España 'echa un cable' en la construcción del mayor rompehielos del mundo

La compañía viguesa Fluidmecánica aporta
 su tecnología al remolque principal del que será
el mayor rompehielos nuclear del mundo.

Uno de los más conocidos rompehielos rusos, Yamal, atraviesa el Ártico. Fuente: ITAR-TASS

La web de la empresa de construcción naval Fluidmecánica, con sede en Vigo, está en castellano y en ruso, un hecho que se explica porque llevan más de 15 años trabajando con navieras rusas. Hacen remolcadores, hélices, grúas y equipos de amarre y fondeo, entre otras maquinarias. Ahora se hayan inmersos en un proyecto de enormes dimensiones: la construcción del cable y maquinaria que llevará el próximo rompehielos nuclear ruso, el Arctic, el mayor del mundo.

Los españoles deben entregar en septiembre de 2015 —“un tiempo récord”, señalan en la factoría— el conjunto de tambores y carretes donde se enrolla el cable de acero que se lanza a los barcos siniestrados; el propio cable, de un kilómetro de largo, 5,5 centímetros de diámetro y capaz de soportar hasta 500 toneladas, el doble de lo que podría tirar el barco, y el cerebro de esos tambores.

Porque, según lo acordado en mayo, cuando firmaron el contrato con la naviera Baltiysky Zavod Shipyard, encargada de la construcción del rompehielos, Fluimecánica también debe dotar la maquinaria para controlar desde el puente de mando los efectos de la fuerza de los bloques de hielo que se van rompiendo, la trayectoria del barco remolcado o la precisión de los movimientos de ambos buques.

El nuevo rompehielos es de propulsión nuclear
 y supera en tamaño a su predecesor.

La principales dificultades de este megaproyecto: el clima polar, que impone una elección de materiales muy estudiada y un concepto de diseño restrictivo en cuanto a la mecánica y electrónica, y las gigantescas dimensiones del buque, con 173 metros de eslora.

Fluidmecánica ganó el contrato tras pasar dos filtros, uno técnico y otro en el que las empresas que superan la primera fase hacen una oferta económica, cuya cuantía no quieren cuantificar desde Vigo.

“Se construye al 100% aquí [en España], tanto la parte técnica como el montaje. Las pruebas se hacen delante de un comité de especialistas rusos que viajan a Galicia y, según se van aprobando, pasan las fases. Cuando todo esté terminado se desmontará y se cargará en cuatro camiones rumbo a San Petersburgo”, explica Francisco Oliver, ingeniero naval de Fluidmecánica.

En ese momento, un equipo español se trasladará a Rusia para hacer las pruebas en el mar. Para simular el Ártico y el funcionamiento de la maquinaria a temperaturas inferiores a 40 grados bajo cero, así como la calidad y resistencia de los materiales, Fluidmecánica, en cuyos muelles el mar no está congelado, basa su tecnología en cálculos y ensayos partiendo de muestras y comprobando que funcionan como si estuvieran en el barco.

La empresa gallega indica que uno de sus fuertes es la posibilidad de manejar el cable de forma manual o automática desde el puente de mando. “Nuestro equipo cuenta con un sistema automático que maneja el cable manteniendo, sin necesidad de operador humano, la distancia entre los barcos. También controla de forma automática la fuerza ejercida en el cable”, dice Oliver.

Para el ingeniero, Rusia, país al que ya han suministrado más de 500 equipos (parte del equipamiento del restaurante flotante del Volga, buques de salvamento y maquinaria para puertos, entre otros), es un importante puntal para su empresa, que cuenta con doble certificación, rusa y española, del Registro del Mar.

Un gigante de 33.000 toneladas

Arctic, el nuevo rompehielos, es de propulsión nuclear y superará en tamaño a su predecesor, también ruso. El gigantesco buque podrá navegar tanto en el océano Ártico como en las aguas poco profundas de los ríos siberianos.

El barco, que se construye en San Petersburgo y tendrá 173 metros de eslora, 30 de manga y más de 33.000 toneladas de peso, deberá ser capaz de romper placas de hielo de hasta tres metros de espesor. Este inmenso rompehielos, cuya construcción costará 1.160 millones de dólares (unos 916 millones de euros), debe estar terminado en 2017 y tendrá la clase 9, la más alta de la escala, que significa que podrá romper el hielo en la zona del Ártico durante todo el año.

Este tipo de rompehielos civiles están diseñados para forzar el paso a través del hielo como guía para buques de carga y rescatar a los barcos que quedan atrapados.

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