S&P mantiene la nota de Estonia en AA- con pronóstico estable

La agencia de calificación de riesgos Standard & Poor's (S&P) mantiene la nota de deuda estatal a largo plazo de Estonia en AA- con pronóstico estable, según el comunicado publicado hoy por la consultoría multi

La agencia de calificación de riesgos Standard & Poor's (S&P) mantiene la nota de deuda estatal a largo plazo de Estonia en AA- con pronóstico estable, según el comunicado publicado hoy por la consultoría multinacional.

La agencia explica que la nota se mantiene gracias a una situación política estable en el país báltico, la flexibilidad de su economía y un buen control del Estado sobre las finanzas públicas.

Al mismo tiempo, la calificación de Estonia no asciende debido a sus reducidos ingresos en comparación con otros países de la zona euro.

"Pronosticamos que los resultados de 2013 arrojarán un crecimiento real del PIB de Estonia del 2,2 por ciento después de registros medios (de crecimiento) del 5 por ciento durante el periodo 2010-2012", observan los analistas de S&P.

La agencia de calificación también subraya que en los tres ejercicios anteriores al actual, la antigua república soviética gozó de "un fuerte crecimiento de sus exportaciones y un incremento medio del 6,6 por ciento del consumo interno".

S&P advierte de que raramente prevé subir la nota del país báltico en los próximos dos años.

A largo plazo, Estonia deberá acercar sus ingresos a la media de la zona del euro para mejorar su calificación, reducir su dependencia de la financiación externa, y superar la alta volatilidad de la inflación y del desarrollo económico global.

Hace poco mas de dos años, el 1 de enero de 2011, Estonia se convirtió en la primera ex república soviética en ingresar en la zona de la moneda común europea, que pasa por uno de los momentos más difíciles desde su creación y agrupa ahora a dieciocho Estados tras la reciente incorporación de Croacia.

Entrar en la zona del euro le exigió numerosos y polémicos sacrificios al pequeño país a orillas del mar Báltico, cuyo Gobierno tuvo que reducir drásticamente el déficit público a costa de bajar el sueldo a los funcionarios y recortar otras muchas partidas de los presupuestos nacionales.

Al entrar en el euro, uno de cada cinco estonios sobrevivía con menos de 280 euros al mes después del descenso generalizado de los ingresos de la población registrado en 2009.