Se cumplen 50 años de la defenestración de Jruschov como líder soviético

La defenestración de Nikita Jruschov (1894-1971) como líder de la Unión Soviética, un incruento golpe palaciego que pasó entonces desapercibido para los ciudadanos del Estado comunista, cumple 50 años.

Como se negó a dejar voluntariamente el cargo, Jruschov fue apartado de la dirección del partido gobernante el 14 de octubre de 1964 por el Comité Central, controlado entonces por Leonid Brezhnev, que acabaría dirigiendo la URSS hasta su muerte en 1982.

Paradójicamente, Jruschov fue acusado por sus camaradas de culto a la personalidad, la misma acusación que él vertió en 1956 contra Stalin en el histórico XX Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS).

Los ciudadanos soviéticos no se enteraron de que algo había pasado en los pasillos del Kremlin hasta que el diario oficial "Pravda" publicó una foto con Brezhnev y el nuevo jefe del Consejo de Ministros, Alexéi Kosiguin.

Según la versión oficial, el jovial Jruschov, de 70 años, dejaba el cargo debido a "su avanzada edad y a su estado de salud".

Al contrario que el fundador del Estado soviético, Vladímir Ilich Uliánov "Lenin", y Iosif Stalin, Jruschov no murió en el cargo, pero tampoco corrió la misma suerte que otros altos cargos del partido, que fueron fusilados.

"Puede ser que lo más importante que haya hecho es que ellos (sus rivales políticos) pudieron relevarme con una simple votación", dijo en una ocasión.

Jruschov, que dirigió la URSS entre 1954, un año después de la muerte de Stalin, y 1964, no fue represaliado por sus "desviaciones ideológicas" y sus "errores de gestión", pero tampoco fue enterrado con todos los honores en los muros del Kremlin, sino en el cementerio de personajes ilustres de Novodevichie.

Según su hijo, Serguéi, los conspiradores liderados por Brezhnev se plantearon liquidar al máximo dirigente soviético envenenándolo o asesinándolo y haciéndolo parecer un accidente de tráfico, aunque los historiadores no han confirmado nunca esas acusaciones.

En el plano positivo, Jruschov es recordado por el "deshielo" en materia de libertades, las reformas económicas, el envío del primer hombre al espacio, el aumento del poder adquisitivo de la población y la coexistencia pacífica con Estados Unidos, el gran antagonista de la URSS durante la Guerra Fría.

En el plano negativo, Jruschov, que dirigió la defensa de Stalingrado contra el Ejército nazi durante la Segunda Guerra Mundial, estuvo a punto de conducir al planeta a la tercera guerra mundial durante la "crisis de los misiles" de Cuba, que enfrentó a la URSS con EEUU en 1961.

A su vez, Jruschov aprobó la creación del Pacto de Varsovia, un bloque político-militar antagonista de la OTAN que integraría a la URSS y los otros regímenes comunistas de Europa del Este y que aplastaría las revoluciones populares de Budapest en 1956 y de Praga en 1968.

Según los historiadores, las reformas de Jruschov, que pecaron de voluntarismo y no afectaron apenas a la estructura del sistema soviético, fueron congeladas por su sucesor, pero sirvieron de antesala a la "perestroika" lanzada por el último dirigente soviético, Mijaíl Gorbachov.

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