Buscar una solución a la incógnita Siria

Dibujo de Niyaz Karim.

Dibujo de Niyaz Karim.

Mientras la guerra en Siria sigue cobrándose cada vez más víctimas, los occidentales insisten en que la única posibilidad de evitar los conflictos religiosos y el caos es aprobar una resolución del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas para la creación de un gobierno provisional garantizado por una “fuerza externa seria”. Sin embargo, Rusia, que tiene sus propios intereses económicos, parece ser un obstáculo, ya que se ha asociado con Irán y China para proteger a su aliado y cliente Bashar Al-Assad.

En realidad no es tan sencillo. Para empezar, ninguno de los jugadores internacionales o regionales desea asumir la responsabilidad de la situación en Siria después de la presunta caída del régimen actual o, en otras palabras, convertirse en esta “fuerza externa seria”. Los estados del Golfo no disponen de poder militar. Turquía, que posee el segundo mayor ejército de la OTAN, no se ha mostrado dispuesta a asumir la carga de su participación en un conflicto que, probablemente, tardará años en apaciguarse y que podría provocar una confrontación violenta con los kurdos.

Estados Unidos y Europa han declarado abiertamente que no quieren ser arrastrados a un “nuevo Irak o Afganistán”. El jefe de la OTAN, Anders Fogh Rasmussen dijo al EUobserver que una intervención militar extranjera podría no sólo no ser la solución al conflicto, sino incluso “empeorar las cosas”. “Creo firmemente que cualquier intervención militar extranjera tendría repercusiones impredecibles, porque la sociedad siria es muy compleja a nivel político, étnico y religioso, y el contexto regional es muy, muy complicado,” apuntó Rasmussen.

Occidente también debe tener en mente que es muy probable que los propios sirios no reciban a las tropas extranjeras en su territorio con los brazos abiertos. Ni tan solo la oposición pide una intervención, pues es consciente del sentimiento negativo de la población frente a tales acciones.

Bajo estas circunstancias y para evitar más violencia, son preferibles los cascos azules o una fuerza árabe conjunta ampliamente autorizada. El enviado para las Naciones Unidas y la Liga Árabe en Siria, Lakhdar Brahimi, mencionó el posible despliegue de las fuerzas de paz. El jefe de las fuerzas de paz de la ONU, Herve Ladsous incluso reconoció que “en determinados escenarios, se nos llama para ayudar a participar en la estabilización del país y apoyar el proceso político”. No obstante, una imposición de paz al estilo que se utilizó en Yugoslavia es poco probable. De modo que las partes deben acordar su aplicación primero.

La búsqueda de una solución dialogada

El Acuerdo de Taif de 1989, que acabó con la guerra civil del Líbano, demostró que incluso tras confrontaciones de décadas es posible establecer la paz. Pero ese acuerdo se logró, entre otras cosas, porque los actores externos que apoyaban  a los principales grupos libaneses también querían la paz y estaban dispuestos a ceder en algunas de sus ambiciones.

El Sr. Brahimi aconseja remitirse a los acuerdos firmados en Ginebra en junio de 2012 como marco para la estabilidad. Moscú comparte esta postura. Además, Rusia está dispuesta a apoyar la resolución de la ONU basada en las soluciones de Ginebra, si la votación en el Consejo de Seguridad va precedida de un acuerdo entre Assad y la oposición.

Entretanto, el Ministerio ruso de Asuntos Exteriores admitió que no ve perspectivas de mejora en la situación de Siria. Según el viceministro, Gennady Gatilov, uno de los motivos de ello es que los países occidentales y sus aliados no trabajan de la manera adecuada con la oposición.

Moscú ha puesto en evidencia su recelo frente a la oposición Siria. Tal como lo expresó el ministro de asuntos exteriores, Serguéi Lavrov, “no hay ningún equipo de negociación por parte de la oposición, y esta coalición incluye demasiados grupos diferentes como para ponerse de acuerdo en una delegación unificada”. Los diplomáticos rusos recuerdan perfectamente el fracaso del alto al fuego del año pasado, que fue ignorado por varios grupos armados. Además, los representantes del Consejo Nacional de Siria causaron una impresión negativa, ya que ejercitó vastamente la retórica propagandística, pero no fue capaz de sugerir ninguna solución concreta durante su visita a Moscú.

Resolver el conflicto sin escatimar esfuerzos

Sin embargo, Rusia no abandona de momento el diálogo con los adversarios de Assad. Está tratando de descubrir qué valor tienen y si pueden o no mantener sus promesas. Durante la conferencia de seguridad de Munich, el Sr. Lavrov insistió personalmente al jefe de la Coalición Nacional de la oposición, Ahmed Moaz al-Khatib, en invitarle a Moscú. El embajador ruso de la ONU, Vitaly Churkin, dijo que Moscú estaba preparado para contactar también con los representantes de la oposición que planean abrir oficinas en Nueva York y Washington. Mientras, Rusia proporciona ayuda humanitaria a los refugiados sirios. Durante su reunión con el líder libanés, Michel Suleiman, el presidente Vladímir Putin prometió ayuda financiera y humanitaria a los refugiados del Líbano. 

Muchos países quieren que Rusia fuerce la marcha de Assad. Pero se olvidan que detrás del presidente sirio se erige una gran muchedumbre armada que no le dejará rendirse, ni le abandonará a merced de los victoriosos. Así que, incluso si Moscú cortara su apoyo a Assad, él no claudicaría sin una clara perspectiva de acuerdo aceptable y garantías de seguridad para 2 millones de alauitas.

Además,  Rusia tiene miedo de que, a falta de un acuerdo entre Assad y la oposición, una resolución de la ONU pueda convertirse en una excusa para una campaña militar al estilo libio, que podría colapsar el estado existente sin dar paso a uno nuevo. La experiencia de Líbia demostró que occidente y sus aliados tienden a lavarse las manos y dejar al país entero a la deriva. En el caso de Siria, ello llevaría a un baño de sangre religioso mucho peor que el de Irak entre los años 2005-2007.

Nikolái Surkov es profesor adjunto en el Instituto Estatal de Asuntos Exteriores de Moscú.