la población autóctona, para el sector empresarial y para el establecimiento de unos lazos amistosos entre los vecinos del enorme continente europeo, tan diferentes y tan parecidos a la vez.

Artículo publicado originariamente en ruso en la Voz de Rusia.

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