“El veto ruso ha sido la gota que ha colmado el vaso”, afirman empresarios españoles

Desde la entrada en vigor a principios de agosto, el sector de la fruta del país se ha visto especialmente afectado. Fuente: Santi Iglesias

Desde la entrada en vigor a principios de agosto, el sector de la fruta del país se ha visto especialmente afectado. Fuente: Santi Iglesias

El bloqueo de Moscú a las exportaciones agropecuarias de la UE deja en evidencia la excesiva dependencia de Rusia del sector frutero español y las debilidades de un mercado afectado la sobreoferta y los bajos precios.

Sentado en su mesa de despacho prefabricada, Pere Roqué juega al solitario y fuma un cigarrillo tras otro mientras habla por teléfono con un compañero de trabajo. Tiene los ojos brillantes y su voz suena excitada.

Roqué es el presidente de la Asociación de Empresarios Agrarios de Lleida (AEALL), organización que representa a los agricultores y propietarios de fincas agrícolas de la provincia de Lleida, una de las primeras regiones españolas en verse afectadas por el  veto ruso a las exportaciones de productos agroalimentarios provenientes de la UE, en vigor desde el pasado 6 de agosto.

Producir un kilo de fruta de hueso cuesta entre 28 y 33 céntimos de euro, a lo que hay que añadir entre 20 y 25 céntimos por los costes de manipulación y embalaje. “Antes del veto ruso, la fruta se estaba vendiendo a 40 céntimos el kilo, ya eran precios de ruina”, dice Moraño. “Y llenando la frontera rusa de camiones de fruta españoles que quieren vender sí o sí lo único que se consigue es acabar de hundir un mercado”, concluye.

En los últimos veinte años, Lleida se ha convertido en uno de los mayores productores europeos de fruta de hueso – principalmente melocotón, nectarina y paraguayo-, aprovechando el auge del consumo de fruta en Rusia y otros países emergentes.

No obstante, a lo largo de las últimas semanas los empresarios del sector han vivido con angustia cómo sus camiones eran detenidos en la aduana rusa y regresaban a Lleida sin haber podido descargar la mercancía en su destino a raíz de un conflicto político que les queda a más de 4.000 kilómetros de distancia.

Según datos hechos públicos por la Generalitat -el gobierno catalán-, la suspensión de las exportaciones agropecuarias de la UE decretada por Rusia supondrá para el sector frutícola y el cárnico de Cataluña unas pérdidas directas de más de 110 millones de euros, si las sanciones se prolongan durante un año.

Según datos provisionales de 2013, Cataluña exporta directamente a Rusia casi 70 millones de euros de productos cárnicos y 40 millones, lo que supone unas pérdidas conjuntas de 110 millones. Las mismas fuentes indican que estas pérdidas no incluyen las exportaciones de fruta y carne que desde Cataluña van a otros países de la UE, principalmente Polonia, a través de los cuales, los productores catalanes también llegan a Rusia.

“La Comisión Europea ha ofrecido unas compensaciones económicas a los afectados por el veto ruso, pero son prácticamente simbólicas”, explica Roqué, encendiéndose otro cigarrillo, a pesar de que la normativa española prohíbe fumar en los recintos laborales.

El presidente de la AEALL cree que el problema real del sector de la fruta de hueso no está en el veto ruso, sino en la sobreoferta de producto y a los bajos precios: “Hace 15 ó 20 años aquí sólo se cultivaban manzanas y peras. Muchos agricultores se dieron cuenta de que la fruta de hueso es un nicho más atractivo que la de semilla, como manzanas y peras, porque crece más rápido y se podía exportar. Ha ocurrido algo similar al boom de la construcción”, comenta Roqué.

Actualmente, la provincia de Lleida produce alrededor de 375.000 toneladas anuales de fruta de hueso, el 20% del cual se exporta a Rusia. Por otra parte, ha coincidido que este año no se han producido heladas, granizadas ni otros efectos meteorológicos adversos, “y eso ha dado lugar a que la oferta de fruta del sur de España se haya solapado con la nuestra, a la que también hay que sumar la de Grecia, Francia, Italia… No hay mercado para todos, y tampoco podemos depender de Rusia”, explica Roqué.

