Ingushetia eleva multas para frenar raptos de chicas con fines matrimoniales

La república rusa de Ingushetia, en el Cáucaso, quiere acabar con la ancestral costumbre de raptar a las novias para casarse, y para ello se castigará con fuertes multas a los jóvenes que secuestren a una muchacha para llevarla ante el altar.

La república rusa de Ingushetia, en el Cáucaso, quiere acabar con la ancestral costumbre de raptar a las novias para casarse, y para ello se castigará con fuertes multas a los jóvenes que secuestren a una muchacha para llevarla ante el altar.

Los líderes espirituales, representantes de organizaciones sociales y de consejos de ancianos celebraron este fin de semana una conferencia dedicada especialmente al problema del robo de las novias y acordaron una serie de medidas que persiguen poner fin a esa extendida práctica.

Reunidos en Nazrán, la ciudad que fue la capital de la república hasta el 2000, los participantes en la reunión decidieron aumentar hasta 200.000 rublos (4.600 euros) la multa para los jóvenes que rapten a una chica con el objetivo de casarse con ella, con lo que multiplicaron por 20 la actual sanción pecuniaria.

También acordaron instaurar multas de 100.000 rublos (2.300 euros) para los cómplices de los novios y toda persona que participe de alguna manera en la ocultación de la chica y en las negociaciones con sus parientes.

En el cónclave, los dirigentes ingushes coincidieron en que el secuestro de muchachas con el fin de obligarlas a casarse es "inadmisible y contrario a los preceptos del Islam".

El mufti de Ingushetia, Isa-Jadzi Jamjoev, afirmó que la sociedad de esta república de apenas medio millón de habitantes debe centrarse en luchar contra ese negativo fenómeno.

En los últimos años, agregó, se ha facilitado mucho la tarea a los jóvenes deseosos de formar una familia, con medidas como rebajar el importe de la dote que, de acuerdo a las costumbres locales, se debe pagar a la familia de la novia.

El jefe espiritual musulmán también recalcó que los matrimonios contraídos después de raptos no duran mucho y en muchas ocasiones terminan de forma trágica y con conflictos entre las dos familias.

La conferencia contó con la participación del presidente de la república, Yunusbek Yévkurov, quien aseguró que las fuerzas de seguridad actuarán con todo rigor para conseguir que este fenómeno "pase a la historia".

El secuestro de muchachas para obligarlas a casarse es una práctica ancestral de los pueblos caucasianos de la Federación Rusa, aunque el presidente de la vecina república de Chechenia, Ramzán Kadírov, aseguró el mes pasado que esa tradición entre los chechenes ya está totalmente erradicada.

Los raptos tienen lugar contra la voluntad de la chica o con el consentimiento de ésta e incluso de sus padres, y según la tradición, la joven secuestrada es llevada a la casa del novio, donde después invitan a la otra familia para negociar.

En ocasiones, la muchacha raptada ya estaba comprometida con otro hombre, lo que no es obstáculo para llevar a cabo el secuestro.

Precisamente, en una conferencia anterior celebrada por los líderes espirituales y sociales de Ingushetia ya se había acordado multar con 300.000 rublos (6.900 euros) a los jóvenes que raptaran a una chica ya comprometida.

Los asuntos matrimoniales más de una vez han llevado a esta pequeña república norcaucasiana a las portadas de la prensa: en 1999, el entonces presidente ingush, Ruslán Aúshev, emitió un decretó por el que legalizó la poligamia.

Áushev, general mayor del Ejército ruso y galardonado con el título de Héroe de la Unión Soviética por su actuación en la guerra de Afganistán, argumentó su decreto con la necesidad de superar la situación demográfica adversa.

"En la república Ingush los ciudadanos varones pueden contraer hasta cuatro matrimonios con mujeres solteras", señalaba el decreto, que tuvo efímera vida, ya que fue anulado casi de inmediato por contravenir la legislación federal rusa.