Putin movió ficha en el complejo tablero sirio

Aislado aún por Occidente por su papel en la crisis de Ucrania, el presidente ruso, Vladímir Putin, movió ficha en el complejo tablero sirio ordenando una intervención aérea contra el terrorismo yihadista, una operación que poco después provocaría una crisis sin precedentes entre Rusia y Turquía.

El 30 de septiembre y a petición, según se informó, del presidente sirio, Bachar al Asad, aliado de Moscú, Putin ordenó el comienzo de los bombardeos sobre posiciones del autodenominado Estado Islámico (EI) en Siria, donde ya actuaban militarmente otros actores externos.

"Nos metemos en este conflicto de cabeza. Para empezar, apoyaremos al Ejército sirio exclusivamente en su legítima lucha contra los grupos terroristas. Ese apoyo se efectuará desde el aire, sin participación en operaciones terrestres", dijo el jefe del Kremlin.

El movimiento de Rusia en el cada día más enredado ajedrez sirio provocó inmediatamente las críticas de Occidente y sus aliados árabes, como Arabia Saudí, que acusaron a Moscú de lanzar la operación solo para salvar a su protegido, Al Asad.

Desde el principio, el líder del Kremlin trató de convencer a Estados Unidos y sus aliados de la necesidad de crear una amplia coalición internacional para enfrentarse a quien es el verdadero enemigo mundial, el terrorismo yihadista, como Moscú repetía insistentemente.

Ante la Asamblea General de la ONU, donde intervino después de diez años de ausencia, Putin lanzó esa iniciativa con la que intentó reeditar el éxito diplomático de dos años antes, cuando logró frenar una intervención estadounidense en Siria y obligar al régimen de Damasco al desarme químico.

La propuesta esta vez cayó en saco roto, debido a la profunda desconfianza asentada entre los socios occidentales y Rusia como resultado de la crisis ucraniana y por las discrepancias en torno a cuestiones de Siria, como la suerte de Al Asad.

Las capitales occidentales y sus aliados árabes acusaron a Moscú de atacar posiciones de la oposición moderada siria para salvar al régimen de Damasco, mientras el EI amenazó a Rusia con vengarse por sus bombardeos aéreos.

Paralelamente, el Kremlin apoyaba activamente las negociaciones en Viena para abrir la puerta a un proceso de arreglo político en Siria, encuentros a los que se sumó la veintena de países que tienen algo que decir sobre el conflicto y que, de nuevo, tuvieron su principal discrepancia en la figura del presidente sirio.

El 31 de octubre, un avión ruso de pasajeros con 224 personas a bordo entre turistas y tripulación se estrelló en la península egipcia del Sinaí poco después de despegar de Sharm El Sheij, en su ruta hacia San Petersburgo.

Y el 13 de noviembre, varios comandos yihadistas sembraron el terror en París con unos atentados casi simultáneos que dejaron 130 muertos y más de 300 heridos.

Poco después, Putin se rendía a la evidencia y reconocía que una bomba colocada por terroristas hizo estallar en pleno vuelo el Airbus ruso en Egipto.

Paradójicamente, los terribles acontecimientos dieron la razón al jefe del Kremlin, quien afirmó: "Estamos obligados, algo que debíamos haber hecho hace tiempo, a unir nuestros esfuerzos en la lucha contra este flagelo".

Tras los atentados de París, el conmocionado presidente francés, François Hollande, ofreció a Putin formar parte de una coalición única para luchar contra el Estado Islámico y coordinar las acciones militares en Siria.

Pero poco después el derribo por parte de Turquía de un bombardero ruso que sobrevolaba la frontera siria, alegando que había violado su espacio aéreo, añadía un nuevo elemento de confusión a un conflicto trufado de intereses espurios.

Moscú y Putin, personalmente, acusaron al presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, y a varios de sus familiares de apoyar el terrorismo yihadista y de beneficiarse de un lucrativo negocio con el petróleo robado por el Estado Islámico en Siria e Irak.

"Sabemos quiénes en Turquía se llenan los bolsillos con el crudo robado y permiten a los terroristas ganar dinero", afirmó Putin en su tradicional discurso sobre el estado de la nación, centrado en la crisis con Turquía y el terrorismo internacional.

Con su arriesgado movimiento en Siria, Putin ha logrado quitar hierro a la implicación de Rusia en la crisis de Ucrania, pero el cada vez más agrio enfrentamiento diplomático con Turquía, miembro de la OTAN, amenaza con abrir un nuevo frente con Occidente.

 

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