Ainhoa Arteta: "Mi debut en el Bolshói es como salir por la puerta grande"

La soprano española Ainhoa Arteta asegura que debutar en el Teatro Bolshói junto a su amiga y admirada Anna Netrebko tras casi tres décadas de carrera es "como salir por la puerta grande"

"Manon Lescaut es el título de la ópera y yo soy Manon ¿Qué más le puedo pedir a la vida?. Entrar en el Bolshói de esa manera. Estoy viviendo un sueño", comentó Arteta en su camerino en víspera del ansiado estreno.

A sus 50 años, la cantante reconoce que la invitación de la catedral del ballet le sorprendió "gratamente", aunque no la considera "casual", ya que tiene a sus espaldas una larga carrera internacional.

"Para mí será un momento importante, histórico en mi carrera. Espero volver, pero si no es así, por lo menos ya habré venido una vez. He estado en el Bolshói. He cantado a gusto", señaló.

La artista vasca lleva más de un mes ensayando en el escenario moscovita, una experiencia que califica de "difícil", pero "gratificante", ya que dice haber aprendido "muchas cosas".

"Ahora ya me llaman Aniushka. Fíjate, ya no soy Ainhoa. Ha sido una gran experiencia", dice con un vestido rojo, "muy ruso", antes de echarse una merecida siesta.

Como muestra, un botón, ya que poco después de terminar el ensayo, el director le hizo volver a cambiarse de ropa y regresar al escenario para cronometrar, "como en las Olimpiadas", el tiempo que tarda en cambiarse de vestido en el entreacto.

Describe al Bolshói, teatro situado a unos pocos cientos de metros del Kremlin, como "una gran familia" en la que trabajan "dos mil personas".

"Es un teatro inmenso. Yo creo que es uno de los más grandes del mundo, si no el que más. Venir a los ensayos y estar rodeado de esos bailarines y bailarinas, que son auténticas bellezas de artistas, es algo inolvidable", señaló.

Considera que "Manon Lescaut" es "un papel complicado desde el punto de vista vocal y emocional" y la producción es "arriesgada y moderna".

"Ha habido un trabajo muy profundo. Ésta es la cuna del método Stanislavski. Me he preparado muchos años con el método Stanislavski en EEUU. Trabajar con ellos ha sido uno de los lujos más grandes", destaca.

Precisamente, Arteta considera que Manon es "uno de los roles más emblemáticos" de su carrera, aunque paradójicamente "nunca" pensó que lo llegaría a hacer.

"Pero son cosas de la evolución vocal y emocional de una cantante. Y ahora estoy en la edad y en un momento bueno para acometer este rol. Llevo ya cuatro años con él y cada vez es una satisfacción inmensa", dice.

Se declara enamorada de la pieza, ya que "la música es una locura", y "es un regalo para alguien al que le gusta la actuación", como es su caso, y recuerda que Puccini dedicó dos años y todo su talento en componerla.

"Imagínate que cada nota, pasaje y momento instrumental están pensados y repensados", apunta Arteta, a la que el papel le llega en un momento de "madurez" en el que la "ambición" ha dado paso al "relax" y en el que está "muy segura" de su técnica.

Está doblemente feliz por el hecho de alternarse en el Bolshói con Netrebko, "una gran amiga y una gran cantante", con la que comparte camerino, y a la que considera que, "ya ha entrado en el olimpo de las cantantes de ópera".

"Habrá habido María Callas y Renata Tevaldi. Pero Netrebko es un fenómeno vocal y escénico. Netrebko sólo hay una. Son ya quince años largos que la conozco", dijo.

Con todo, destaca por encima de todo, no sus cualidades vocales, sino las humanas, ya que considera a la rusa "una persona buena, sincera y abierta" con la que he compartido muchos momentos.

"Es una gran persona y no sólo una gran cantante", apuntó.

Se confiesa "impresionada" por el "cariñoso" recibimiento que ha tenido en Rusia, cuando pensaba que no la conocía "nadie", quizás porque no le "asusta" el trabajo, fiel al dogma que le inculcó su padre, "el espíritu de sacrificio", algo que odiaba de niña.

"Eso es algo que me ha valido mucho y aquí en el Bolshói, sobretodo. Esa frase la pondría en la entrada del teatro grabada a fuego. Aquí la gente tiene un espíritu de sacrificio elevadísimo y así las cosas salen a unos niveles rozando la excelencia casi siempre", insiste.

Lo peor de su estancia en la capital rusa es la añoranza de sus hijos, aunque añade a renglón seguido que "hay experiencias en la vida que merecen la pena el sacrificio".

"Y una de ellas es estar aquí. Muchas veces, muchos días me decía a mí misma: ¿pero te das cuenta que estás en el Bolshói?. Cuando era pequeña soñaba, sobre todo con el ballet", sentencia.

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