Con el acuerdo nuclear con Rusia, Hungría gira hacia el Este de Europa

Un reciente acuerdo entre Budapest y Moscú sobre la ampliación de una planta nuclear en Hungría levanta pasiones en el país centroeuropeo, donde algunos analistas advierten de que el Gobierno conservador nacionalista está por consolidar un giro geoestratégico hacia Rusia.

El pasado 14 de enero, el primer ministro húngaro, Viktor Orbán, firmó con el presidente ruso, Vladímir Putin, un acuerdo valorado en unos 12.500 millones de euros para construir dos nuevos reactores en la central nuclear de Paks, la única que existe en Hungría.

El director del instituto "Political Capital" de Budapest, Péter Krekó, aseguró en declaraciones a Efe que este contrato "forma parte de un cambio de la estrategia geopolítica y económica", aunque para ello se "necesitará mucho tiempo".

"El acuerdo pondría a Hungría en una fuerte dependencia energética de Moscú durante décadas, lo que también tiene un precio político, más aún en el caso de Rusia", agregó el analista.

Desde su llegada al poder en 2010, Orbán ha destacado la importancia de una "apertura hacia el Este", diciendo que a pesar de que Hungría "navega en un barco occidental" como miembro de la Unión Europea (UE), "en la economía mundial sopla el viento oriental".

El Gobierno húngaro, duramente criticado por algunos socios de la UE y por la Comisión Europea por adoptar algunas leyes que supuestamente coartan la democracia, asegura que Occidente está en crisis y que el manejo comunitario de la misma es errónea.

"Ésta es la base de la 'heterodoxia' económica de Hungría, es decir, el rechazo a las soluciones occidentales", recordó Krekó.

El analista reconoció que la firma del contrato nuclear es la decisión geopolítica más importante del Gobierno actual, aunque contiene riesgos.

"Lleva al país en una dirección errónea", opinó Krekó, al destacar una ruptura del consenso existente desde la caída del comunismo en 1989, de que Hungría se orienta hacia Occidente.

Orbán, por su parte, aseguró tras la firma del tratado con Moscú que la situación de Hungría no cambia y que el acuerdo "no afecta la independencia del país".

"Sin la planta de Paks no hay economía húngara", advirtió el primer ministro, agregando que la energía nuclear es una de las bases de la competitividad de Hungría.

El Parlamento húngaro aprobó en 2009, durante el Gobierno socialista anterior, la ampliación de Paks, cuyos nuevos reactores no estarán operativos antes del año 2024.

Pero los economistas István Zsoldos y Péter Simon Vargha aseguran en un reciente artículo publicado en un diario económico local que Hungría en realidad no necesita una nueva planta nuclear.

Es que los dos nuevos bloques son "extremadamente caros" y de hecho podrían aumentar el precio mayorista de la electricidad hasta el doble del precio actual, aseguran.

Orbán no solo quiere ampliar Paks con ayuda de Rusia, también espera gas natural más barato de ese país, ya que al menos un 80 % del gas consumido en Hungría llega de territorio ruso.

En diciembre pasado, el Gobierno magiar y el gigante ruso del gas "Gazprom" firmaron un acuerdo para poner en marcha el tramo húngaro del gasoducto ruso "South Stream".

Mientras, la oposición critica no solo el giro estratégico hacia Rusia, un país que en 1956 envío el Ejército Rojo a Hungría para aplastar con brutalidad la revolución antiestalinista.

También ha puesto el grito en el cielo ya que nadie conoce por ahora las condiciones del acuerdo firmado en Moscú, que contiene un préstamo de unos 10.000 millones de euros para poder financiar la construcción de los reactores.

Por eso, el partido liberal del ex primer ministro Gordon Bajnai (2009-2010) ha criticado a Orbán por haber firmado un contrato que "endeuda al país durante décadas".

Y el también ex jefe de Gobierno Ferenc Gyurcsány (2004-2009) ha prometido que en caso de un cambio de gobierno tras las elecciones parlamentarias del próximo 6 de abril, se revisaría este acuerdo, que encima fue firmado sin licitación pública previa.