La investigación sobre la catástrofe aérea no descarta ninguna hipótesis

El primer ministro egipcio, Sherif Ismail (a la derecha) con los miembros del equipo de rescate junto a los restos del avión Airbus 321 siniestrado en Sinaí, cerca de la ciudad de El Arish.

El primer ministro egipcio, Sherif Ismail (a la derecha) con los miembros del equipo de rescate junto a los restos del avión Airbus 321 siniestrado en Sinaí, cerca de la ciudad de El Arish.

Reuters
Especialistas egipcios afirman que hubo una explosión en el motor del Airbus A321 de la compañía Kogalimavia, estrellado el pasado 31 de octubre en el Sinaí y donde fallecieron 224 personas. La investigación sigue abierta y por el momento siguen abiertas las diferentes hipótesis: un fallo técnico, un error humano o un atentado terrorista.

El 4 de noviembre el portal informativo egipcio Al-Masry Al-Youm informaba sobre una nueva versión del accidente del avión ruso Airbus A321 que tuvo lugar el 31 de octubre en la península del Sinaí.

Citando a “fuentes en el comité de investigación”, el portal informaba que el análisis de las cajas negras demuestra que hubo una explosión en el motor. Estas grabadoras a bordo no registraron ninguna llamada de emergencia de la tripulación a los controladores aéreos, aunque según datos egipcios, en ellas se registra “una potente explosión y, al mismo tiempo, la interrupción del funcionamiento de los motores, la ignición de una parte del fuselaje, la rotura en partes del avión todavía en el aire y la caída en picado de la aeronave”.

El equipo de investigación y la comisión técnica que se encuentran en el lugar de la catástrofe (formados por especialistas de Egipto, Rusia, Francia y Alemania como países fabricantes del avión, así como de Irlanda, donde la aeronave estaba registrada) por ahora no rechazan ninguna de las versiones propuestas.

Sigue considerándose la posibilidad de un atentado terrorista a bordo del avión, un error fatal en el pilotaje, así como un fallo técnico que provocara que el avión se destruyera en el aire. El hallazgo de piezas del avión en un amplio radio de territorio (8x4 km) demuestra la tesis de que el Airbus A321 se rompió en partes mientras volaba a gran altura.

El Reino Unido, que no participa directamente en la investigación de las causas del accidente, defiende la versión del atentado terrorista. “Mientras continúe la investigación no podemos asegurar la razón de la catástrofe del avión ruso. Pero a medida que van surgiendo nuevos datos, tememos que la causa del accidente haya podido ser un dispositivo explosivo”, reza un comunicado de la cancillería del primer ministro del país.

En este comunicado se añade que “debido a la aparición de nueva información, todos los vuelos procedentes de Sharm el-Sheij con destino a Gran Bretaña se han cancelado temporalmente para que los especialistas británicos puedan evaluar las condiciones de seguridad”. Según los expertos británicos, el gobierno del Reino Unido “nunca toma este tipo de medidas ni hace este tipo de declaraciones sin la debida justificación”.

Expertos rusos cercanos a la investigación de la catástrofe opinan que es pronto para sacar conclusiones anticipadas, y señalan que la versión de la explosión del motor no resulta demasiado convincente.

En opinión de estos expertos, el propio diseño del motor impide que una cantidad relativamente grande de mezcla explosiva pueda provocar una explosión capaz de destruir el fuselaje del avión. Si los datos de las grabadoras a bordo indican que realmente hubo problemas con el motor, es más probable que se trate de un fallo técnico.

Según los especialistas, en el caso de que se rompiera una turbina y de que sus aspas desprendieran, estas habrían salido volando a gran velocidad y podrían haber atravesado el ala y el fuselaje del avión como si fueran una sierra. En este caso, se habría producido una descompresión explosiva que habría provocado la destrucción total del avión.

Esta podría ser la causa de que las cajas negras no registraran ninguna llamada de emergencia de los pilotos a los servicios de control antes del accidente, ya que en caso de descompresión explosiva no habrían podido reaccionar a tiempo.

Por iniciativa de la comisión rusa, la búsqueda de piezas del avión continúa y la zona de rastreo se ha ampliado a 28 kilómetros cuadrados. Para establecer la causa exacta de la catástrofe, los expertos no solo deberán analizar las cajas negras en su totalidad, sino también reunir todas las piezas, reconstruirlas en el hangar y examinarlas detalladamente.

Mientras tanto, en San Petersburgo, se han comenzado a hacer llegar a los familiares los cuerpos de los pasajeros del Airbus A321. El proceso de reconocimiento de las víctimas de la catástrofe continúa después de tres días y hasta ahora se ha logrado establecer la identidad de 39 personas.

Artículo publicado originalmente en ruso en Kommersant.

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