Bajista rusa conquista los escenarios de Río de Janeiro

Hace tiempo que en las noches musicales de Río de Janeiro ha irrumpido con fuerza una joven mujer rubia, que toca el bajo eléctrico en varios grupos. Es fácil encontrarla en la emblemática sala de conciertos 'Circo Voador' o en el mítico salón de baile llamado Democráticos, en Lapa, tocando samba, MPB (Música Popular Brasileña), jazz o forró, el ritmo del Nordeste que arrasa en todo Brasil. “Lo que más me gusta es tocar. Qué tipo de música no es tan importante”, asegura Marfa Kourakina.

Es la única rusa que agita la escena musical de la Cidade Maravilhosa. Nacida en San Petersburgo hace 26 años, vive en Río de Janeiro desde hace tres.

En 2010, cuando visitó a un amigo de familia en Belén de Pará, en el norte del país. Allí paso seis meses que cambiaron su vida para siempre. Al final de su estadía en Belén, pasó diez días en Río de Janeiro, y se enamoró perdidamente de esta ciudad y de su son. “Tuve que seguir mi viaje hacia Rusia, ya tenía el billete de regreso, pero me quedó claro que quería volver. Durante un año y medio, trabajé para juntar el dinero y poder regresar a Río de Janeiro como estudiante”, narra esta bajista.

Una vez establecida en Brasil, se vio abocada a cambiar por completo su estilo. “A los brasileños les gusta el soul, pero lo que se escucha aquí es sobre todo la música local: samba jazz, forró, bossa nova, axé (la música popular de Bahía)... Yo intento aprender de todo”, asegura Marfa, que en último año ha tocado con muchos nombres reconocidos de la escena musical brasileña: desde la estrella del samba Arlindo Cruz, hasta el compositor Simoninha, el violinista Nikolas Krassik y la cantante Jesuton, entre muchos otros. Eso demuestra su grande versatilidad y su capacidad de adaptación a géneros muy diferentes.

“Cuando estoy en el escenario, todos dicen que mi groove es muy brasileño. Nadie imagina que soy rusa”, revela Marfa, que ha pasado horas escuchando a los bajistas brasileños e imitando su estilo hasta conseguir el suyo propio.

Reconoce que, como rusa, no ha sido fácil ser aceptada en la escena musical de Río de Janeiro. “De hecho, creo que es la primera vez que acontece”, señala Marfa. “Esto se debe a que yo no conocía mucho la música brasileña. No hay comparación con las personas de aquí, sobre todo los hijos de los músicos, que están acostumbrados a escuchar desde pequeños lo mejor de lo mejor. Yo llegué aquí con unas nociones básicas de bossa nova y con algo de Djavan en la cabeza. Fui aprendiendo poco a poco. Y debo decir que las personas han sido muy generosas a la hora de enseñarme. Los músicos de aquí son muy abiertos, quieren mostrar su cultura, de la que se sienten muy orgullosos. El aprendizaje ha sido muy agradable”, añade.

Hoy Marfa está totalmente entregada e integrada con la riqueza cultural de Brasil. “Rusia es muy famosa por la música clásica. Pero yo toco el bajo eléctrico, por lo tanto aquí tengo mucho material para aprender y experimentar. Además, en Brasil hay muchos bajistas reconocidos mundialmente. Desde el punto de vista musical, Brasil es un país muy respectado fuera”, asegura.

El año pasado, esta rusa participó en la grabación del disco y del videoclip de Taís Feijão, una cantante carioca emergente. Ella es la única extranjera del grupo. “Me gusta mucho su trabajo y espero poder hacer varios espectáculos con ella”, declara.

Sumergida en su nuevo universo musical, Marfa no vuelve a Rusia desde hace tres años. “Me encanta vivir en Río de Janeiro porque, además porque de la buena música, hace calor y se vive bien, con mucha alegría”, afirma.

Recientemente, ha recibido la visita de su madre y por fin, juntas, han visitado el Cristo Redentor. “Lógicamente extraño mi tierra y espero algún día volver a vivir allí, cerca de mi familia. Pero no sé si en Rusia podré tocar mucha música brasileña, allí no hay tanto interés. Eso sí, seguiré tocando el bajo, independientemente del ritmo”, agrega.

En plena proyección profesional, Marfa continúa enamorada de esta ciudad y de la forma de ser de los brasileños. “Son simples, naturales, espontáneos, y tienen un buen corazón. Todo el mundo siente esto cuando vienen aquí por la primera vez. Creo que el pueblo ruso también es así. Quizás por eso me gusta tanto Brasil”, concluye.

  

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