Rusia se muestra prudente ante las elecciones en Ucrania

Rusia, enfrentada a Occidente por su posición en la crisis ucraniana, aceptó a regañadientes las elecciones presidenciales convocadas para el próximo día 25 en Ucrania, aunque no ha aclarado si reconocerá al vencedor como su legítimo presidente.

El cambio de rumbo lo marcó el día 7 el presidente ruso, Vladímir Putin, cuando de forma inesperada declaró que los comicios presidenciales ucranianos, los primeros desde la llegada al poder de la antigua oposición europeísta el pasado febrero, son "un paso en la buena dirección".

Ese día, a menos de tres semanas de las elecciones, Putin también se desmarcó de las consultas separatistas organizadas en las rebeldes regiones prorrusas de Donetsk y Lugansk, y que arrojaron una aplastante mayoría a favor de la independencia de Ucrania.

El visto bueno del jefe del Kremlin a los comicios ucranianos sorprendió a los observadores, pues contradecía a su propio ministro de Exteriores, Serguéi Lavrov, quien un día antes aún denunciaba ante sus colegas europeos que se fuera a celebrar la jornada electoral en medio de la ofensiva militar de Kiev en las regiones del sureste prorruso.

Desde la caída del régimen de Víktor Yanukóvich en Kiev el 22 de febrero, después de tres meses de protestas populares y la muerte de un centenar de personas, Moscú nunca reconoció la legitimidad de un Gobierno al que califica de "junta", que considera el resultado de un golpe de Estado.

Tampoco reconocía por tanto la convocatoria de elecciones y exigía, en cambio, la celebración de un referéndum nacional para acordar un cambio constitucional que diera mayor poder a las regiones, con un sistema federalista.

Moscú no ha aludido hasta el momento al boicot a los comicios del domingo de los dirigentes prorrusos del sureste de Ucrania ni ha confirmado si reconocería una votación que incluso Kiev duda de poder garantizar en las regiones rebeldes, que cuentan con más de seis millones de habitantes.

El giro de Putin se produjo tras reunirse en Moscú con el jefe de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE), Didier Burkhalter, quien acordó con el presidente ruso una "hoja de ruta" para resolver la crisis ucraniana que Moscú ha hecho suya y defiende desde entonces.

Se trata de "crear las condiciones necesarias" para un diálogo entre el Gobierno de Kiev y los insurgentes prorrusos que dé a las regiones rebeldes una mayor autonomía, para lo cual Moscú exige el fin de la operación militar ucraniana y el desarme de todos los grupos armados.

Putin dejó claro que las elecciones del 25 de mayo no decidirán nada "si todos los ciudadanos de Ucrania no entienden cómo se garantizarán sus derechos después de su celebración", una clara alusión a la reforma constitucional que Rusia demanda.

"Entiendo a la gente en el sureste de Ucrania que se pregunta por qué en Kiev se les dejó hacer lo que hicieron -montar un golpe de Estado, armarse y asaltar los edificios administrativos, la Policía y las unidades militares-, por qué a Kiev se le permitió hacer todo, mientras que ellos no pueden defender sus intereses y sus derechos legítimos", comentó el líder ruso.

Como parte de la nueva estrategia y de la posición de prudencia asumida, Rusia expresó su respeto, pero se abstuvo de reconocer los resultados de los referendos independentistas celebrados el 11 de mayo en las regiones insurgentes prorrusas de Ucrania.

Además de insistir en su exigencia a Kiev de cesar una ofensiva que califica de "operación de castigo" contra los prorrusos, Putin ordenó esta semana la retirada a sus cuarteles habituales de las tropas rusas desplegadas junto a la frontera ucraniana.

Esas fuerzas, calculadas en 40.000 efectivos por la OTAN, realizaban, según Moscú, ejercicios militares en las regiones de Rostov, Bélgorod y Briansk, todas en la frontera con el país vecino.

Este martes, el Ministerio de Defensa ruso anunció que "los efectivos desmontan los campamentos de campaña, cargan los equipos y conforman las columnas de transportes militares y vehículos blindados".

Un claro paso del Kremlin para rebajar la tensión en vísperas de las elecciones en el país vecino, dado que Estados Unidos y la Unión Europea consideraban que esa presencia militar constituía una amenaza para Ucrania.