Siberia se llena de refugiados ucranianos

Fuente: Tatiana Dmitrakova

Fuente: Tatiana Dmitrakova

A mediados de septiembre, en la región de Jabárovsk, situada en el extremo oriental de Rusia, se declaró el estado de emergencia. La causa es una guerra que se lleva a cabo a 8.000 kilómetros de allí. A estas regiones llegan trenes y aviones repletos de refugiados procedentes de las zonas de Ucrania afectadas por el conflicto.

Según la ONU, unas 730.000 personas han abandonado Ucrania este año para trasladarse a Rusia, debido a la guerra en el este del país. Un 87 % de estos emigrantes forzosos procede de las regiones de Lugansk y Donetsk. A principios de junio, el número de refugiados que llegaba de Ucrania oriental era de 2.600. El 1 de agosto ascendía a 102.600 personas.

El Servicio Federal de Inmigración ruso informa de que actualmente hay unos dos millones de ucranianos en Rusia, de los que 600.000 son del sureste del país. 36.000 de ellos viven en centros de acogida temporal.

En Rusia hay centros de acogida temporal para refugiados ucranianos en los siguientes lugares: Simferópol, Sebastopol, las regiones de Bélgorod, Briansk, Vorónezh, Kursk, Leningrado, Moscú y Rostov, además de en las ciudades de Moscú y San Petersburgo.

La familia Lunik (Víktor, Tatiana y sus hijos Serguéi y Aliona) vivía cerca de Vínnitsa, un lugar libre de combates. A finales de marzo, comenzaron a concentrarse las tropas del Ministerio del Interior de Ucrania, en las que servía el sargento mayor Serguéi Lunik, de 26 años, para ser enviadas a Lugansk con el objetivo de “mantener el orden”. Se les dijo que llevaran consigo sus armas de fuego. “Serás un bandido, hijo, un bandido armado”, se lamentó Lunik padre. Serguéi dimitió y en abril se marchó a casa de su abuela, en la región rusa de Primorie.

“Comenzaron a llamarnos por las noches: 'Vuestro hijo ha abandonado a Ucrania y vosotros, rusos, aquí no tenéis nada que hacer. Largaos”, cuenta Víktor. Llevándose consigo apenas una muda de recambio, la familia abandonó Vínnitsa. En el puesto fronterizo, un agente rompió los documentos de Lunik padre y le aconsejó de malos modos que mejor no se le ocurriera volver. Ellos tampoco se lo proponen: viven como pueden en la pequeña casa de la abuela y han entrado en el programa estatal de reasentamiento de desplazados. 

Una esperanza en el Extremo Oriente y el Extremo Norte

“La propaganda ucraniana asusta a la gente con que a los refugiados en Rusia les envían obligados a levantar la economía del Extremo Oriente, - sonríe Víktor Lunik. – Nosotros hemos venido por voluntad propia, no pedimos palacios ni dinero, dennos únicamente documentos y ya nos apañaremos”.

En la región de Jabárovsk, a más de 6.000 km al este de Moscú, la primera familia de refugiados ucranianos apareció el pasado mes de junio. Estaba compuesta por una abuela, su nieta y la madre, que dejaron todo en su país y llegaron a esta ciudad desconocida con un par de maletas. Poco después recibieron en la región al primer grupo organizado: diez familias de mineros de queLugansk,q fueron enviados a la aldea Chegdomyn. Los hombres encontraron trabajo inmediatamente en la mina de la empresa Urgalugol. Sus esposas también encontraron trabajo y sus hijos plazas en las guarderías y escuelas.

Se intenta dar empleo a todos y cada uno de los refugiados que llegan al Extremo Norte.

Al cabeza de la familia Pochatkin le ofrecieron trabajo en una de las mejores empresas extractoras de oro de la región Polevói.

“Hace tiempo trabajé en Bilíbino, en Chukotka, al norte, nos fuimos huyendo del frío a unas regiones más cálidas y no pensábamos que nos veríamos obligados a volver a Kolimá. ¡Agradezco a Magadán que nos haya acogido! Ahora nos hemos decidido: nos quedaremos. Para siempre. Toda la familia. Nuestros hijos y nuestros nietos”, comenta Valeri Pochatkin, procedente de la región de Donetsk. 

