“Un ejército solo puede disparar una vez contra su pueblo”

Las dificultades de la vida cotidiada en la República Popular de Donetsk. Fuente: AP

Las dificultades de la vida cotidiada en la República Popular de Donetsk. Fuente: AP

Un grupo de periodistas internacionales visita la autoproclamada República Popular de Donetsk, territorio marcado por la guerra y donde la población civil hace frente a las dificultades de la vida diaria.

“Hay un buen refrán que dice que un ejército solo puede disparar una vez contra su pueblo, después se disparará contra una pueblo que ya no es el suyo. El pueblo de aquí ya no tiene nada que ver con el ejército ucraniano ni con las autoridades ucranianas”, sentencia Alexander Kofman, ministro de Asuntos Exteriores de la autoproclamada República Popular de Donetsk, durante un encuentro con periodistas organizado en abril por Europa Objektiv

Kofman y sus amigos son algunas de las personas que están tras el levantamiento de abril del 2014 en el este de Ucrania contra las autoridades de Kiev, que llegaron al poder después del derrocamiento de Víktor Yanukóvich

“Sólo pedíamos que nos dieran la posibilidad de federalizarnos, que Ucrania fuera un estado federal y prometíamos que todo se haría de manera pacífica pero después de eso empezaron a matarnos y la cuestión del estado federal cayó por sí sola”, asegura este ministro que está incluido en las listas negras de los sancionados por Occidente.

Según datos de Naciones Unidas, más de 6.000 personas han muerto en el conflicto del este de Ucrania, que además ha provocado centenares de miles de desplazados y de refugiados.

Actualmente continúa en vigor el alto el fuego establecido en los Acuerdos de Minsk de febrero, pero las dos partes se acusan continuamente de violarlo y de atacar posiciones enemigas con artillería de gran calibre, mientras que los dos bandos aseguran haber retirado el armamento a la línea de separación de fuerzas.

En el terreno político, a pesar de los esfuerzos del Grupo de contacto de Minsk, el diálogo continúa encallado y las autoridades rebeldes condenan que Kiev no haya negociado conjuntamente con ellos el estatus de su territorio ni las fronteras y que no se planee la reforma constitucional tras la cual serían posibles unas elecciones.

En las calles de Donetsk mucha gente corrobora la idea de los líderes rebeldes de que no hay marcha atrás hacia Ucrania. “Es el gobierno de Kiev el que ha separado Donbass de Ucrania, cuando nos empezaron a bombardear porque hablamos en ruso”, resume una señora mayor que vende miel en una tienda a la entrada del mercado del centro de Donetsk. La opinión de esta vendedora está muy extendida en Donetsk donde muchos rusos con ciudadanía ucraniana se sintieron amenazados con las consignas nacionalistas que llegaban de Kiev.

Sin embargo, otros creen que la culpa de todo es que Vladímir Putin y Yanukóvich no llegarán a entenderse o que la poderosa mano de Washington está tras el gobierno de Kiev con el objetivo de desestabilizar a Rusia.

Cerca de la tienda de miel hay una parada con diferentes modelos de ropa militar y otra tienda donde se pueden encontrar todo tipo de souvenirs de Novoróssia, la entidad autoproclamada que agrupa las repúblicas secesionistas de Lugansk y de Donetsk, y escudos de las bandas armadas que conforman los diferentes destacamentos del ejército rebelde.

Dmitri, un joven que monta vigilancia cerca de la Casa de Gobierno de Donetsk lleva cosido un escudo de “Vezhlivie liudi” (“Gente educada”, un término que se empezó a utilizar durante la operación de adhesión de Crimea a Rusia). Dmitri, voluntario procedente de Rusia, explica que en Donbass hay personas de diferentes países “para defender a los indefensos”.

Otra organización que acoge voluntarios internacionales es Piatnashka (“de 15”, en honor a los primeros voluntarios de Rusia que se organizaron para acudir en ayuda del Donbass). Según su comandante, el abjazo Ajra Avidza, en el este de Ucrania “se lucha para defender el derecho de pensar en ruso, esta tierra ya se ha alejado completamente de Ucrania”.

Fuente: servicio de prensa

En la planta baja de la Casa de Gobierno, donde empezó la revuelta, el cartel soviético “La madre patria te llama” y un icono de la Virgen con Jesús custodian las fotografías “en memoria de los milicianos muertos por la independencia de la República Popular de Donetsk”.

