La falta de entendimiento condena las relaciones entre Rusia y la OTAN

Desde el comienzo de la crisis ucraniana las tensiones han ido en aumento y no se prevé una normalización a corto plazo. Fuente: servicio de prensa

Desde el comienzo de la crisis ucraniana las tensiones han ido en aumento y no se prevé una normalización a corto plazo. Fuente: servicio de prensa

RBTH ha entrevistado a varios expertos para comentar los resultados de la reunión entre ministro de Asuntos Exteriores de los países de la OTAN que se celebró el 2 de diciembre en Bruselas.

Andréi Sushentsov, socio gestor de la agencia analítica Política Exterior.

Rusia no debería responder de ningún modo a las recientes resoluciones de los ministros de Asuntos Exteriores de los países miembros de la OTAN. En primer lugar, las amenazas que se han lanzado (como el despliegue de fuerzas de reacción rápida), son de carácter ilusorio.

En segundo lugar, las fuerzas de Rusia son suficientes para hacer frente a las amenazas que por alguna razón puedan pasar del terreno de lo ilusorio al de la realidad. Además, una respuesta por parte de Rusia podría contribuir a una escalada de la tensión en esta situación, algo que ahora no beneficiaría a Moscú.

Los países de la OTAN, por su parte, intentan conseguir una escalada de la violencia con ciertos límites. Por un lado consideran necesario responder a Rusia por sus acciones durante la crisis ucraniana, aunque por otro lado no desean llegar a provocar un conflicto estratégico global a largo plazo.

Uno de los problemas clave en las relaciones entre Rusia y la OTAN consiste en la falta de entendimiento mutuo. La directiva de la Alianza intenta presionar a Moscú, ya que está convencida que con Rusia únicamente puede negociarse mediante la fuerza. Este es un error muy peligroso, ya que Rusia, que ve que esta presión se lleva a cabo en un momento en el que realmente está haciendo unos esfuerzos colosales para estabilizar la situación en Ucrania, también saca sus propias conclusiones al respecto.

Por esta razón, los líderes rusos por ahora rechazan decisiones que conlleven grandes compromisos y se comportan dentro de una lógica de conflicto. Para detener este círculo vicioso, la Alianza y Rusia deben intentar desarrollar unas normas de convivencia. 

Timoféi Bordachov, director del Centro de Investigaciones Europeas e Internacionales de la Escuela Superior de Economía

Cuando los participantes de la cumbre de Gales hablaron de un cambio cualitativo en sus relaciones con Rusia, se referían concretamente a la creación de una agrupación de reacción rápida, a la construcción de bases en las proximidades de las fronteras rusas y al apoyo de las fuerzas armadas ucranianas.

No obstante, la agrupación de reacción rápida no se utilizará más allá de las fronteras de los países de la OTAN. El motivo de su despliegue se debe a la necesidad de garantizar la seguridad de los países de Europa del Este que forman parte de la Alianza, como por ejemplo los países bálticos.

En lo que respecta a la asistencia financiera a Ucrania, los 4,5 millones de euros serán apenas dos tanques que arderán en Donbass durante el primer combate. Aunque existe una gran probabilidad de que Estados Unidos, Gran Bretaña y Alemania, los tres países más antirrusos de la OTAN,  destinen fondos para la modernización de las fuerzas armadas ucranianas.

Rusia responderá a esta nueva estrategia de la Alianza del Tratado del Atlántico Norte con un refuerzo de su capacidad defensiva, algo que ya se está llevando a cabo. De modo que no cabe esperar una normalización de las relaciones entre Rusia y la OTAN durante los próximos tres o cinco años.

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