México y Rusia: rumbo a 125 años de relaciones diplomáticas

El contacto de mayor importancia que tuvo lugar entre el gobierno de la República y el zar ruso fue en Washington, entre Matías Romero y Eduard Stekl (imagen), altos representantes de los dos países.

El contacto de mayor importancia que tuvo lugar entre el gobierno de la República y el zar ruso fue en Washington, entre Matías Romero y Eduard Stekl (imagen), altos representantes de los dos países.

A lo largo del año, RBTH y la Embajada de México en la Federación de Rusia ofrecerán, por entregas, material sobre la historia de esta relación. Desde los primeros contactos entre ambas naciones, hasta el estado de la relación en nuestros días, se compartirán textos sobre los momentos, personajes e instrumentos jurídicos más significativos, que contribuyeron al desarrollo de los vínculos ruso-mexicanos en diferentes etapas históricas.

 

El contacto de mayor importancia que tuvo lugar entre el gobierno de la República y el zar ruso fue en Washington, entre Matías Romero y Eduard Stekl (en la imagen), altos representantes de los dos países. Fuente: wikipedia

Formalmente, las relaciones diplomáticas entre México y Rusia comenzaron en diciembre de 1890, al ser nombrado el primer representante ruso en tierra mexicana.

Sin embargo, el conocimiento mutuo y los contactos se remontan más de un siglo previo a esa formalización. Desde tiempos de Pedro el Grande (1682-1725) comenzaron en Rusia las noticias sobre América Latina, incluyendo lo que es ahora México.

Ya la primera expedición de Vitus Bering, navegante danés al servicio de la Corona rusa, en 1725 tenía por objetivo no sólo garantizar la seguridad de las fronteras occidentales del imperio, si no también extender la navegación rusa al Pacífico estableciendo contactos con la Nueva España.

Llama la atención que en 1770, Miguel Benavente, fraile en la Nueva España, escribía un trabajo bajo el título Reflexiones sobre los establecimientos que podían hacer los rusos en las Californias, en el que advertía que los rusos podrían establecerse en esas tierras y llamarlas la Nueva Rusia.

Preocupada por la integridad territorial de la Nueva España y por las incursiones rusas, España organizó expediciones para conocer establecimientos rusos en América. Así, en 1788 establecieron contacto con los rusos de Kodiak (en lo que ahora es Alaska), iniciando así la relación ruso-novohispana en América. 

México y Rusia, vecinos

Los contactos directos iniciaron en 1799, cuando rusos fundaron la Russian American Company (RAC) para establecer relaciones comerciales entre sus posesiones al Norte del continente y California. Unos años después, en 1812, en plena lucha por la independencia mexicana (1810-1821), RAC fundó el Fuerte Ross, en las costas de California, con el objetivo de abastecer de alimentos de esas tierras a los otros poblados rusos ubicados más al norte del continente.

Cabe mencionar que, durante la lucha de independencia mexicana, algunos decembristas, así como el reconocido filósofo y demócrata Nikolái Chernishevski, y la prensa progresista expresaron simpatía por la causa independentista y su apoyo al pueblo mexicano.

Una primera ronda de conversaciones para establecer relaciones diplomáticas formales tuvieron lugar en Londres a iniciativa de México en la década de 1820. Además de buscar desarrollar relaciones comerciales entre ambos países, México, como joven Estado, buscaba el reconocimiento de Rusia.

Rusia se abstuvo de reconocer a México, pero aceptó mantener contactos comerciales directos, sobre todo, en el interés del desarrollo de RAC, empresa que insistía en la necesidad y conveniencia de establecer relaciones diplomáticas con México.

El gobernador general de las colonias rusas en América, Ferdinand Wrangel, era partidario de establecer relaciones diplomáticas con México. Llegó al país en 1836 con la autorización de San Petersburgo (entonces capital rusa) para entablar conversaciones con el gobierno mexicano que tenían como objetivo intensificar los contactos comerciales.

El entonces canciller mexicano, Ortiz Monasterio, informó a Wrangel de que el gobierno mexicano estaba interesado en desarrollar mayores vínculos comerciales, pero que consideraba conveniente firmar un acuerdo intergubernamental en este sentido. Sin embargo, dicha firma no ocurrió.

A finales de los años 30 el Fuerte Ross dejó de ser rentable para RAC y se propuso su anulación, que confirmó el zar Nicolás I en 1842.  

La búsqueda de reconocimiento

Entre el retiro de los rusos de California y el Imperio de Maximiliano (1864-1867), el acercamiento entre México y Rusia fue escaso y se basó fundamentalmente en viajes de científicos e intelectuales atraídos por las lejanas tierras exóticas.

