El Kremlin alaba a Benedicto XVI por mejorar las relaciones con Rusia

"Desde el momento de la entronización del papa romano Benedicto XVI las relaciones entre Rusia y el Vaticano se desarrollaron de manera muy constructiva", afirmó Yuri Ushakov, asesor del presidente ruso, citado por las agencias locales.

El diplomático destacó que ese diálogo constructivo tuvo como fruto el establecimiento en diciembre de 2009 de relaciones diplomáticas plenas entre ambos Estados.

"Los dirigentes rusos aprecian la aportación personal de Benedicto XVI al diálogo entre religiones y civilizaciones, y a la activa propagación de los valores cristianos por el mundo", señaló.

Ushakov agregó: "Confiamos en el continuismo de esa política por parte del Vaticano".

La Iglesia Ortodoxa Rusa (IOR) y la Iglesia católica, que cuenta con unos 600.000 fieles en Rusia, han mejorado sus relaciones desde que Benedicto XVI fuera nombrado papa en 2005 y más aún desde que Kiril asumiera la jefatura del Patriarcado ruso en 2009.

Kiril es considerado un firme partidario del ecumenismo, al igual que el papa alemán, lo que ha alimentado las esperanzas de que ambas iglesias superen el cisma que las separa desde 1054.

No obstante, las discrepancias sobre las prácticas de proselitismo que, según Moscú, la Iglesia Católica ejerce en Rusia y su creciente presencia en otras zonas de tradicional influencia de la IOR impiden que el pontífice pueda efectuar una visita a este país.

Además, la propia IOR ha reconocido que un encuentro entre los líderes de ambas iglesias no será posible hasta que se solucione el contencioso por la existencia de la Iglesia Católica de rito oriental de Ucrania (uniata), que está supeditada a Roma desde su fundación en un Sínodo celebrado en Brest en 1595.

El anterior papa Juan Pablo II, gran impulsor del resurgimiento de la iglesia uniata tras la caída de la Unión Soviética, no pudo cumplir en vida su anhelo de fundar un Patriarcado católico en Ucrania, ante la oposición del Patriarcado ruso.

La Unión Soviética y la Santa Sede establecieron relaciones diplomáticas en marzo de 1990, un año antes de la desintegración de la URSS y poco después de la histórica visita al Vaticano del que fuera su ultimo dirigente, Mijaíl Gorbachov, el 1 de diciembre de 1989.

En enero de 1992 la Santa Sede reconoció a Rusia como sucesora jurídica de la URSS y estableció con ella relaciones, pero sólo a nivel de representaciones permanentes.

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