Todo el mundo ayuda

 

Fuente: Tatiana Dmitrakova

En el tren número 207 Adler-Blagoveschensk, que en tiempos mejores transportaba a alegres turistas, llegaron a la región de Amur los refugiados del sureste de Ucrania.

“Decidimos marcharnos cuando junto a nuestra casa bombardearon una guardería, - recuerda sollozando Anna, de Slaviansk. – Pasamos tres días en el refugio antiaéreo. Agradecemos a Rusia habernos acogido, nos habéis salvado la vida”.

Estos ucranianos desesperados no lo tuvieron nada fácil para llegar hasta el Extremo Oriente. Muchos de ellos se quedaron sin dinero por el camino.

“Cuando nuestra acompañante supo que no teníamos con qué comprar comida, se dirigió al revisor del tren, - comenta una anciana refugiada. – Al parecer, llegaron a algún tipo de acuerdo y comenzaron a darnos platos calientes en las estaciones. En Ucrania esto es algo impensable, pero aquí…”

La mujer se enjuga las lágrimas e inclina la cabeza.

Las autoridades de las regiones del Distrito Federal del Extremo Oriente también hacen lo posible, y en ocasiones lo imposible, para dar cobijo y trabajo a los ciudadanos procedentes de Ucrania.

En la región de Jabárovsk pagan 5.000 rublos (unos 100 dólares) por miembro de la familia durante los tres primeros días de su estancia y en Región Autónoma Hebrea  dan 3000 rublos (60 dólares) por persona si los refugiados llevan consigo un certificado de asilo temporal.

En Primorie dan hasta 5.000 rublos si las personas se encuentran en una situación extremadamente grave. El gobernador de la región de Sajalín, Alexander Joroshavin, ha ordenado entregar a todos los refugiados ucranianos que lleguen a la isla un único pago de 10.000 rublos (200 dólares). 

Vivienda por trabajo

“El único problema es la vivienda”, - reconoce Serguéi Kasímov, alcalde del pueblo Chegdomyn, al que se han mudado las familias de mineros.

“Temporalmente les hemos asignado apartamentos de protección oficial. Pero estos se encuentran en muy mal estado, algunos ni siquiera tienen puerta. Pero Urgalugol ha facilitado a sus nuevos trabajadores los muebles imprescindibles para vivir y está ayudando con las obras de reparación”.

En el Extremo Oriente existen 28 puntos de acogida temporal. Están bien equipados, pero ya no queda sitio libre. Por esta razón, para utilizar de forma legal los recursos materiales adicionales de la reserva de la región, en la región de Jabárovsk, en Kamchatka y en dos ciudades de la República de Sajá (Yakutsk y Nériungri), se ha declarado el estado de emergencia.

En esta región existe una gran demanda de personal cualificado y las empresas están dispuestas a ofrecer viviendas a sus empleados. El problema reside en el nivel y en el perfil de la cualificación de los refugiados ucranianos.

“En Aldán se ha preparado una residencia, pero allí esperan a expertos en la industria de la extracción de oro. En Chernyshevski hay muchos apartamentos vacíos, pero los directivos de las empresas necesitan especialistas”, subraya Alexander Vlásov, vicepresidente del gobierno de Yakutia

Nadezhda Jólod trabajó durante 36 años como conductora de tranvía en Mariúpol, pero ahora está dispuesta a trabajar en cualquier empresa.

“Soy consciente de que en Magadán no hay tranvías, pero estoy dispuesta a aprender cualquier otro oficio. Sé que aquí no estamos en guerra, pero todavía no se me ha pasado el miedo”, comenta.

La fábrica aeronáutica de Komsomolsk del Amur está dispuesta a contratar a cientos de trabajadores (maquinistas, remachadores, soldadores) y a pagarles el alojamiento. Pero el procedimiento para entrar en esta empresa es muy largo. Por lo general, los refugiados ucranianos no están dispuestos a pasar este largo proceso, necesitan dinero y vivienda inmediatamente.

En la región de Jabárovsk se ha aprobado un decreto que establece que los refugiados no deben pasar más de un mes en los puntos de acogida temporal.

Según el decreto del gobierno, antes de final de año el Extremo Oriente acogerá a unas 9.060 personas que han sido forzadas a abandonar Ucrania. En estos momentos en la región se encuentran unas 7.000 personas, y su afluencia no hace más que crecer.

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