“No fue Rusia quien empezó a redefinir las fronteras”

Entrevista al politólogo estadounidense George Friedman. Fuente: Kommersant

Entrevista al politólogo estadounidense George Friedman. Fuente: Kommersant

El conocido politólogo estadounidense George Friedman, director de la agencia analítica Stratfor, ha visitado Moscú. En una entrevista en exclusiva para el periódico ruso Kommersant comenta qué objetivos persigue Estados Unidos en Ucrania y explica por qué estos objetivos son incompatibles con los intereses de Rusia.

Usted advierte sobre un proceso de fragmentación de Europa en sus análisis. ¿En qué ámbitos se manifiesta este proceso?

Durante la época de la guerra fría, las fronteras del interior de Europa se conservaron. Los líderes políticos eran conscientes de que si comenzaban a moverlas, aquello llevaría a una desestabilización. En cuanto finalizó la guerra fría, se comenzaron a redefinir las fronteras de Yugoslavia. Más tarde cambiaron las fronteras en el Cáucaso. Además, muy recientemente un 45% de los escoceses votaron por la independencia y tras ellos aspiran a la independencia también los catalanes.

En este contexto, no creo que la situación en Ucrania sea única de ningún modo. Crimea y Donbass se suman a las tendencias centrífugas que ya llevamos un tiempo observando en Europa. La crisis ucraniana está relacionada tanto con Rusia como con la crisis en Europa. 

Los políticos europeos aseguran que las acciones de Rusia respecto al conflicto ucraniano desestabilizan Europa.

Los europeos se enorgullecen mucho de que han logrado de algún modo deshacerse de las guerras y de que llevan ya más de medio siglo viviendo en paz, estabilidad y prosperidad. Pero antes de principios de los 90, Europa estaba ocupada por la URSS y por Estados Unidos. Más tarde llegó el problema de Yugoslavia y, tras él, el del Cáucaso. El continente europeo nunca ha vivido en una auténtica armonía. 

Pero los representantes de la administración de Estados Unidos, así como los gobiernos de los países miembros de la UE, alegan que su dura política respecto a Rusia se debe a que, tras anexionarse Crimea, ha “redefinido las fronteras” por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial.

Los estadounidenses saben que esto es una estupidez. El primer ejemplo de cambio de fronteras fue Yugoslavia. Y Kosovo no fue más que la culminación de este proceso. Y los EE UU estuvieron directamente implicado en estos acontecimientos. 

¿Cuál es el objetivo de EE UU en el conflicto ucraniano?

Durante los últimos 100 años los EE UU han llevado a cabo una política exterior bastante consecuente. Su principal objetivo es no dejar que ninguna potencia concentre demasiado poder en Europa. Primero procuró no permitir que Alemania dominara en Europa y más tarde pusieron trabas al refuerzo de la influencia de la URSS.

La esencia de esta política es la siguiente: apoyar durante el mayor tiempo posible el equilibrio de fuerzas en Europa ayudando a las partes más débiles, y si este desequilibrio resulta considerablemente alterado, intervenir en el último momento.

Así intervino EE UU en la Primera Guerra Mundial tras la abdicación de Nikolái II en 1917, para no dejar que Alemania se reforzara. Y en la Segunda Guerra Mundial abrió el segundo frente hasta casi el final de la guerra (en 1944), cuando quedó claro que los rusos lograrían derrotar a los alemanes.

Los EE UU consideraban que la alianza más peligrosa en potencia era la de Rusia y Alemania. Esta habría consistido en una alianza entre las tecnologías y el capital de Alemania y los recursos naturales y humanos de Rusia.

La fragmentación de Europa va acompañada del debilitamiento de la OTAN. Los países europeos tampoco tienen ejércitos demasiado fuertes. En el marco del debilitamiento de Europa, el poder de Rusia en comparación ha aumentado significativamente.

El imperativo estratégico de Rusia es contar con el mayor espacio posible de territorio en sus fronteras occidentales que actúe como parachoques. Por esta razón, Rusia siempre ha tratado de forma especial a Bielorrusia, Ucrania, la región del Báltico y otros países de Europa del Este. Estos territorios son muy relevantes para la seguridad nacional de Rusia.

A principios de este año, el gobierno de Ucrania era ligeramente prorruso, pero bastante vacilante. A Moscú esto le venía bien: Rusia no tiene el deseo de controlar por completo a Ucrania o de ocupar este país, basta con que no entre a formar parte de la OTAN ni de la UE. Las autoridades rusas no podían permitir que las fuerzas armadas occidentales llegaran a instalarse a cien kilómetros de Kursk o de Vorónezh.

EE UU, por su parte, estaba interesado en crear en Ucrania un gobierno favorable a occidente. Sabía que Rusia se encontraba en auge y se apresuró a no permitir que esta consolidara su posición en el espacio postsoviético. El éxito de las fuerzas prooccidentales en Ucrania le permitiría contener a Rusia.

Rusia sostiene que los acontecimientos de principios de año no fueron más que un golpe de Estado organizado por EE UU. Y, efectivamente, este ha sido el golpe de Estado menos encubierto de la historia, ya que EE UU apoyó abiertamente a los grupos que se levantaron en Ucrania, entre otras vías, por la vía económica. Y los servicios especiales rusos permitieron esta tendencia. No entendían lo que estaba sucediendo, y cuando tomaron conciencia, no ayudaron a tomar medidas para estabilizar la situación y, más tarde, evaluaron incorrectamente los estados de ánimo en el este de Ucrania. 

Es decir, ¿que la crisis en Ucrania es el resultado de la confrontación entre Rusia y EE UU?

Tenemos dos países. Uno quiere que Ucrania siga siendo un país neutral, y el otro quiere que Ucrania forme parte de la línea de contención de la expansión rusa. Ambos actúan según sus propios intereses nacionales.

Últimamente los estadounidenses han comenzado a preocuparse muy seriamente por el potencial de Rusia y sus intenciones. Rusia ha comenzado a adoptar la postura defensiva que mantuvo a partir del año 1992 para restablecer su ámbito de influencia. El fondo de la cuestión consiste en la incompatibilidad fundamental entre los intereses nacionales de estas dos grandes potencias.

¿Cómo cree que se desarrollarán en adelante los acontecimientos en Ucrania?

Rusia no cederá en la cuestión de Crimea, pero podría enfrentarse a serios problemas en la cuestión del suministro de medios a la península. Moscú no puede ceder tampoco en una serie de exigencias respecto a Ucrania. La presencia de militares occidentales es una auténtica pesadilla para Moscú, ya que restringe su capacidad de maniobra.

En el futuro, EE UU deberá tomar una decisión estratégica: o bien intervenir de forma más activa en los eventos de Ucrania, lo cual implica una gran cantidad de complicaciones, o bien buscar una nueva alianza (dentro o fuera de la OTAN) con la participación de Polonia, Rumanía, los países del Báltico y Turquía, por ejemplo. Esto sería algo que Rusia no podría aceptar: un “cordón sanitario”. Estados Unidos no pretende controlar Ucrania, lo que pretende es que Rusia no la controle.

De Kiev dependerán muchas cosas. El gobierno de Kiev es un punto débil de Ucrania. Si el país se divide, Rusia intentará aprovechar esta situación en su favor.

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Artículo publicado originalmente en ruso en Kommersant.