La UE y Rusia toman rumbo de colisión en el espacio postsoviético

Rusia y la Unión Europea se encuentran en rumbo de colisión en el espacio postsoviético, donde los países se debaten entre la Unión Aduanera con Moscú y el Acuerdo de Libre Comercio con Bruselas.

Rusia y la Unión Europea se encuentran en rumbo de colisión en el espacio postsoviético, donde los países se debaten entre la Unión Aduanera con Moscú y el Acuerdo de Libre Comercio con Bruselas.

La UE ha reemplazado a la OTAN, que ha aplazado sine die el ingreso de nuevos miembros en la región, como antagonista de Rusia en la nueva partida por la influencia sobre las antiguas repúblicas soviéticas de Europa Oriental y el Cáucaso.

Si los Veintiocho quieren dejar atrás el apelativo de "gigante económico, enano político" deben ganar esta partida, de lo contrario perderán para siempre a Ucrania, Bielorrusia, Moldavia, Georgia, Armenia y Azerbaiyán.

La zanahoria comunitaria es la firma de Acuerdos de Asociación, que incluyen la creación de zonas de libre comercio, propuesta muy apetitosa para algunos países, pero también muy dolorosa, ya que exigirá grandes sacrificios.

La industria pesada ucraniana o el vino moldavo tendrán libre acceso a los mercados de los países miembros de la UE, pero así también ocurrirá con los competitivos productos europeos, lo que obligará a esas economías a modernizarse a marchas forzadas en unas transiciones que se perfilan arduas para una población ya descontenta.

Algunos expertos dudan de que las economías de esos países estén preparadas para hacer frente al diluvio de productos europeos, pero en el lado positivo figura el incremento de la inversión y la libre circulación de trabajadores, factor crucial para países como Moldavia, que dependen de las remesas de sus emigrantes.

Mientras, Rusia ofrece como alternativa su Unión Aduanera, a la que se han sumado ya Kazajistán y Bielorrusia, aunque su voluble presidente, Alexandr Lukashenko, aseguró esta semana que Minsk no se puede permitir ingresar si no se levantan los aranceles petroleros.

El presidente ruso, Vladímir Putin, mantiene que las economías de Rusia y Ucrania son complementarias, ya que así es como lo quisieron los dirigentes soviéticos, por lo que desvincular ambas economías sería un grave error.

Putin ha advertido que las grandes compañías metalúrgicas y de aeronáutica ucranianas tendrían su clientela en su vecino del norte, mientras que en el seno de la UE serán incapaces de soportar la competencia, al igual que ocurrirá con los productos agrícolas moldavos o georgianos.

Ambas partes ya han dejado claro a los seis países afectados que no se podrán compaginar ambos acuerdos, aunque Ucrania ha ignorado esas advertencias e insiste en que firmar un acuerdo con la UE no significa dar la espalda a Rusia.

Por si hubiera alguna duda, Putin advirtió recientemente que Rusia tomará medidas proteccionistas para salvaguardar su mercado de las exportaciones de los países que firmen Acuerdos de Libre Comercio con la UE.

La UE y Rusia intentarán ganar adeptos a su causa hasta el último momento, aunque la cumbre de la Asociación Oriental que se celebrará en Vilna en noviembre parece un Rubicón, tras el que será ya imposible dar marcha atrás.

Ucrania ha dejado bien claras sus intenciones al aprobar el proyecto de Acuerdo de Asociación con la UE que podría ser firmado ya en la capital lituana, aunque todo está a expensas de la solución del caso de la encarcelada ex primera ministra, Yulia Timoshenko.

Según Kiev, el 90 % de los productos ucranianos podrán acceder al mercado europeo durante el primer año de vigencia del acuerdo, mientras que los aranceles disminuirán del actual 7,6 % al 0,5 %.

El Gobierno prooccidental de Moldavia lleva varios años aplicando duras reformas con el fin de satisfacer las demandas de Bruselas, aunque la firma del acuerdo aún tendrá que esperar, lo mismo que ocurre con Georgia, mientras Azerbaiyán va más rezagada.

Por el momento, con la salvedad de Bielorrusia, el único país que se ha sumado a la UA es Armenia, cuyo presidente, Serge Sargsián, lo anunció a principios de septiembre en Moscú.

Aunque Sargsián dijo que la decisión había sido sopesada y responde a los intereses nacionales, algunos analistas creen que Ereván tomó esa decisión por temor a que Rusia opte por incrementar el suministro de armamento a la vecina Azerbaiyán, quien no ha renunciado a recuperar por la fuerza el enclave de Nagorno Karabaj.

Por si hubiera alguna duda de lo que está en juego, Rusia ha recurrido durante los últimos meses a toda clase de estratagemas para presionar a sus vecinos, como la prohibición del vino moldavo o la leche lituana.

Las autoridades sanitarias rusas hablan de amenazas para la salud del consumidor ruso, aunque pocos dudan de que la calidad del vino georgiano sólo mejoró y pudo regresar al mercado ruso cuando el partido del presidente Mijaíl Saakashvili, enemigo acérrimo de Moscú, perdió las elecciones parlamentarias.