Mujeres rusas en el arte: de campesinas a zarinas

La representación de la belleza femenina ha sido una constante en el arte.

Hay numerosos cuadros dedicados a la belleza de la mujer rusa.

Para los artitas lo fundamental es mostrar admiración por la mujer rusa. Lo que menos importa es si era una emperatriz o una campesina.

Una mirada más detenida a los dibujos muestra los cambios que ha habido en la concepción de la belleza rusa a lo largo del siglo.

A lo largo de los siglos ha habido numerosas variaciones pero hay algo que se ha mantenido igual: la mujer rusa ha sido fuente de inspiración.

Hemos escogido cuadros de mujeres en un palacio, trabajando en el campo, bailando o descansando. Cada artista ha tratado de mostrar la viveza de la belleza a su manera. La inspiración se puede encontrar en cualquier lado.

El artista muestra a una mujer leyendo una carta a mitad del día. Su tranquilidad se refleja en la naturaleza circundante.

La joven y bella Tatiana Lubátovich provenía de una familia de artistas y llegó a ser una famosa cantante de ópera. El el cuadro tiene 21 años.

El pintor realista Pável Fedótov pintó a esta joven mujer superada por la tristeza tras la muerte de su marido.

Borís Kustodiev es famoso por sus cuadros llenos de color que muestras la alegría de vivir, la vivacidad, la vida provinciana y las grandes celebraciones. Este retrato es especial porque muestra la belleza y la humildad femenia al mismo tiempo.

Boris Kustodiev recreó tipos femeninos rusos en los cuadros “Mujer de mercante”, “Chica en el Volga” y “Belleza”, llenos de admirción y cierta ironía.

“Belleza”, Borís Kustodiev, 1915.

En 1915 el artistá completó su obra maestra “Belleza”. En este trabajo recrea una nueva realidad artística. La pintura es rica en texturas y captura al espectador gracias a la representación del cuerpo femenino.

La zarina María Fiodorovna, mujer de Alejandro III y madre del útimo zar, Nicolás II.

Filipp Maliavin, que comenzó como pintor de iconos es uno de los artistas más destacados de principios del siglo XX. Sus obras están llenas de combinaciones de colores vivos y brochazos. 

Zinaida Serebriakova iba a menudo al Teatro Mariinski con su hija y ambas pasaban a los camerinos. En una serie de fantásticos retratos y composiciones se refleja el creativo diálogo que mantuvo con las ballerinas a lo largo de tres años.

Entre 1914 y 1917 Serebriakova creó una serie de cuadros dedicados a la vida campesina y los grandes protagonistas fueron la mujer y la naturaleza. Las poses de estas mujeres denotan fuerza y conocimiento, al mismo tiempo.

Los ideales de belleza femenina cambian según la época. En los años 30 predominaba la madre trabajadora. Aunque también había otros arquetipos que quedaron grabados en la conciencia soviética: la estudiante universitaria de carreras técnicas, la campesina o la deportista. Dentro de estos parámetros el artista tenían un pequeño margen para la creatividad. 

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