La presidenta del Banco Central de Rusia califica las sanciones de reto para el país

Las sanciones de Occidente son un reto tanto para el país como para el Banco Central de Rusia, declaró la presidenta de la entidad, Elvira Nabiúlina.

Las sanciones de Occidente son un reto tanto para el país como para el Banco Central de Rusia, declaró la presidenta de la entidad, Elvira Nabiúlina.

«Las sanciones nos afectan negativamente, no tanto a nivel doméstico sino a través de nuestros balances de pagos, la presión sobre el tipo de cambio (el rublo) y los efectos inflacionarios», dijo Nabiúlina al canal de televisión Bloomberg TV.

La funcionaria añadió que las sanciones se reflejan en el sector financiero y particularmente desde el punto de vista del pago de la deuda externa, cuando las compañías carecen de alternativas para refinanciarse.

«Sin lugar a dudas es un reto tanto para el país como para el Banco Central -expresó Nabiúlina-, se trata de tareas complejas, considerando que nuestro balance de pagos está fuertemente vinculado a los precios del petróleo y la necesidad de pagar la deuda externa en condiciones de limitación de acceso a los mercados financieros externos."

El balance de pagos de Rusia ya se está adaptando a las nuevas condiciones, observó la presidenta del Banco Central de Rusia.

Niabúlina insistió en la importancia de diversificar la estructura de la economía, desarrollar el sistema financiero de tal modo que los negocios adquieran la posibilidad de financiar nuevos proyectos y encontrar recursos de inversores nacionales en vez de apelar solo a los préstamos extranjeros.

«Se trata de importantes tareas que tenemos que resolver», concluyó.

Las relaciones de Rusia y Occidente empeoraron a raíz de la crisis en Ucrania y, en particular, tras la adhesión de Crimea a Rusia en marzo pasado, que las capitales occidentales califican de «anexión ilegal».
EEUU y la UE aprobaron varios paquetes de sanciones contra Moscú que afectan tanto a particulares como a empresas y sectores enteros de la economía rusa.

En respuesta, Rusia embargó por un año algunas importaciones alimenticias de EEUU, la UE, Australia, Canadá y Noruega. 

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