Actualizando el concepto de Eurasia

En Rusia, generalmente se cree que Eurasia está conformada por el territorio postsoviético. Incluso el proyecto integrador que Moscú ha estado impulsando de forma activa en los últimos cuatro años se denomina Unión Euroasiática. Sin embargo, la interpretación de Eurasia como el territorio del antiguo Imperio Ruso y la Unión Soviética ha quedado obsoleta.

 

Dibujado por Natalia Mijáilenko. Haz click en la imagen para aumentarla

La “pequeña Eurasia” de la Rusia Imperial y la Unión Soviética tan solo es una porción de la vasta, aunque cada vez más poblada, región que seguramente se convertirá en el centro del desarrollo mundial del siglo XXI. Es necesario pensar con amplitud, considerando a la región entera, a fin de comprender el nuevo contexto geopolítico.

En los albores del siglo XXI, Eurasia (que siempre había sido una noción fundamentalmente geográfica) se transformó en un concepto económico, político y estratégico cada vez más interconectado en el contexto de la globalización. Dentro de Eurasia, observamos cómo el peso y el papel de los componentes claves de la región más grande del mundo están cambiando.

Principalmente, el centro dinámico de la región está trasladándose hacia el este, mientras que la zona de conflicto, real y potencial, está trasladándose hacia el sur y el este.

Dicha circunstancia posee consecuencias de gran alcance para todos los países, aunque especialmente para Rusia: el país cuenta con fronteras comunes con todas las fuerzas de Eurasia y, por primera vez en 20 años, está intentando ser otra vez un actor activo en la zona.

El surgimiento de una “nueva Eurasia” demanda que se actualicen conceptos establecidos. La caída del sistema soviético a comienzos de los 90 trajo consigo una importante redistribución del poder en Eurasia. Aparecieron muchos “vacíos de poder”.

Los Estados Unidos, que surgieron como la única superpotencia a finales de la Guerra Fría, se convirtieron en un actor activo en el territorio del antiguo imperio soviético. Al este de la región, un nuevo gigante económico —China— está creciendo a pasos agigantados.

El hecho de que China, Europa, la India y Rusia estuviesen preocupados por sus problemas internos dejó a EE UU como el único actor dinámico de Eurasia. En los años 90, Washington fortaleció sus posiciones en Europa a través de la expansión de la OTAN: la alianza colectiva de seguridad pasó de ser una organización de defensa regional a una estructura para operaciones fuera de la región.

La década de 2010 trajo una tendencia más bien novedosa. Los problemas financieros trajeron aparejados no solo el estancamiento del presupuesto de defensa estadounidense, sino el comienzo de su contracción.

La participación estadounidense en los conflictos eurásicos claramente está en descenso. El país está virando hacia Asia y el Pacífico “para hacer frente a China”, lo cual significa que los recursos se están concentrando para responder al desafío que representa Pekín para el dominio estadounidense en Asia Oriental y el Pacífico Occidental.

Consecuenciasdelaexpansiónchina

La relación entre Washington y Pekín, importantes socios comerciales y, a su vez, rivales geopolíticos, se ha convertido en la relación bilateral con mayor relevancia del mundo moderno, alrededor están comenzando a girar Eurasia y, en gran medida, la política mundial.

Las crecientes ambiciones de China, respaldadas por el fortalecimiento de su ejército, no solo han complicado las relaciones con los Estados Unidos, sino que también han incrementado en forma notoria las tensiones entre Pekín y sus países vecinos: Japón, la India, Vietnam y Filipinas (todos países con una relación comercial cercana y de larga data con China).

En el futuro podrá observarse una creciente influencia de China sobre aquellas regiones ricas en recursos necesarios para la economía del país asiático: Oriente Medio, Asia Central, rutas de tránsito estratégicamente importantes del golfo de Adén al estrecho de Malaca y, más adelante, la ruta marítima del Norte a través del Ártico.

Japón dejó de ser estratégicamente independiente en 1945, escondiéndose bajo la protección de los Estados Unidos. Sin embargo, con China en constante crecimiento, ya no basta con confiar en Washington.

Hacia finales de la década de los 90, el entonces primer ministro japonés Hashimoto propuso la idea de una política exterior euroasiática, no como contrapeso, sino como un agregado a la alianza japonesa-estadounidense, que Tokio aún considera clave.

En las condiciones actuales, la política “euroasiática” de Japón podría adquirir un elemento estratégico igual de importante. Objetivamente, las realidades geopolíticas  motivan a Tokio a transformar sus relaciones con Rusia de manera positiva.

Gracias a sus logros comerciales, Corea del Sur ha alcanzado un nivel en donde su política exterior está comenzando a expandir sus fronteras con rapidez, y dichas fronteras incluyen a Eurasia.

Los especialistas, así como una cantidad de políticos de Seúl, están debatiendo la posibilidad de desarrollar lazos políticos y económicos con Rusia como un modo de complementar su alianza con los Estados Unidos, así como su integración con China y Japón.

En sus 45 años de existencia, la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ANSA) ha surgido como un eficaz modelo de integración económica, política y cultural, única en su especie, en Asia.

La ANSA incluye a Indonesia, que podría ser otra gran potencia asiática. Hasta ahora, no obstante, la asociación ha sido una comunidad de pares. Los países de la ANSA han creado un foro regional del cual los Estados Unidos, China, la Unión Europea y Rusia son socios.

India se encuentra inmersa en un difícil período de emergencia como centro de poderío regional. En la actualidad, continúa siendo un poder regional en Asia del Sur; sin embargo, Nueva Delhi obviamente busca ir más allá de estos límites. El país ha planteado un reclamo por un papel más importante en asuntos mundiales, si bien la clase política del país aún debe crear una jerarquía de intereses, una distribución de recursos y una estrategia que acompañe este nuevo papel.

En el contexto de la revolución islámica en Medio Oriente que comenzara en 2011, Turquía está desempeñando un papel más importante y asumiendo mayores responsabilidades. La incapacidad de la UE para integrar a Turquía (o, al menos, de elaborar una política coherente con respecto al país) ha demostrado que Europa es incapaz de mostrarse como un actor estratégico. Berlín ha estado intentando desempeñar un nuevo papel en las relaciones con Moscú, Pekín, Ankara y otras capitales. Es probable que Gran Bretaña ocupe una posición intermedia entre la nueva “Europa ajustada” y los Estados Unidos.

DimitriTrenindirigeelCentroCarnegiedeMoscú.

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