Medvédev reta al Estado social de Putin con su nuevo modelo económico

El primer ministro ruso, Dmitri Medvédev, trató de superar ayer sin éxito la insignificancia por la que transita desde hace meses al presentar su visión del nuevo modelo económico para Rusia.

El primer ministro ruso, Dmitri Medvédev, trató de superar ayer sin éxito la insignificancia por la que transita desde hace meses al presentar su visión del nuevo modelo económico para Rusia.

En un amplio artículo publicado por el prestigioso diario económico "Védomosti", Medvédev abogó por reducir drásticamente el peso del Estado en la economía.

Y para señalar a los responsables del estancamiento económico del país, cargó contra jueces, policías y autoridades, e incluso contra políticas sociales y de empleo que se han venido aplicando en el Estado social postsoviético creado desde el comienzo del milenio por el actual presidente ruso, Vladímir Putin.

Al igual que la mayoría de los analistas internacionales, el primer ministro ruso aseveró que el Estado debe defender la propiedad privada y la competencia, y mejorar el clima empresarial en el país, clave para atraer inversiones tanto propias como extranjeras.

"Persiste el miedo irracional de los inversores de trabajar en la a veces imprevisible y difícil de entender Rusia. Y también una justificada desconfianza hacia las instituciones públicas. Y lo que es más triste, también hacia el sistema judicial y las fuerzas de seguridad", lamenta Medvédev.

Muchos "cargos públicos, jueces y agentes de policía (aunque no todos, por supuesto) siguen pensando que la propiedad pública (y por extensión las empresas estatales) goza de derechos especiales para su defensa. Incomparablemente mayores que los particulares", escribió.

Al mismo tiempo, propuso abandonar progresivamente la política orientada a "la conservación de la ocupación a cualquier precio", que deriva en una productividad baja del sector público.

El objetivo del Estado, según Medvédev, "es construir un sector público de menor tamaño, descentralizado, pero eficiente. Es intolerable una productividad varias veces inferior (en las empresas públicas) que en segmentos similares de la empresa privada", asevera.

Criticado como jefe de Gobierno por el estancamiento económico que vive Rusia, Medvédev no parece dispuesto cargar sólo con la responsabilidad por una economía "agotada, dependiente de la buena coyuntura" en los mercados de los recursos energéticos que exporta, y que ha pasado de crecer un 4,9 por ciento en el primer trimestre de 2012 a un raquítico 1,2 en el segundo trimestre de este año.

El tercer presidente de la democracia contemporánea rusa -honor que recibió de manos y por gracia de Vladímir Putin en 2008 y que devolvió sumisamente cuatro años más tarde-, alumbró un tiempo el camino de esperanza para las capas más progresistas del país, que vieron en él la oportunidad de dejar atrás el estilo autoritario del nuevo zar de Rusia.

Fue muchas veces la voz modernizadora de la elite gubernamental de Moscú y quiso ayer volver a serlo al criticar, aún de forma velada, uno de los pilares intocables del Estado de Putin: un modelo socioeconómico que a menudo renuncia a la eficiencia a cambio de dar trabajo a todo el mundo y mantener así la paz social (y los votos).

"El crecimiento de la producción se sostiene casi exclusivamente gracias a grandes proyectos de inversión participados por el Estado y sus empresas, el incremento de los ingresos de los trabajadores públicos, y la ampliación de los subsidios a la agricultura y otros sectores", lamentó en su artículo.

No obstante, su concepción de la nueva economía fue ignorada por la mayoría de los analistas y medios de comunicación rusos, quedándose en el elitista y especializado mundo de los lectores de "Védomosti", empresarios y altos ejecutivos casi todos.

Durante sus cuatro años en el Kremlin, sobre todo al final, Medvédev abrió la puerta a reformas democratizadoras pero nunca dejó de mostrar una debilidad propia de una figura de postín, frecuente diana de burlas y chistes, que jamás logró salir de la sombra de verdadero mandamás.

Una vez más, como demuestra la casi nula repercusión del artículo de Medvédev, sus ideas no avanzarán seguramente desde el ámbito de las buenas intenciones al menos hasta que así lo quiera el hombre al que sí respeta la elite política rusa.

Quienes mejor conocen las intrigas del Kremlin sostienen que los "hombres de Putin" -el entorno que le ha acompañado desde que llegó al poder (real) hace ya casi 14 años- no le tienen demasiada estima al primer ministro, algo que se percibe en el tono con el que se dirigen a éste incluso en público.

Sin ir más lejos y apenas unas horas después de que "Védomosti" llegara a los quioscos de prensa, Medvédev volvió a comprobar lo poco que le respetan algunos amigos del jefe.

Tras proponer en público al todopoderoso presidente de la estatal petrolera Rosneft, Igor Sechin, para que el consorcio recupere las acciones en manos de accionistas minoritarios, la respuesta que obtuvo del también ex viceprimer ministro durante el Gobierno de Putin (2008-2012) fue: "Cumpliremos con el encargo del Gobierno, pero lo haremos de forma voluntaria"