Sin embargo, en búsqueda de reconocimiento internacional de su Imperio, Maximiliano procedió a nombrar representantes diplomáticos en diferentes países. Para acercarse a Rusia, nombró en junio de 1864 a Francisco Serapio Mora como enviado extraordinario y ministro plenipotenciario en misión especial a Rusia, Suecia y Dinamarca.

A pesar de ello, la misión de Mora no tuvo resultados concretos y Rusia nunca nombró a nadie como enviado de su Imperio al de Maximiliano.

Por su parte, el gobierno del Presidente Benito Juárez hacía esfuerzos para obtener el  reconocimiento de la República Mexicana por parte de otros Estados. El contacto de mayor importancia que tuvo lugar entre el gobierno de la República y el zar ruso fue en Washington, entre Matías Romero y Eduard Stekl, altos representantes de los dos países.

Sin embargo, aunque el intercambio de cartas y reportes reflejan que la posición de Rusia simpatizaba con la República, no se logró un reconocimiento oficial y se incluyó en el grupo de naciones con las que México rompió relaciones diplomáticas en diciembre de 1867 por haber reconocido al Imperio de Maximiliano. 

La formalización de las relaciones

Ya a mediados de la década de 1880 se reinician las conversaciones entre ambos países con miras a establecer relaciones diplomáticas. Dichas conversaciones se dan a través de los representantes de ambos países en Bélgica, Andréi Blúdov y Ángel Núñez.

A raíz de estas conversaciones, la parte rusa decide enviar a México, como persona no oficial, pero con la tarea de conocer el país y sondear las condiciones para establecer relaciones diplomáticas, al barón Román Rozen, entonces cónsul ruso en Nueva York.

Cabe mencionar que un personaje primordial en estas conversaciones fue también Nikolái Chichagov, agregado militar ruso en Bélgica, quien encabezó a la parte rusa tras el fallecimiento de Blúdov y antes de la llegada de su sucesor, Urosov. Chichagov llevó a cabo una intensa labor por transmitir al gobierno ruso la importancia y conveniencia de establecer relaciones diplomáticas con México.

Lamentablemente, en julio de 1887, el Ministerio de Asuntos Exteriores informó que no podían establecerse relaciones diplomáticas “por falta de medios financieros”. Sin embargo, la instrucción era que se mantuvieran las conversaciones y contactos en espera de que la situación financiera fuera favorable para este fin.

Chichagov de inmediato condenó esta decisión, insistió en la importancia de establecer las relaciones con México y sugirió, incluso, que se eliminara algún cargo diplomático menor en Europa a cambio de proseguir con los planes hacia México.

Parecería que los esfuerzos de Chcihagov rindieron frutos, pues en diciembre de 1889 el entonces canciller ruso, Guirs, informó que el cónsul ruso en Nueva York, Rozen, visitaría efectivamente México. Durante su visita, Rozen se reunió con el canciller mexicano Ignacio Mariscal.

Como resultado, el 11 de diciembre de 1890 el mismo Román Rozen fue nombrado ministro consejero de Rusia en México, y en enero de 1891, el general Pedro Rincón Gallardo fue designado ministro consejero de México en Rusia.

Rumbo a sus respectivos encargos, los dos diplomáticos se reunieron en París en mayo de 1891.

Rozen presentó sus cartas credenciales al presidente mexicano Porfirio Díaz en agosto de 1891. En sus memorias apuntó: “He tenido el honor de entregar cartas credenciales a muchos monarcas y jefes de Estados, pero en ningún otro lugar ese acto ha sido acompañado con una ceremonia tan esmeradamente organizada y tan impresionante como en México”.

Por su parte, Rincón Gallardo fue recibido por el emperador Alejandro III en diciembre del mismo año, dando así reciprocidad en la formalización de las relaciones diplomáticas entre nuestros países.

Ambos nombramientos representan el primer paso formal en la relación diplomática entre México y Rusia, naciones con intereses comunes en búsqueda de beneficios mutuos. 

Rubén Beltrán Guerrero es Embajador de México en Rusia.

Fuentes:

-Cárdenas, Héctor. “Historia de las relacione entre México y Rusia”, Fondo de Cultura Económica, Secretaría de Relaciones Exteriores, México, 1993.

-Morozov, Valeryy (coord.) “Rusia & México, 120 años juntos”. Ministerio de Asuntos Exteriores de la Federación de Rusia, Embajada de la Federación de Rusia en México, 2010.

-Sizonenko, Alexander. “Primer centenario de las relaciones México-Rusia”, Agencia Novosti, 1990.

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