Rusia es un país normal

Trabajo, miedo, seriedad, preocupación, incertidumbre, dificultades, Rusia, libertad de expresión, corrupción, pánico. Fuente: PhotoXpress

Trabajo, miedo, seriedad, preocupación, incertidumbre, dificultades, Rusia, libertad de expresión, corrupción, pánico. Fuente: PhotoXpress

Tanto los intelectuales de izquierda como entre lo de derecha tienden a demonizar Rusia.

Extrañamente, la frase "Rusia es un país normal" les suena como un insulto personal a muchos rusos. Y para muchos occidentales, suena a paradoja o a propaganda financiada por el Kremlin. La demonización de Rusia en los medios occidentales no es una conspiración, ni una intriga masónica financiada por la CIA. Es una moda. 

Un intelectual occidental debe obligatoriamente ser de izquierdas. Debe defender las “minorías sexuales”, tener compasión por los pueblos de África y por el Dalai-Lama, condenar el imperialismo occidental, Israel y la “dictadura de Putin”. 

El conservador occidental se niega a lamentar el terrible destino de las minorías sexuales, pero se siente obligado a evocar la “amenaza islámica” y el “socialismo de Obama", debe proteger los “valores tradicionales occidentales” y puede defender a Israel. Pero él condena la “Rusia de Putin” igual que su adversario de izquierdas. 

La enumeración “Rusia- mafia- funcionarios corruptos- borrachos- valerosos luchadores contra la dictadura- pueblo pasivo y sufriente” es un cliché. Es como juzgar los EE UU basándose en Pulp Fiction. 

Por supuesto, en Rusia hay mafia y alcohólicos. Pero no hay más sin techo que en París. Los índices de criminalidad son más elevados que en Europa e incluso que en EE UU, pero es solo una estadística. Allí la medicina y la ecología son peores que en Europa. 

La fiscalidad mejora. El servicio y el consumo más o menos también. Las posibilidades de hacer carrera y ganar dinero son mejores. 

Depardieu ciudadano ruso”  es un indicador interesante. Él nos aventaja en una cosa: puede

comparar. Él conoce la situación en Francia. Así, comparando, por ejemplo, los burócratas europeos, los impuestos de la Unión Europea y la burocracia rusa, él elige Rusia. Depardieu no está en posesión de la verdad absoluta, pero su “elección” indica que, en algunos aspectos, nuestra realidad no es peor. 

La frontera entre la UE y Rusia no es un telón de acero ni una barricada. Hay una migración constante de una y otra parte. En 2010, según Rosstat, 3.700 personas se fueron a Alemania, 1.400 a EE UU y 900 a Israel. En 2010, 2.600 alemanes establecieron su residencia permanente en Rusia, 650 estadounidenses y 800 israelíes. 

Los occidentales que viven en Rusia saben que la imagen de nuestro país en los medios de comunicación es una caricatura. Incluso dentro de nuestras fronteras, estamos acostumbrados, bien a presumir sin reserva alguna de “la grandeza de la patria”, bien a rasgarnos las vestiduras y lamentarnos de “este país de idiotas”. 

Sí, es cierto que nuestra vida política muestra diferencias cualitativas con la de Occidente. No hay la misma igualdad, ni la misma libertad de expresión. Pero tampoco tenemos el monopolio de la democracia dirigida. Fijaos en las dinastías Bush o Clinton. La manipulación en Occidente es más refinada que aquí. Y, sin embargo, Putin fue elegido por una mayoría de rusos. 

¿La razón? Se come mejor, hay más tranquilidad y somos más libres que nunca. ¿Es gracias a él o no? Podríamos discutirlo hasta el infinito. 

Leonid Radzijovski es politólogo. 

Publicado originalmente en ruso en  Rossíyskaya Gazeta.