Rusia-Latinoamérica, historia de reencuentros

El creciente interés en el fomento de las relaciones con Rusia y en los procesos que acontecen en América Latina se conjuga con la inexorable necesidad de avanzar hacia vínculos más sólidos, multifacéticos y cualitativamente superiores.

La historia de los lazos datan de antes de la independencia americana, como testifican los archivos de la presencia en el Imperio ruso del precursor independentista Francisco de Miranda (1786-1787).

Prueba de ello fue el grado de coronel que le confirió la emperatriz Ekaterina la Grande y un salvoconducto como súbdito de su corona para que recibiera atención de todas las embajadas rusas en el mundo y de esa forma evitar la persecución del espionaje español.

El interés en el continente, desde el río Bravo hasta la Patagonia, quedó igualmente plasmado en las crónicas de viajeros rusos, expedicionarios y navegantes en las exploraciones por Centroamérica y América del Sur y en la vasta cartografía con topónimos locales.

Diarios, relatos, dibujos, mapas y hasta artefactos arqueológicos y evidencias etnográficas completaron desde el siglo XIX los fondos del entonces más grande Museo de Etnografía y Antropología de Rusia, Pedro El Grande o la Cámara de las Curiosidades (Kunstcamer), en San Petersburgo.

La centuria marcó un hito en el establecimiento de las relaciones diplomáticas de la Rusia zarista con naciones recién emancipadas, entre las que descuellan Brasil (187 años, desde 1828); Uruguay (158), Argentina (130) y México (125).

En el siglo XX investigadores y políticos soviéticos fueron al reencuentro con una región, atractiva por sus vastos recursos naturales pero en el epicentro geoestratégico de juegos de influencias y equilibrio de fuerzas, bajo el trasfondo de un largo período de confrontación de Estados Unidos con la extinta Unión Soviética.

Esos y otros factores contribuyeron a los matices y altibajos de los vínculos ruso-latinoamericanos, hasta el surgimiento de nuevas premisas.

MIRADAS DESDE ADENTRO

La renovada concepción de la política exterior, suscrita por el presidente Vladimir Putin en 2013, colocó a las relaciones con América Latina entre las prioridades de Rusia en la arena internacional.

El Parlamento (cámara baja) dedicó una audiencia especial a la actualización del tema sobre la cooperación con Latinoamérica, la primera en más de una década, y la Cancillería apresuró los contactos con la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac).

Durante la inauguración del Segundo Foro Rusia e Iberoamérica en el mundo globalizado, celebrado recientemente en San Petersburgo bajo los auspicios de la Universidad Estatal y el Gobierno de la ciudad, el vicegobernador Alexander Govorunov sentenció que la temática central del evento ratificaba el interés de académicos y políticos en los procesos del continente.

Recordamos acontecimientos históricos y brillantes páginas de la historia latinoamericana, acentuó Govorunov, al evocar al libertador Francisco de Miranda, cuyo monumento en esa urbe glorifica su figura en similar dimensión que los héroes locales.

Para el vicecanciller Serguei Ryabkov, el ilimitado potencial y la diversificación dibujan el estado actual de los nexos, aunque con un amplio diapasón en las dinámicas de interacción.

Solo apenas estamos concretando decisiones, ampliando y diversificando las relaciones económicas y políticas, reflexionó Ryabkov, encargado de los asuntos del hemisferio occidental en la Cancillería.

Destacó las alianzas con algunos países de "manera intensa" en temas de la agenda global como el fortalecimiento del derecho internacional, el papel rector de la ONU como garante de la paz y la seguridad mundiales.

Ryabkov encomió los avances recíprocos en materia de exención de visados, en tanto factor determinante de la dinámica de las relaciones, y remarcó el propósito de Moscú de convertir a América Latina en una zona libre de visado para Rusia.

UN CAMINO POR DESBROZAR JUNTOS

"Nos estamos reencontrarnos después de décadas difíciles. Hay mucho por hacer, pero no estamos en crisis, ni Rusia, ni América Latina", consideró el embajador de Uruguay, Anibal Cabral, en un panel acerca de las perspectivas de las relaciones en circunstancias complejas de la arquitectura mundial.

Con un diálogo político fluido con todos los socios, los vínculos económicos y comerciales generan permanentes expectativas, y por lo visto representan el "talón de Aquiles" en el conjunto de la interacción ruso-latinoamericana por el desfase en la balanza comercial.

Estamos trabajando solo en el intercambio de bienes y deberíamos hacerlo también en servicios e inversiones, exhortó Cabral al sugerir mecanismos de intercambios también con la recién instituida Unión Económica Euroasiática, de la cual forman parte Armenia, Belarús, Kazajstán, Kirguistán y Rusia.

Por lo general, los alimentos componen la estructura del comercio, de un lado (América Latina), y petróleo y fertilizantes, provenientes de Rusia. Colombia y Ecuador lograron posesionarse en el mercado ruso de las flores, además del café y banano.

El tema de la transferencia tecnológica parece ser otro campo en desarrollo, en sectores como el energético, aviación y técnico-militar, en lo fundamental.

Al mismo tiempo, la región ofrece una serie de ventajas comparativas para el incremento de las inversiones rusas.

El embajador de Nicaragua, Juan Ernesto Vázquez, estimó a ese respecto que el contexto actual de sanciones de Occidente contra Rusia ofrece grandes oportunidades de inversión y posibilidades de ingreso ruso en otros mercados regionales latinoamericanos.

Con luces y sombras, la historia de reencuentros sigue su curso en una curva de ascenso hacia relaciones más sólidas, estratégicas y a largo plazo.

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