¿Cuál debe ser la estrategia de Rusia en Oriente Próximo?

Los expertos del Consejo de Relaciones Exteriores de Rusia consideran que Rusia debe replantear su estrategia con los países de la “primavera árabe”. Para el mantenimiento y desarrollo de la influencia de Moscú en esta región puede pasar por desviar su enfoque, hasta ahora centrado en el grupo gobernante, hacia otros grupos y diversificar sus contactos. Al mismo tiempo, Rusia necesita deshacerse de una serie de percepciones negativas de la primavera árabe que suponen una “carga”. Concretamente, la idea de que es una "provocación de los EE UU y Occidente", y de que el resultado es una "victoria de los islamistas radicales".

 

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La primavera árabe: implicaciones para Rusia

La transformación política ocurrida en los países de la “primavera árabe” ha dado lugar a una reducción de la presencia de Rusia en los mismos.

Cabe señalar que, a una escala similar, otros grandes actores internacionales y regionales también han perdido peso: Estados Unidos, la Unión Europea, Arabia Saudí y China. Aunque todos estos países conservan todavía un elemento clave de su “poder blando”, es decir, a ojos del mundo árabe, su modelo de desarrollo resulta atractivo, un faro hacia el que navegar . Sin embargo, la Rusia de hoy ha dejado de contar con este recurso, que antes poseía con la Unión Soviética.

Pero lo más importante radica en la naturaleza misma de la política rusa en Oriente Próximo. Inicialmente se centró exclusivamente en las relaciones con los regímenes en el poder y además, carece de flexibilidad conceptual e informativa. En la última década esta política ha vuelto a la confrontación con los Estados Unidos y otros países occidentales, y ha limitado el alcance de sus éxitos, que en mayor parte se reducen a la cooperación técnico-militar. 

Todavía se está definiendo la política internacional y regional de los países de la primavera árabe y los “jugadores” externos aún no se han posicionado de manera firme. Me refiero, en primer lugar, a los países occidentales. Una cosa es apoyar al movimiento de protesta; otra, construir relaciones con los países árabes en clave de igualdad.

También hay que señalar que el papel característico de Occidente, de ejercer un “liderazgo” en los procesos políticos en los países árabes, puede molestar a los líderes nuevos.

Todo esto otorga una posibilidad a Rusia, para la que es importante actuar de manera rápida y eficiente. 

La estrategia ideológica y de imagen de Rusia en Oriente Próximo

Resulta importante la creación de un claro sistema que señalen el compromiso de Rusia con ciertos valores. Este marco ideológico y la estrategia de una nueva imagen debe dirigirse no sólo a los países de la primavera árabe, sino a toda la región. 

En la base estaría la siguiente 'imagen con tres caras': soberanía, justicia y desarrollo. 

'Soberanía':  según este principio, ni la globalización ni los conflictos con intervención extranjera deberían devaluar el principio de la soberanía del Estado: después de todos los conflictos, las tropas extranjeras deben retirarse.
'Justicia': según los analistas de los medios de comunicación, fue la palabra más utilizada en el transcurso de las manifestaciones de masas en todos los países de la 'primavera árabe'.
'Desarrollo': término relacionado con el espíritu de renovación,  fue utilizado después de la 'primavera árabe', se refiere a la liberalización de la sociedad en general. 

La diplomacia pública

Sería importante establecer, de forma prudente y comedida, un “nuevo comienzo” en lo que se refiere a contactos con los nuevos dirigentes de los países árabes.

En este sentido, sería conveniente la participación de representantes de diferentes ámbitos de Rusia, científico y técnico entre otros, para desarrollar nuevas formas de cooperación con los países árabes de una manera que podría interesar a la nueva élite. 

El desarrollo del intercambio de información

También será útil que los medios de comunicación rusos que trabajan en la región revisen el contenido de su información, eliminen la propaganda directa y la información manipulada, dado que hay mucha desconfianza respecto a los medios rusos entre el público árabe. 

El objetivo no debería ser conseguir una buena imagen, sino suministrar información fidedigna, basada en el asesoramiento de expertos en diferentes campos, como la política, la ciencia o la cultura.

La inclusión de "poder blando"  en el arsenal de prioridades para la política exterior de Rusia en la construcción de nuevas relaciones con las élites árabes es una necesidad obvia. 

Resulta complicado hablar de los resultados y de la velocidad de estos logros, entre otras razones porque la 'amabilidad absoluta' hacia Rusia ha sufrido un vuelco en esta zona. La nueva élite no confiará en Rusia como un socio extranjero prioritario, sino como patrocinador económico. 

He aquí un esbozo de los puntos de posible interacción real, en el marco de lo sucedido en Siria. Por lo tanto, aún con los mayores esfuerzos en relaciones públicas de Rusia, el retorno masivo de turistas rusos a la región y el potencial desarrollo de la predisposición psicológica del país, no se conseguirá una imagen atractiva de Rusia, mientras ésta no sea compatible con las realidades políticas nacionales y extranjeras. 

El informe "Rusia y la 'nueva elite' de la Primavera árabe: oportunidades y perspectivas de cooperación" ha sido elaborado por expertos del Consejo Ruso de Asuntos Exteriores, bajo la dirección de Alexander Shumilin, licenciado en Relaciones Internacionales, y jefe del Centro de análisis de conflictos en Oriente Medio de la Academia Rusa de las Ciencias. 

Esta es una versión reducida. Lea el original en ruso en Consejo Ruso de Asuntos Exteriores.