La rivalidad entre potencias obstaculiza la reforma de la ONU

Marten Grunditz, representante permanente de Suecia en la ONU durante la Asamblea General en 2014.

Marten Grunditz, representante permanente de Suecia en la ONU durante la Asamblea General en 2014.

AP
Del 15 al 22 de septiembre se celebrará la sesión conmemorativa de la Asamblea General de la ONU. No se descarta que se vuelva a plantear la reforma de esta institución global que se creó hace ya casi 70 años. Pero, con una nueva confrontación de fondo, los expertos dudan de que las superpotencias estén dispuestas a renunciar a sus privilegios.

El 70 aniversario de la fundación de la ONU, que se celebra este año, volverá a poner sobre la mesa la reforma de esta organización que se creó tras la Segunda Guerra Mundial. La cuestión principal sigue siendo la posibilidad de ampliar el Consejo de Seguridad de la ONU, que pasaría a integrar a varios líderes regionales: la India, Japón, Brasil y Alemania.

Moscú se muestra escéptico hacia este tipo de propuestas. “Por supuesto que el Consejo será más representativo si se amplía el número de sus miembros, pero es evidente que no será más efectivo –dijo el 1 de agosto Vitali Churkin, representante permanente de la Federación de Rusia ante la ONU, en declaraciones a la agencia TASS–. Si en ocasiones ya resulta complicado que 15 miembros se pongan de acuerdo, con 25 ó 27 será complicado incluso mantener un debate”.

Los expertos rusos consideran que la reforma de la ONU le conviene principalmente a Occidente. “La reforma responde también a los intereses de aquellos Estados que se aferran a la disciplina del bloque: EE UU y sus aliados. Los norteamericanos ya promovieron esta idea a mediados de la década de los 90 –dice Timoféi Bordachov, director del Centro de Estudios Globales Europeos e Internacionales de la Escuela Superior de Economía, al corresponsal de RBTH–. Con esta reforma se pretende zanjar el problema de base que suponen los vetos ruso y chino”.

Esta cuestión se acució durante los años 2000, cuando Rusia empezó a llevar a cabo una política exterior más activa y a oponerse a la diplomacia norteamericana en una serie de conflictos regionales. A Moscú no le conviene que el bloque de Occidente integre a nuevos agentes.

Quién merece un puesto en el Consejo de Seguridad

Hay quien sostiene que, por lo menos, la integración de ciertos países como miembros permanentes del Consejo de Seguridad no empeoraría la situación: Moscú y Pekín conservarían su derecho a veto.

Pero entonces surge un problema. “¿Por qué gozan de este derecho? Los derechos de los actuales miembros permanentes del Consejo de Seguridad emanan de su victoria en la guerra más cruenta de la historia de la humanidad. Los actuales candidatos potenciales no se cuentan entre los vencedores, incluso algunos fueron precisamente los vencidos”, dice Timoféi Bordachov.

Según él, si solo se admitiera a un único país candidato (por ejemplo, la India), teniendo en cuenta sus indicadores político-económicos podríamos preguntarnos por qué no integrar entonces a Brasil, Japón o Alemania.

La ONU vs el BRICS

Hay riesgo de que las grandes potencias que no consigan entrar en el elitista club de los miembros permanentes del Consejo de Seguridad exploren otras vías para apuntalar su poder, vías que podrían menoscabar las capacidades de la ONU. Pero los expertos opinan que un escenario de este tipo es poco probable.

“Los formatos paralelos evolucionan, como el BRICS. Es posible que en el futuro estos organismos presenten sus propias propuestas para reformar el Consejo de Seguridad, pero no menoscabarán la labor de la ONU ni crearán estructuras paralelas. El BRICS se rige estrictamente por la no confrontación, no se opone a Occidente y su intención es reforzar su posición valiéndose de su propio crecimiento económico”, dice Andréi Sushentsov, de la agencia de estudios “Política exterior”.

La efectividad, en tela de juicio

Actualmente la idea de aumentar el número de miembros permanentes del Consejo de Seguridad resulta irrelevante, entre otras cosas porque tampoco cumpliría su principal objetivo: aumentar la efectividad de la ONU.

“Los potenciales candidatos no tienen una amplia experiencia en la política internacional ni en la diplomacia. Estos países no podrán presentar al Consejo de Seguridad nuevas iniciativas que contribuyan a resolver los problemas del mundo actual”, aclara Andréi Sushentsov.

Algunos expertos ofrecen recetas alternativas para potenciar la efectividad de la ONU. “Para que la ONU recupere su estatus, su autoridad y sus capacidades, no hace falta reformarla, sino cumplir sus estatutos y aplicar los procedimientos de que dispone para tomar decisiones sobre las cuestiones más relevantes que afectan la seguridad internacional. Tan solo hay que ejecutar lo que ya existe actualmente”, dice Timoféi Bordachov.

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