Obama: un Gorbachov estadounidense

Ilustración de Niyaz Karim.

Ilustración de Niyaz Karim.

Si comparamos a Barack Obama con Gorbachov, entonces también se podría establecer una analogía entre Vladímir Putin y Ronald Reagan. A pesar de las dificultades internas y de las debilidades de EE UU, Obama se ha ofrecido para acercarse a Rusia y convertir el 'reinicio' de las relaciones ruso-americanas en una nueva 'perestroika'.

El 44º presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, pronunció la semana pasada su discurso anual sobre el estado de la nación ante el Congreso. Por primera lo hizo no como partidario del consenso ni como creador de compromisos interminables, sino como un liberal consecuente y firme enemigo de la mayoría conservadora del partido republicano.

Durante el discurso, Obama exigió una subida de impuestos, insistió en la preservación de importantes programas sociales, llamó a la limitación del libre acceso a las armas enumerando los nombres propios de algunas de las víctimas de la Segunda Enmienda y por último (y lo más importante), ha prometido retirar las tropas de Afganistán en 2014, marcando de facto el fin de una guerra de 12 años de duración contra el terrorismo internacional.

No sólo se trata de que Obama haya declarado que Al-Qaeda o cualquier otra organización con fines parecidos ya no represente una amenaza para los Estados Unidos, sino que ha dado a entender que para el país norteamericano ya no existe necesidad alguna de una intervención militar para evitar una amenaza terrorista.

De algunas de las frases de Obama se puede incluso deducir que la influencia en el régimen sirio se limitaría a un carácter exclusivamente diplomático y que la intervención en la guerra civil libia no sentaría un precedente para resolver la situación en Siria.

 

En definitiva, Obama ha ido demasiado lejos en estos temas con el único objetivo de ganarse el odio de los neoconservadores e imperialistas dentro de casa y de los que esperaban su ayuda desde fuera de los Estados Unidos.

Bien sea la recepción a crédito del Premio Nobel de la Paz, o por las convicciones personales del inquilino de la Casa Blanca, Obama hace justicia al apodo de “Gorbachov estadounidense”, que por alguna razón se dejó de emplear justo cuando empezaban a surgir auténticas razones para esta comparación.

Y, de hecho, las analogías son sorprendentes. Gorbachov retiró las tropas de Afganistán durante el quinto año de su estancia en el poder, Obama planea hacer lo mismo, y también cinco años después de su primera investidura.

Gorbachov llamó a la reducción del potencial nuclear dando una serie de concesiones unilaterales a los Estados Unidos. Obama, evidentemente, no da estas concesiones, porque nadie se lo permitiría. No obstante, continúa e incluso está iniciando un diálogo con Moscú en el ámbito de la reducción de armamento muy difícil para él.

Está claro que Putin no impone demasiado a Obama y que Reagan le gustaba más a Gorbachov. Siempre quiso ver en Gorbachov no a un marxista secular, sino a un hombre creyente en el fondo de su alma. Es posible que para Putin Obama sea demasiado liberal, es decir, demasiado secular. También supongo que tiene demasiadas razones para cuidarse de Obama y sospechar que todo ese 'reinicio' de las relaciones, que recuerda más que nada a nuestra 'perestroika', no sea en realidad un tipo de 'investigación' secreta.

Aunque el círculo republicano de Reagan al principio opinaba lo mismo de Gorbachov.

Según escribe el periodista norteamericano James Mann en su magnífica investigación La rebelión de Ronald Reagan, todos los gurús del llamado realismo (tanto Kissinger como Nixon o el general Scowcroft), que se llevaron bien con el conservador Brézhnev, aconsejaron a Reagan que tuviera cuidado con el joven y popular Gorbachov y que no pactara con él en negociaciones de largo alcance.

Y sobre todo, que no sucumbiera a los peligrosos encantos del secretario general más liberal. Reagan desoyó todos estos consejos, se rebeló dentro su propia casa, se acercó a la Unión Soviética de Gorbachov y acabó ganando la Guerra Fría.

Hoy también aconsejan constantemente a Putin que se cuide de cualquier provocación de la aparente 'retirada' de Obama. Le animan a ver en esta 'retirada' una especie de maniobra astuta y hábil que de tener éxito llevará al colapso de Rusia y a la llegada al poder de los opositores de la plaza Bolótnaya.

Teníamos tanto miedo de una repetición de la perestroika en nuestro país que no nos creíamos que pudiera darse al otro lado del océano por las mismas razones por las que se dio en la URSS: extralimitación imperial o exigencias de reducción de las obligaciones militares para solucionar los actuales problemas económicos y sociales.

Esto no significa que Estados Unidos vaya a sufrir una desintegración territorial o una crisis económica, ni que el país ceda su posición de superpotencia, incluso de potencia en solitario.

Por ahora sólo se puede hablar de una retirada temporal de esta posición, y no de una huida en estampida, algo que nosotros sí hicimos en nuestra propia “época de cambios”.

Y en la actualidad el líder ruso tiene una estupenda oportunidad para jugar el papel del Reagan ruso, de no retirar su apoyo a su socio ligeramente debilitado que ya no duda en reconocer sus propias debilidades y flaquezas.

Y si se me permite fantasear, se podría sumergir al presidente norteamericano en el ambiente de aprecio general que despierta en Rusia, aunque sólo sea para volverlo… más predispuesto hacia nuestro país y más sensible a sus intereses.

Texto publicado originalmente en ruso en Izvestia.