Putin y Obama difieren en el papel que debe desempeñar la ONU

Dibujado por Alexéi Iorsh
La última vez que Vladímir Putin habló en la sede de la ONU — lo hizo en tres ocasiones — fue en 2005. La relación entre Rusia y Occidente está demasiado deteriorada. La incomprensión mutua (con respecto a los motivos, los objetivos y las actuaciones de unos y otros) está al límite.

Prácticamente todos los dirigentes que han hablaron antes que Putin (Barack Obama, Andrzej Duda, Xi Jinping) evocaron el recuerdo de la Segunda Guerra Mundial en sus discursos. Unos como homenaje al aniversario, otros a modo de enlace con una actualidad donde la prevención de las guerras, agresiones y demás tragedias humanas está de actualidad.

Entre otras cosas, esto se debe a la propia ineficacia de la ONU, que viene pidiendo una reforma desde hace tiempo, aunque de momento no se ha encontrado una opción mejor que la de la Conferencia de Yalta, a la que se refirió Putin. De acuerdo con el presidente ruso, el sistema de Yalta “se pagó con dos guerras mundiales” y “libró al mundo de grandes conmociones”.

En lo que concierne a la reforma de la ONU, se ha estado hablado últimamente de la posibilidad de anular el derecho a veto de los cinco miembros permanentes. Se trata de un momento muy oportuno, pues una serie de países están considerando privar a Rusia de su derecho a veto en el contexto de la crisis de Ucrania.

Recientemente, Francia propuso a las 'grandes potencias' la renuncia voluntaria al privilegio del veto en los casos que impliquen la muerte de un gran número de personas. Pero de momento poco más de una tercera parte de los miembros de la ONU apoya esta idea.

En cuanto a la frecuencia de uso de dicho derecho, la URSS se situó a la cabeza en los primeros diez años de existencia de la ONU (protagonizando la mitad de los casos), pero EE UU pasó a ocupar el primer puesto a partir de los años 70-80. Si nos abstraemos de la crisis de Ucrania y del objetivo de 'castigar' a Moscú, aún no sabemos qué efectos tendría la anulación del derecho a veto en el funcionamiento de la ONU. Después de todo, la propia amenaza del veto sirve de incentivo a las 'grandes potencias' para buscar el compromiso. Tal como ha señalado Putin a este respecto, “nadie contaba con alcanzar el voto unánime en la ONU… El espíritu de esta organización reside precisamente en la elaboración del compromiso”.

De manera inesperada, Putin ha dejado caer en su discurso un reproche a la URSS por su “intento de imponer los experimentos socialistas en otros países”, lo que tuvo unas consecuencias desastrosas.

Sin embargo, pronto ha quedado clara la razón de esta inusual tesis en boca del político que calificó el colapso de la URSS como “la mayor catástrofe geopolítica del siglo ХХ”. Y es que el presidente ruso ve hoy un análogo de esa presión en la “exportación de la revolución” y se podría decir que la aversión a las 'revoluciones de color' que tuvieron lugar en varias antiguas repúblicas soviéticas se ha convertido en una obsesión del Kremlin.

Pero lo cierto es que el derecho internacional actual —que incluye los tratados de la ONU— ha resultado ser ineficaz en los casos en que países enteros acaban en ruinas como consecuencia de una revolución respaldada desde fuera. Siria se encuentra al borde de una catástrofe similar. “Y me gustaría preguntarle a quienes han creado esta situación. ¿Sois conscientes de lo que habéis hecho?”

En contra de las expectativas, el presidente ruso ha preferido dejar las cuestiones más acuciantes de la controversia por la cuestión siria para el encuentro en privado con Obama.

En su lugar, en su discurso habló de la lucha contra el terrorismo. Putin propone crear una coalición antiterrorista “basada en los países musulmanes”, lo que se opone a la línea de actuación de EE UU en Siria (que apuesta por la llamada 'oposición moderada').

En realidad, a iniciativa de Rusia ya se ha creado un centro de coordinación para la lucha contra el Estado Islámico en el que participan la mayoría chií del gobierno de Irak, el gobierno chií de Irán, Rusia y el gobierno sirio.

Por otra parte, Putin solo se detuvo en la polémica de Ucrania para reiterar la postura oficial de Moscú, apelando al cumplimiento de los acuerdos de Minsk. Sin embargo, no sería Putin si no hubiera condenado una vez más la “mentalidad de bloques” (manifiesta en la ampliación de la OTAN), así como los intentos unilaterales de controlar el mundo.

A las declaraciones realizadas por Obama una hora antes sobre su intención de mantener las sanciones contra Rusia, Putin objetó que “las sanciones unilaterales al margen de la ONU persiguen objetivos políticos y sirven para eliminar a la competencia económica”.

“Probablemente, la intención es mostrarnos que las reglas del juego han sido reescritas por un círculo reducido de países. Un enfoque que se alimenta del completo desequilibrio económico mundial”, declaró el presidente ruso, quien también manifestó su intención de llevar esta tesis al G20, donde, a diferencia de lo ocurrido en el G8, nadie ha excluido a Rusia. Y es bastante probable que en ese encuentro Rusia cuente con el apoyo de China en este aspecto.

Putin ha puesto especial énfasis en los aspectos del contexto global: la no injerencia en los asuntos de los Estados soberanos, la superación de la “mentalidad de bloques” en aras de la integración económica, la lucha conjunta contra las amenazas comunes y, finalmente, la preeminencia de la “buena voluntad”, a la que ya se apelaba en los tratados fundacionales de la ONU.

Después de su discurso, Putin y Obama mantuvieron su primer encuentro oficial después de dos años, donde ambos dirigentes debían convencerse mutuamente de su 'buena voluntad' para con el otro. A juzgar por el discurso de Obama (quien insistió en la fuerza y en los desafíos) y el de Putin (quien, en general, usó un tono más conciliador), tuvieron una conversación difícil.

 

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