Una mirada a Yaser Arafat desde Moscú

El líder palestino obtuvo el apoyo de la URSS, aunque después de 1991 su figura se hizo más polémica. Fuente: AFP/East News

El líder palestino obtuvo el apoyo de la URSS, aunque después de 1991 su figura se hizo más polémica. Fuente: AFP/East News

El 11 de noviembre del año 2004 Yaser Arafat (Abu-Ammar) murió en circunstancias misteriosas en París. Transcurridos diez años continúan las hipótesis sobre las causas de su muerte y la propia figura de Arafat sigue siendo muy polémica. En vida le llamaban tanto luchador por la libertad del pueblo palestino como terrorista. ¿Cómo fueron las relaciones de Abu-Ammar con la URSS y Rusia?

En la Unión Soviética conocían bien al líder palestino, que realizó su primera visita a Moscú en el año 1968. Entonces Arafat todavía no era reconocido por todos como el líder del pueblo palestino pero su autoridad en el mundo árabe iba creciendo rápidamente.

En Moscú, fue ni más ni menos que el líder egipcio Gamal Abdel Nasser, gran amigo de la Unión Soviética, quien presentó Arafat a Leonid Brézhnev, el entonces secretario general de la URSS. El palestino gustó a la cúpula dirigente y durante los años siguientes tuvo el apoyo del Kremlin.

Las razones de la amistad con el “querido tovarich Arafat” eran comprensibles: a la Unión Soviética le interesaba apoyar a políticos que estuvieran en contra del Israel proamericano y el propio Arafat necesitaba los recursos fuertes de una superpotencia para poder llevar a cabo el asunto de su vida, la lucha por la liberación de Palestina.

“Querido tovarish Arafat”

Según datos aportados por el periódico Versia en el 2004, la ayuda financiera que la Unión Soviética destinó a la causa palestina fue de entre 400 a 700 millones de dólares. En cuanto al apoyo político a Arafat, es difícil sobrestimar su significado.

En una conversación con Izvestia, el subdirector del Instituto de estudios orientales de la Academia de Ciencias de Rusia, Vladímir Isáyev, asegura que fue precisamente la Unión Soviética quien en el año 1982 no permitió a los israelíes que estaban atacando Beirut, donde en ese momento se encontraba la sede de la Organización para la Liberación Palestina (OLP), destruir por completo el movimiento de resistencia.

Sin embargo, las relaciones de Moscú con Arafat no fueron siempre serenas. El comentarista político Serguéi Strokan las analizó en un artículo para el periódico Sovershenno Sekretno donde apuntaba que probablemente fuera el mismo Abu-Ammar quien organizó el secuestro de soldados soviéticos en Beirut en el año 1985, en unos momentos en que los guerrilleros palestinos chantajearon al Kremlin exigiendo presionar a Siria, aliado soviético, que luchaba contra los palestinos en el Líbano.

Formalmente los secuestradores no tenían nada que ver con Arafat pero dos de sus guardias de seguridad participaron en la violencia que se ejerció contra uno de los rehenes. El líder de la OLP anunció que había rescatado a los rehenes de los terroristas pero más tarde los servicios secretos interceptaron una conversación de Arafat con su estado mayor en la que ordenaba “no liberar a los rehenes hasta que se recibiera el orden”. En resumen, los rehenes acabaron en manos de Hezbolá y, según Strokan, fue precisamente Arafat quién los entregó a los islamistas. Sin embargo, a nivel oficial no se oyó ninguna acusación.

¿Terrorista o pacificador?

La situación internacional cambió con la disolución de la Unión Soviética. El establecimiento de relaciones diplomáticas con Israel, en 1991, supuso que Rusia pasara del apoyo indiscutible a la OLP a una posición más contenida.

En gran parte fue precisamente el debilitamiento de la URSS y la interrupción de la ayuda financiera proveniente del campo socialista lo que empujó a Yaser Arafat a pasar de la lucha armada a las conversaciones de paz con Israel, después que durante mucho tiempo había exhortado a destruirlo.

Si en la prensa oficial soviética se escribía de forma entusiasta sobre Arafat y su lucha de forma, con el desmonoramiento del Estado el espectro de opiniones sobre el “palestino número uno” fue mucho más diverso.

Aparecieron los que odiaban a Arafat, que lo etiquetaban de terrorista. Al mismo tiempo, otros periodistas, por ejemplo, el comentarista de Rossiyskaya Gazeta, Alexander Sabov, destacan el importante papel de Abu Ummar en el cambio de táctica de la OLP en relación a Israel.

Según Sabov, fueron precisamente Arafat y sus partidarios los que convencieron a la OLP sobre la necesidad de negociaciones. Los acuerdos de Oslo, firmados por Arafat, no condujeron  a la paz pero el solo hecho de que el antes irreconciliable luchador contra el sionismo estrechara la mano del jefe del gobierno israelí tuvo una gran importancia.

El fracaso de Camp David

La cumbre de Camp David del año 2000 podría haber sido la cristalización de los esfuerzos pacificadores de Israel y Palestina. Sin embargo, no fue así y muchos responsabilizan del fracaso precisamente a Arafat.

Después de Camp David Abu-Ammar adquirió la reputación de político con pocas capacidades para negociar. Tras su muerte muchas publicaciones rusas escribieron que la aparición en escena de líderes más moderados (ellos Mahmud Abbas) “puede realmente sacar del callejón sin salida uno de los conflictos más arraigados del planeta”.

Sin embargo, esto no sucedió. No se ha creado un Estado palestino, el enfrentamiento entre la propia resistencia palestina  – Fatah y Hamas – se ha intensificado y los conflictos con Israel, que provoca la muerte de numerosos civiles, se suceden con una dramática regularidad.

Todo esto significa que el problema no estaba en la personalidad de Yaser Arafat a pesar de que ésta fuera contradictoria. El periodista internacional Farid Seiful-Mulyukov, que conocía al líder palestino personalmente, dijo: “Arafat es una figura política compleja. No se le puede pintar de un solo color, blanco o negro. En su política se reflejaba la tragedia de más de medio siglo del pueblo palestino”.

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