Dificultades en la vida diaria

A las puertas del edificio un grupo de gente protesta porque no ha recibido la ayuda humanitaria que cree que les corresponde. Alexander Kolesnik, diputado del autoproclamado Parlamento de Novoróssia, explica que la ayuda humanitaria procede mayormente de Rusia, del oligarca Rinat Ajmetov – que está en Kiev pero tiene muchas industrias en Donbass y hace equilibrios entre los dos bandos del conflicto- y, una pequeña parte, de la Cruz Roja.

Koslenik lamenta que Kiev no haya permitido la entrada de convoyes de la Cruz Roja ni de ninguna otra organización internacional, y condena que Occidente trate a Rusia de agresora cuando en realidad es el único país que ayuda.

El gobierno central hace meses que dejó de pagar las pensiones y Kolesnik está convencido que la República Popular de Donetsk pronto podrá hacerlo con regularidad ya que se está organizando rápidamente un sistema de hacienda propia y se ha advertido a los empresarios de que en caso de no pagar los impuestos a Donetsk se les podrían expropiar los negocios.

Donetsk está decorado con grandes carteles que recuerdan la iconografía soviética de la Segunda Guerra Mundial con mensajes como “Alzaros en defensa de vuestra patria” o “Alistaros a las filas de las milicias populares” y a menudo hay controles militares con gente armada.

El ambiente enrarecido, pero de relativa tranquilidad del centro de Donetsk, se va haciendo cada vez más tenso en los barrios de la periferia que fueron bombardeados y donde la población no ha huido. De vez en cuando todavía pasan la noche en los refugios cuando se intensifican las explosiones que se oyen a lo lejos y que los milicianos atribuyen al ejército.

En el barrio Donetsk Severni (norte), cerca del aeropuerto, unas cuarenta personas que no han podido ir a ninguna parte y que durante varios meses se han encontrado en la línea de frente y en medio del fuego cruzado entre los dos bandos malviven en casas semiderruidas esperando que la situación se normalice.

Vladímir se queja de que “a pesar de la tregua, los tanques continúen abriendo fuego”. “No tenemos ningún tipo de ayuda humanitaria ni medios para arreglar los cristales, pero tampoco tiene ningún sentido mientras continúen las explosiones”, se lamenta una de sus vecinas. Como en otros barrios de Donetsk, aquí no tienen ni agua corriente, ni electricidad, ni calefacción.

Fuente: Sergey Karpov / TASS

La residencia de estudiantes de un instituto de educación superior de medicina de Donetsk es uno de los muchos centros que se han adaptado para poder acoger a desplazados que han tenido que huir de los bombardeos y de la ruinas de sus hogares.

“Tengo 72 años, he trabajado durante 44 años y desde que en agosto Ucrania dejó de pagarme la pensión, no tengo ni un céntimo, me bombardearon la casa y estoy sola”, se lamenta Claudia Gregorievna que vivía en el barrio Spartak, cerca del aeropuerto de Donetsk.

“Toda la vida trabajando en la industria metalúrgica en esta región tan trabajadora y en la vejez me he quedado sin nada porque me dicen que soy separatista. Pero si no sé ni qué significa esta palabra...”, se lamenta esta mujer que no sabe qué comerá al día siguiente ni dónde vivirá cuando la residencia de estudiantes deje de acogerles.

Elena Rízhikova, la emprendedora directora de esta institución educativa que forma a jóvenes de toda Ucrania, denuncia que “el responsable de este conflicto es el poder fascista de Kiev, que incluso está orgulloso de ser fascista, porque la gente: rusos, ucranianos, tártaros...siempre habíamos vivido en paz”.

Desde este lado del conflicto ésta es una de las opiniones más extendidas: se lucha contra el fascismo ucraniano que quiere eliminar todo aquello que recuerde a Rusia y a la Unión Soviética, como atestiguan los bombardeados monumentos soviéticos de homenaje a la victoria en la Segunda Guerra Mundial.

Kofman niega rotundamente que Moscú tenga algo que ver con la organización de la sublevación en el este de Ucrania y asegura que todos los rusos que están luchando son voluntarios y que la ayuda rusa es sólo humanitaria. Ve el futuro de su región como un país independiente que cuando haya recuperado el potencial económico de antes de la guerra podría unirse a Rusia.

Este político cree que el retorno a Ucrania solo sería posible “si se aplica un castigo penal contra todos los culpables de los acontecimientos actuales y si se desarman y liquidan todas las formaciones que han matado civiles en Donbass, pero esto es un sueño”.

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En Donbass reina la desolación. La actividad armada con sus víctimas y sus daños materiales no cambiará nada, se ha establecido un equilibrio de fuerzas.

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