Los misiles S-300 rusos destinados a Irán se han desmontado y reciclado

Los misiles antiaéreos S-300 -cuyo suministro a Irán canceló Rusia en 2010 en aplicación de las sanciones de la ONU a ese país- han sido desmontados y reciclados, informó hoy el director general del consorcio estatal ruso que fabrica estos sistemas de defensa antiaérea.

Los misiles antiaéreos S-300 -cuyo suministro a Irán canceló Rusia en 2010 en aplicación de las sanciones de la ONU a ese país- han sido desmontados y reciclados, informó hoy el director general del consorcio estatal ruso que fabrica estos sistemas de defensa antiaérea.

"Los equipos destinados a Irán ya no existen. Los hemos desmontado completamente. Algunos elementos han sido reutilizados y otros destruidos", aseguró a los periodistas Vladislav Ménshikov, director general del consorcio Almaz-Antéi, en el salón aeroespacial internacional MAKS-2013 que se celebra en las afueras de Moscú.

El alto ejecutivo precisó que cada encargo recibido por el consorcio se realiza en función de las peticiones individualizadas de los clientes, y por tanto no puede ser reutilizado para su venta a otros compradores.

"En buena parte, los misiles han tenido que ser destruidos", recalcó Ménshikov.

Según el contrato firmado en 2007, Rusia debía haber suministrado a Irán al menos cinco baterías de sistemas móviles de defensa aérea S-300, destinados al transporte y lanzamiento de misiles para interceptar en al aire objetivos como helicópteros, aviones de combate, aviones de vigilancia y diferentes proyectiles y cohetes.

En junio de 2010, el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó una resolución que restringe el suministro de armas convencionales a Irán, entre ellos misiles y sistemas antimisiles, tanques, navíos, aviones y helicópteros de combate.

En octubre del mismo año, el entonces presidente ruso, Dmitri Medvédev, anuló el contrato para el suministro de los S-300 a Teherán.

Los S-300 son considerados mucho más potentes que los también sistemas antiaéreos Tor M-1, que Irán compró a Rusia por casi mil millones de dólares en 2005, contrato que Israel describió como una "puñalada en la espalda"