Rusia y EE UU intercambian acusaciones en reunión por los 70 años de la ONU

Rusia y Estados Unidos se cruzaron ayer duras acusaciones en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, reunido en una sesión especial con motivo del 70 aniversario de la organización.

Pese a que el objetivo del debate era reafirmar el compromiso de la comunidad internacional con los principios de la ONU, las tensiones que viven Rusia y EE.UU. a raíz de conflictos como los de Siria y Ucrania terminaron por dominar la cita.

El ministro ruso de Exteriores, Serguéi Lavrov, llamó la atención sobre las recurrentes violaciones de las bases establecidas en la Carta de las Naciones Unidas, entre ellas las que señalan la independencia y soberanía de los Estados y la no interferencia en los asuntos internos.

"Basta con recordar los bombardeos sobre Serbia, la ocupación de Irak bajo un falso pretexto (...) y la grosera manipulación del mandato del Consejo de Seguridad que ha llevado a la destrucción y el caos en Libia", dijo Lavrov.

Para el ministro ruso, que evitó referirse directamente a EE.UU., todos esos movimientos son "resultado de un intento de dominar los asuntos internacionales, de mandar sobre todos".

En el caso de los países que se resisten a ese dominio, aseguró Lavrov, se busca "alentar el desorden interior y el cambio de régimen", algo que a su juicio se hizo evidente con el "apoyo al golpe de Estado en Ucrania".

También criticó duramente la imposición de "sanciones unilaterales", sin luz verde de las Naciones Unidas, como las adoptadas por EE.UU. y la Unión Europea contra su país a raíz de la crisis ucraniana.

Lavrov denunció, en ese sentido, los intentos por convertir el Consejo de Seguridad de la ONU en un organismo que simplemente apruebe las directrices de un "líder" o que, directamente, se quede al margen de las decisiones.

En respuesta, la embajadora estadounidense ante las Naciones Unidas, Samantha Power, aseguró que si el Consejo de Seguridad no ha asumido sus responsabilidades en muchas ocasiones ha sido precisamente por los vetos, como los ejercidos por Rusia ante numerosas iniciativas para tratar de responder a la guerra en Siria.

Power se refirió también a la situación en Ucrania y acusó a Rusia de entrenar, armar y luchar junto a los separatistas, violando la soberanía y la integridad territorial del país vecino.

El embajador británico, Mark Lyall Grant, denunció la "anexión ilegal de Crimea y la desestabilización de Ucrania oriental" por parte rusa como ejemplo de las amenazas para la paz y la seguridad que persisten en el mundo.

La sesión, en la que participaron varios ministros, fue convocada por China, cuyo titular de Exteriores, Wang Yi, pidió el fin de la mentalidad de "confrontación" y una nueva era basada en la cooperación entre las naciones.

El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, se centró por su parte en la necesidad de mejorar el trabajo de la organización en defensa de los derechos humanos y, para ello, insistió en que la soberanía de los Estados no puede ser un freno a la hora de proteger a la población.

"La soberanía sigue siendo parte de los cimientos del orden internacional, pero en el mundo de hoy, cuanto menos se vea la soberanía como un muro o un escudo, mejores serán nuestras perspectivas de proteger a la gente", dijo Ban.

El diplomático coreano puso como ejemplo el caso de Siria y se preguntó si "unos esfuerzos más tempranos para responder a las violaciones de los derechos humanos y los problemas políticos (...) podrían haber evitado que la situación escalase de manera tan horrenda".

Además de reafirmar su apoyo a los principios de la Carta de la ONU, un buen número de países hablaron sobre la importancia de mejorar la eficacia de las Naciones Unidas y, en especial, del Consejo de Seguridad.

Así, se escucharon voces en favor de una reforma de ese órgano y de la limitación del poder de veto que tienen los cinco miembros permanentes (Estados Unidos, el Reino Unido, Francia, China y Rusia).

Entre otros lo defendió España, cuyo secretario de Estado de Asuntos Exteriores, Ignacio Ybáñez, apoyó la iniciativa que busca que las potencias renuncien a ese privilegio en el caso de iniciativas relacionadas con casos de crímenes masivos.

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