Gobierno ruso ordena cerrar la planta de celulosa a orillas del lago Baikal

El primer ministro ruso, Dmitri Medvédev, anunció hoy su decisión de cerrar la controvertida planta de celulosa situada a orillas del lago siberiano Baikal, que alberga la quinta parte de las reservas de agua dulce de la Tierra.

Medvédev calificó la planta de papel "Baikalski" como una de las páginas más oscuras de la industria nacional, en alusión a los residuos tóxicos vertidos durante casi medio siglo en el lago.

Al mismo tiempo, aseguró a representantes locales del partido del Kremlin, Rusia Unida, que su Gobierno no desea que el cierre únicamente alegre a los ecologistas, ya que los residentes en la zona se quedarán sin puesto de trabajo.

"Nuestra misión es dar carpetazo a este asunto de forma que nadie pierda y todos salgan ganando, tanto la naturaleza como las personas", dijo.

Por ello, adelantó que se destinarán más de 40.000 millones de rublos (en torno a los mil millones de euros) para el desarrollo de una zona económica especial de tipo turístico-recreativo en torno al Baikal, el lago más profundo de nuestro planeta.

Según ese programa, el dinero se destinará principalmente a la creación de empleo y a la regeneración de la zona contaminada por los residuos de la planta.

"Todas las decisiones al respecto ya han sido tomadas por el Ejecutivo", aseguró, y expresó su deseo de que en el desarrollo de esas medidas participe también la gente de Irkutsk.

Greenpeace, que había pedido reiteradamente a la UNESCO que declarara al lago bajo amenaza, saludó la noticia y descartó que el cierre de la planta pueda provocar una crisis social en la región, debido al gran potencial turístico del Baikal.

"Sobre el cierre se habla ya hace mucho tiempo, pero la planta sigue operando. Como mostró la auditoría, el problema no se solucionará con la modernización de las instalaciones o el inicio de una nueva producción", señaló Arkadi Ivanov, representante de Greenpeace en la capital rusa.

El ecologista resaltó que la planta no es rentable y que su tecnología y equipos son obsoletos, lo que la convierte en altamente contaminante, por lo que debe ser clausurada en un plazo de uno o dos años.

En 2010 el entonces primer ministro y ahora presidente ruso, Vladímir Putin, ordenó equipar la planta de celulosa con un ciclo cerrado de agua para evitar que contaminara el ecosistema de la zona.

La planta, cuyo 49 % de acciones pertenece al Estado, reanudó en 2010 la producción industrial de celulosa y el vertido de residuos en el Baikal, pese a la oposición de los ecologistas.

La planta, que producía anualmente 200.000 toneladas de celulosa y 12.000 de papel, había sido cerrada en octubre de 2008 por contaminar el lago.

Según Greenpeace, la fábrica carece de sistemas de purificación y ha arrojado directamente sus residuos al santuario ecológico del lago durante décadas con la connivencia de las autoridades locales.

La planta ha contaminado de forma irreversible una superficie de al menos 200 kilómetros cuadrados del lago con toneladas de dioxina, fenol y derivados del sulfuro, entre otras sustancias nocivas.

Con más de 25 millones de años y una profundidad máxima de casi dos mil metros, el Baikal alberga cerca de dos mil especies animales y supera con creces el volumen conjunto de agua de los cinco Grandes Lagos de Estados Unidos y Canadá.