Un ejemplo de empresa especializada en exportación de fruta de hueso es Intergolmés, creada en 2004. Ubicada a unos  a unos 30 kilómetros de la ciudad de Lleida, en el Pla d’Urgell, Intergolmés produce 10.000 toneladas de fruta anuales, el 70% de las cuales van destinadas al mercado ruso.

“El día 6 de agosto nosotros teníamos cinco camiones en ruta hacia Rusia. Y todo el sector de Lleida, alrededor de 300”, recuerda Pere Moraño, propietario de Intergolmés.

 El coste por camión a Rusia, según Moraño, oscila entre los 8.000 y los 12.000 euros, teniendo en cuenta los gastos de aduanas. A Intergolmés le espera un año complicado. Sin embargo, Moraño cree que el veto ruso ha sido solo la gota que ha colmado el vaso en un sector marcado por la falta de planificación entre las autoridades y los empresarios agrícolas.

“No puede ser que seamos tantos produciendo lo mismo. Tampoco es normal que tengamos en Lleida más de 200 cooperativas, tendrían que estar más unidas entre ellas para ganar poder de negociación. Es lo que ocurre en países como Italia”,  opina el empresario, que acecha la caída de los precios de la fruta de hueso a la sobreoferta y a la presión las grandes cadenas de distribución.

La “burbuja de la fruta”

Fuente: Santi Iglesias

En las oficinas de Intergolmés trabaja la rusa Anna Juokova, que se mudó a Lleida hace diez años para hacerse cargo del mercado ruso. “Sin ella estaría perdido”, dice Moraño, que admite haber cometido varios errores a la hora de exportar en Rusia. “Es un mercado complejo. Por ejemplo, pocos saben que la mayor parte del negocio de la fruta está controlado por azerbaiyanos”, dice. Actualmente, los principales clientes de Intergolmés en Rusia son grandes cadenas de distribución, “más serias a la hora de negociar y pagar”, según Moraño. 

Una de las principales preocupaciones del sector frutero catalán es qué pasará a lo largo del año cuando muchos de los empresarios que se habían endeudado para invertir por primera vez en el cultivo de la fruta de hueso y confiaban en exportar a Rusia,  “no puedan devolver el dinero al banco”, señala Roqué.

“Incluso hay empresarios del sector de la construcción que han comprado fincas y se han metido en el negocio de la agricultura”,  comenta el propietario de una manipuladora de fruta de Torres del Segre, un municipio rodeado de fruteros, en la frontera con Aragón.

En Torres del Segre hay cinco empresas familiares de recolección y manipulación de fruta, como Fidel Català y Frutas Font, que factura 6.000 toneladas de mercancía al año. El pueblo tiene un aire decadente, con sus casas de cemento sin terminar y los tractores que levantan el polvo a su paso. La mayoría de los habitantes son inmigrantes de origen africano o rumano. “Los españoles no quieren trabajar en el campo, tenemos suerte de los extranjeros”, comenta el empresario de Torres del Segre, que prefiere mantenerse en el anonimato. En su empresa el 95% de la plantilla son temporales extranjeros. Es viernes por la tarde y por la cinta manipuladora siguen pasando nectarinas, que una decena de trabajadoras se ocupan de seleccionar y meter en cajas. “Hay empresas que a pesar del veto continúan vendiendo fruta a Rusia a través de Bielorrusia o Moldavia. Es cuestión de retirar la etiqueta con la denominación de origen”, asegura el empresario.

En la entrada de la nave, sin embargo, un cartel indica que la campaña de recolección de fruta ya ha terminado y que no se admiten más currículums.  “Los productores de fruta de hueso han sido las primeras víctimas del veto ruso, “pero hay otros sectores que están por caer, como el de las naranjas y los kakis de Valencia”, alerta Moraño. “Los valencianos han invertido millones de euros en producción de caquis. ¿Y quién come caquis? Los rusos”, concluye.

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