“¿Atacar? Primero una pausa para el café”

archivo personal
Unos periodistas que pasaron un mes en Siria cuentan a RBTH cómo viven y luchan los sirios leales al presidente Bashar al Asad.

Piotr Vershinin y Leonid Kitrar, corresponsales de los canales de televisión rusos TV Tsentr y Ren TV, pasaron el mes de noviembre de 2015, segundo mes de la operación militar rusa, en Siria donde grabaron reportajes sobre el funcionamiento de la base aérea rusa de Jmeimim, la lucha del ejército ruso contra los terroristas y la vida de los civiles sirios en plena guerra.

Sobre la guerra

tropas rusas en siria

Leonid Kitrar: Durante el periodo que pasamos en Siria se libraba una guerra extraña en la que el enemigo no estaba muy claramente definido. En los cerros vecinos había gente con armamento que disparaba contra las tropas y los civiles. La ciudad sufría bombardeos de minas y misiles lanzados sin apuntar demasiado: allí donde caiga está bien. El ejército sirio respondía del mismo modo: disparaba desde donde podía y hacia donde podía.

Piotr Vershinin: Los sirios tienen una serenidad sorprendente. Pueden estar tomando un té tranquilamente y fumando de su pipa mientras a 100 metros de ellos explotan proyectiles y minas. Así funcionan las cosas allí. ¿Atacar? Bueno, primero hagamos una pausa para el café.

En una ocasión nos vimos en medio de un tiroteo: aquel día íbamos hacia el norte de la provincia de Latakia, cerca de la frontera con Turquía, a grabar un reportaje desde la aldea Dagmashlia, que acababa de ser liberada por las tropas. Los periodistas íbamos en tres furgonetas. La carretera hacia la ciudad pasaba entre dos montañas: una de ellas se encontraba bajo el control del ejército y en la otra había unos guerrilleros del Frente al Nusra. Por lo visto, vieron pasar al primer automóvil y abrieron fuego. Por suerte, no murió nadie.

Sobre la vida en Siria

guerra en siria

L.K.: Nosotros vivíamos en Latakia, la ciudad más cercana a la base aérea de Jmeimim, el mayor puerto de Siria. A 20 kilómetros de Latakia se llevaban a cabo operaciones militares, pero en la ciudad seguían funcionando los restaurantes, las tiendas y los hoteles, todo de forma civilizada y tranquila.

P.V.: Además, la ciudad sufría bombardeos periódicos. Una vez las bombas cayeron en la universidad. Aquel día pasábamos cerca. Los combatientes lanzaron dos misiles contra la ciudad. Uno de ellos explotó entre un grupo de estudiantes, fallecieron más de 20 personas.

L.K.: Había que andarse con cuidado. Según comentaban en la ciudad, los guerrilleros habían prometido recompensas por matar a periodistas rusos: ofrecían unos 20.000 rublos (3.035 dólares) por cabeza. Por eso era mejor no entrar en algunos barrios de la ciudad.

Sobre la opinión acerca de Rusia

tropas de rusia en siria

P.V.: Entre las generaciones de más edad hay muchos sirios que estudiaron en la URSS y hablan ruso. Algunos soldados se licenciaron en escuelas militares soviéticas. A menudo se encuentran familias mixtas: estudiantes sirios que durante la carrera conocieron a muchachas rusas, se enamoraron y volvieron a su país con ellas.

L.K.: En los barrios controlados por el gobierno la gente simpatiza mucho con Rusia. Incluso había cerveza rusa en las tiendas, no sé cómo llegó allí. Percibíamos esa simpatía cuando por las tardes salíamos con nuestros compañeros a tomar algo a las cafeterías de Latakia. Los ciudadanos enseguida veían que éramos rusos y siempre se acercaba alguien a preguntar algo o agradecernos nuestra ayuda. Una vez pedimos la cuenta y el camarero respondió que otros clientes, al saber que éramos rusos, habían pagado nuestra cena y no debíamos nada.

Sobre el estado de ánimo de los sirios

guerra en siria

P.V.: A unos les daba igual tener un gobierno u otro, mientras que otros criticaban al gobierno oficial. En una ocasión nuestro conductor comenzó a criticar duramente a la policía, asegurando que aceptaban sobornos y que Asad lo permitía. Y aun así, a pesar de sus críticas al gobierno, estaba en contra de la salida del presidente. Según él, si se expulsaba a Asad del gobierno en el país reinaría el caos y no habría nadie que se enfrentara contra el terrorismo. Pero en las elecciones no votaría a Asad. Había otros sirios que estaban completamente de acuerdo con el gobierno. En las ciudades “pacíficas” se organizaban manifestaciones en apoyo de Asad a las que acudía mucha gente.

L.K.: Cuando comenzó la revolución, muchos sirios tenían la esperanza de poder cambiar a mejor, de sacar al país de su estancamiento. Si las ciudades caían en manos de los sublevados, sus ciudadanos no ofrecían resistencia. Todo cambió cuando llegó el Estado Islámico. Siria es un país laico, y cuando el Estado Islámico comenzó a imponer la sharia en su versión tergiversada, la reacción fue el miedo y el rechazo. La gente es consciente de que en un territorio controlado por el ejército puedes contar con que vivirás un día más, pero si vives bajo el dominio de los guerrilleros pueden matarte en cualquier momento.

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